El relato

Siempre que enviaba un relato corto a un concurso, mandaba el más andrajoso. No mandaba el que estuviese más cuidado en su formato ya que no quería ganar nada.

Una de las veces mandó un relato con faltas de ortografía, mal redactado, una historia sin sentido.

.- ¡Con esté seguro que me dan el último puesto! pensó nuestra intrépida escritora.

Espero a que el jurado diese su veredicto y su sorpresa le otorgaron el primer premio.

.- Madre mía. ¿Cómo serán los otros relatos si me otorgan a mí el premio?

Tenía que ir a recoger el premio y lo peor era que tenía que leer en público aquella locura que había escrito. No sabía si reír o llorar. -¡Qué vergüenza! pensó. Pero se armó de valor y fue. Allí la nombraron, se subió al escenario donde un famoso escritor le otorgaba el premio. Le dieron su escrito y cuando lo vio cambió su expresión de la cara. ¿Cómo era posible? Ese escrito era uno de sus favoritos, el que había guardado en el cajón de los cuentos olvidados. Estaba escrito con otro apodo, era el apodo que usaba su padre para llamarla. Al levantar la vista allí estaban sus padres, hermanos y amigos sonriéndome. Cuando terminó de leerlo hubo la mayor aclamación que nunca se hubiera imaginado.

Atenea
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