Despedida


Si ella hubiese sabido que no volverían a verse nunca más, se hubiese despedido con algo más que un frío adiós y dos rápidos besos. Aquel día se marchó con la pena de no atreverse a explicar lo que sentía, de no atreverse a confesar lo que él había significado para ella durante aquellos últimos siete meses. Pero, ¿cómo imaginar que ya no habría otra oportunidad? Y tampoco aquél era el mejor momento, delante de los demás. Él le había dicho: ‘Cuando tú vuelvas, nosotros seguiremos aquí’. Y ella lo creyó. Lo creyó porque era así. Pero lo que no sabía en ese momento era que la situación al cabo de ese tiempo cambiaría, no por ella, ni por él, sino por el entorno que los rodeaba y el entorno que los había juntado, el entorno que le llevó a su vida. Conocerle fue como recuperar un pedazo de sus raíces. Se sintió reconfortada porque en todos aquellos años desde que dejó su ciudad natal, no había encontrado a nadie en su misma situación y, de forma inconsciente, se sintió de inmediato unida a él.

Un frío ‘adiós’ y dos rápidos besos al bajarse de su coche. Él volvió a repetir: ‘Seguiré aquí’. Pero ni su afirmación ni la rotundidad de sus palabras sirvieron de alivio a la pena que en aquel instante le invadía. Durante el camino de regreso a su ciudad de residencia, durante aquellas últimas dos horas de viaje, era consciente de que, aun teniéndole todavía cerca, ya le echaba de menos.

El recuerdo de aquellas palabras le sirvió de consuelo en los siguientes meses, haciéndole más llevadera la larga y lejana espera. Incluso ya a su regreso pensaba y confiaba en que no tardaría en volver a verle. Los demás le daban igual, pero él no… Y sin embargo se equivocaba. Ella misma terminaría renunciando a él, aceptando conscientemente el dolor que aquello le iba a causar y la nostalgia con la que viviría el resto de su vida.

Aquel entorno que le había llevado hasta ella sería el culpable de su renuncia. Si quería alejarse de aquel mundo, de aquella gente, sabía que tenía que renunciar a él. Deseaba haber tenido más tiempo, más ocasiones, pero no las hubo. Y aquello fue el final, demasiado tarde para dar marcha atrás, para regresar a la noche en la que se despidieron.


Ana María Rubio
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2 comentarios:

  1. Con razòn el refràn de...no dejes para mañana...Los hubiera no existen. Mis felicitaciones por el EXCELENTE relato.


    Saludos cordiales

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