II Concurso de Microrelatos - Todo comenzó a mi regreso de París

El lunes comienza la votación, suerte a los participantes. Estos son los relatos participantes,de todos modos, como somos muy blandos, admitiremos los que lleguen antes de poner en marcha la encuesta.


María Soledad Durán Bravo

Todo empezó a mi regreso de París, y tan apática estaba, que mis amigas me convencieron para ir a clase de baile.

Hace un día de perros, y yo a clase de tango… puffffffffff, que coñazo, en qué hora me habrán apuntado a esto.

El sitio no puede ser más bonito, enclavado en la parte antigua, sumerge al final del callejón como el ave fénix, maravilloso espectáculo; Es de estilo barroco aunque se apunta un cierto gusto neoclásico. Tiene a simple vista dos alturas, la primera enmarcada de dobles columnas sobre plintos en la que se abre el vano; la segunda, igualmente marcada por columnas y por dos prismas rematados en bolas; en el centro una hornacina con una imagen de un santo, el cual y debido a su deterioro, no se sabe con certeza su nombre y sobre esta imagen hay un escudo real de los Santherestejz. Se cubre de frontón partido por un ventanal. La otra portada, del Oeste, da a otra calle y es de traza simple: un vano en arco de medio punto.

Allí estoy… nerviosa, pero dispuesta a embriagarme con sus movimientos, sus sonidos, sus pasiones...

Entré en ese inmenso salón, habría como diez parejas hechas, sólo falta un chaval, muy guapo por cierto, algo tímido. Enseguida pensé: ”ése me tocó”.

Tuvimos que esperar al profe, que había ido a poner el coche en el parking, o algo así escuché… mi corazón estaba a punto de estallar; De pronto, él entró en la sala, guauuuuuuu, alto, moreno, ojos negros como azabache, piel blanca , qué cuerpo, ése era nuestro profe, seguro que no íbamos a faltar ninguna de las chicas.

Mi pareja, el chico de antes solito, era muy tímido, acababa de salir del armario, como quien dice, y todo le daba repelús, cada contacto de nuestros cuerpos, él ponía medio metro de distancia; En el tango, es todo agarradito y apretados, qué horror no voy a aprender nada...

Llevo tres meses en la Academia, y mi compañero ha decidido dejarlo: ”menos mal” -pensé yo.

En vista de que estaba sola, el profe se ofreció a ser mi pareja, por lo que estábamos toda la clase, pegaditos a más no poder…

Una noche que habíamos quedado para practicar los pasos del día siguiente, hacía una noche de perros, llovía, tronaba, un airazo de narices, llegué empapada, mientras me cambiaba, sentí unos ojos observándome, la verdad que no le di ninguna importancia, por lo que salí dispuesta a bailar, con mi profe (el guaperas).

Sus manos me rodearon la cintura, sonaba un tango embriagador, en ese paso yo me agachaba y él me recogía del suelo muy sutilmente, entonces después de muchos ensayos, nuestras caras se vieron, soy muy vergonzosa por lo que yo había mirado toda la clase a sus pies, sus ojos se clavaron en los míos y en su interior algo se alegraba de verme de nuevo, me susurró mi nombre… ”María, María…..te deseo tanto”.

Pero eso, ya es otra historia…


Adelfa Martín

TISOC

Todo comenzó a mi regreso de París. Un viaje largamente planeado...

De hecho había estado en el Norte de Francia, pero como el recorrido ya estaba previsto, lo dejé de lado, en la “certeza” de que el próximo año, máximo dos, regresaría para realizar el verdaderamente soñado: Paris, Londres, Moscú. Y pasaron veinte… veinte años… ¡Por Dios que se dice fácil!

Desde que fuiste a recogerme al aeropuerto te noté extraño. Cálido, pero distante, como si las palabras pugnaran por salir sin desearlo totalmente, o tener los arrestos suficientes. Traté de desentenderme, dándote tiempo a que encontraras la forma de hacerlo, mientras te contaba los pormenores del ansiado y maravilloso viaje.

Al llegar te sentaste en el salón, e hice lo propio. Ya para entonces un nudo incomprensible atenazaba mi garganta e imperceptiblemente unas lágrimas rodaron por mis mejillas… Siempre lo había sabido, desde hacía muchos años aunque jamàs me di por aludida, pues me bastaba el respeto que nos mostrabas, pero esta vez supe…intuí, que no había vuelta de hoja… De pronto y con un profundo suspiro, armàndote de un valor que no te conocìa, dijiste… Perdona… pero he ordenado que durmieran a Tisoc, nuestro… tu gato… Realmente, verdaderamente… ya no lo soportaba.


Miguel Ángel de Rus

Todo comenzó a mi regreso de París. Cuando llegué a casa, la familia comenzó a abrir mis maletas; sacaron mis bolsitas de azucar de Fauchon, abrieron las latas de té al melocotón, se comieron el marron glacé. Mancharon los libros de segunda mano que había comprado en Saint Germain des Pres.

No tuve más remedio que matarlos.

No sé por qué me mira así.


Ana María Rubio Esteban

Todo comenzó a mi regreso de París, hace ya más de quince años. Aquellos tres mágicos días cambiaron mi vida para siempre y aún hoy busco explicación al fenómeno que allí tuvo lugar. París… mi ciudad soñada. Llegué a la capital francesa sin sospechar lo que ocurriría a mi vuelta. Aquel niño de rizos dorados y amplia y radiante sonrisa me cautivó para siempre. Y desde mi primer día en Madrid a mi vuelta del viaje he soñado cada noche con él, sin excepción. Mas no son sueños, sino encuentros en los que él sale a mi paso con los brazos extendidos, buscando el calor que yo puedo ofrecerle. Mi niño de apenas seis años, mi ángel. El por qué me impresionó tanto sigo sin comprenderlo, y la razón por la que soy incapaz de apartar mi vista de sus ojos cuando lo tengo delante se me escapa. Al mirarme me atraviesa y me surge el pensamiento de que no puede ser humano, sino divino. El huérfano que sin conocerme me tomó de la mano, pronunció mi nombre y me dijo ‘gracias’ es desde aquel día mi hijo. Volví a París a buscarlo y me lo traje, tras una larga espera. Le di un hogar siendo yo su madre, pero en mi interior siento que era y es mi alma gemela. A pesar de la distancia y del tiempo lo sigo notando cerca. Sé que se reencarnó para salvarme de mi soledad y para dar un nuevo sentido a la vida que me abandonaba poco a poco. Hace tres años que dejó este mundo terrenal, a sus recién cumplidos 18. Retornó a su hogar celestial, pero me consuela al visitarme cada noche. Y su aura me envuelve cuando recuerdo su sonrisa inalterable y el brillo eterno de sus ojos, pues él es mi ángel y yo su amante apasionada.
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Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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