Recuerdos











Me he quedado paralizada. No sé bien cómo ni por qué, pero estoy de pie en medio de la calle, bloqueada, quieta, sin mover un solo músculo de mi cuerpo y sin embargo, la velocidad a la que empieza a moverse mi mente casi marea.

No puedo dejar de mirar aquel viejo banco de madera, esos tableros deteriorados por el paso del tiempo, esas maderas que los años han ido destruyendo y cambiando su particular belleza. Sigue justo en el mismo sitio de siempre, en el lugar que un día elegimos como refugio en el que vivir.
No teníamos ni quince años, y aquel viejo banco era el centro de nuestro universo, nos juntábamos a soñar, a hablar y parecía que un día el mundo entero sería nuestro. Aquellos días, nuestros padres no eran más que esos adultos que nos impedían realizar nuestros sueños, y pasar allí el mayor tiempo era lo más parecido a no sentirte preso.

Ahora, si escuchas atentamente, y dejas tu mente en blanco, si eres capaz de dejar a un lado el ruido de los coches y rugir del viento, es posible que aún puedas escuchar las risas, las alegrías y las bromas de unos chiquillos que soñaban con llegar muy lejos.

Entonces era sencillo soltar un “te quiero”, o un “no vuelvas a hablarme”, y es que importaba poco, pues al día siguiente esas maderas seguirían estando allí y nosotros, volveríamos a empezar de nuevo. La amistad, parecía tan fuerte que todos creíamos que nada ni nadie podría terminar con ella, creímos que estar juntos para siempre sería lo más lógico, y que ni las peleas ni el paso de los años podrían con lo que aquel lugar había formado, con aquellos niños cuya única preocupación no pasaba nunca de qué moto sería más bonita o cuál correría más.

Hoy mi cuerpo se ha paralizado por un instante, y aunque no han sido más que unos segundo, no he podido evitar sentir qué éramos cuando estábamos allí, un grupo que un día creyó poder contra el mismo mundo.

Y es que aquel viejo banco sigue exactamente igual que antes, el mismo color, el mismo sitio, así que supongo que no es él quien ha cambiado. Y ahora… si alguna vez estuviste allí, busca por un instante en tus recuerdos… gasta un segundo de tu tiempo y dime… ¿recuerdas de qué hablo? ¿Recuerdas lo que ahora siento?

No sé si es normal que un viejo banco de madera despierte este sentimiento, si el sólo hecho de pasar por delante un día más, como tantos otros, hace que destapes la caja de tus truenos, pero… qué diablos, supongo que después de pasar allí tanto tiempo, pensar en media vida atrás, no es tan retorcido si a los veinticuatro te acompañan una vieja foto y un millón de recuerdos.

Podría recordar nombres y apellidos, momentos, días concretos, fechas señaladas con un boli rojo en el calendario, podría nombrar detalles, historias contadas por cientos de veces, pero creo que me quedaré con esos instante que el corazón eligió por mí. Creo que dando un paso atrás y mirando como quien ve una película frente al televisor, prefiero quedarme con miradas, con gestos, con caricias, con sonrisas que un día me hicieron sentir fuerte, con la sensación de no querer que nunca pasase el tiempo.


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Castillos en el Aire

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2 comentarios:

  1. ¡Qué bonitooooo! Y qué cierto... A veces lo más insignificante a los ojos de los demás puede guardar un gran tesoro para nosotros mismos.

    ¡Qué artistas que tiene Castillos en el Aire!

    Un besazo!

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