Acto II

Con pasos lentos y dubitativos, la pareja se fue acercando a la puerta. En la estrecha ranura que había aparecido entre la hoja y la pared, una franja negra e impenetrable les azoraba la voluntad. No podían imaginarse qué les esperaba al otro lado, pero aún así debían ir.

Fue a un par de pasos de alcanzar el picaporte cuando volvieron a escuchar el ladrido. Era grave y profundo, no tardaron en identificarlo como un perro grande y, posiblemente, peligroso. Pero el ladrido no se perdió, como su predecesor, en el inmaculado silencio que les rodeaba. Acto seguido se escuchó un extraño rozamiento contra el suelo, que no tardaron en identificar como las uñas del animal raspando el suelo. El perro corría a toda velocidad hacia ellos.

Silvia se lanzó contra la puerta, pero justo antes de que consiguiese cerrarla, el hocico del animal lo impidió. El hombre, unos pasos atrás, pudo ver las mandíbulas del can chasquear una y otra vez, mientras sus gruñidos encogían el poco valor que tenían en esos momentos.

—¡Ayúdame! ¡Vamos, haz algo! — Silvia luchaba por cerrar la puerta, pero la fuerza del perro era tan grande como su enorme cabezota, de pelaje negro y orejas roídas a mordiscos.

Pero el hombre estaba paralizado de miedo, mirando a su alrededor para buscar la forma de defenderse de aquel peligro. Pero no había nada. La habitación estaba completamente vacía, inmaculada, sin ningún objeto que rompiese aquel aspecto sobrio e inmaculado. Salvo, claro, la pintada de la pared. Con temor, la volvió a leer y un escalofrío le sacudió hasta la médula cuando contempló un nuevo significado para ella.

—¡Javier! ¡Despierta, joder! ¡Ayúdame!

El hombre, perplejo por haber sido bautizado en un santiamén, despertó de su letargo y corrió a socorrer a Silvia. Sin pensarlo dos veces, lanzó una patada a los hocicos del animal, hundiendo la puntera de su bota en las sensibles narices del animal.

Javier escuchó un quejido, y tras patalear para librarse de la puerta, el animal retrocedió y salió corriendo tan raudo como había llegado. Silvia cerró la puerta y apoyó su espalda contra ella, como si temiera que se pudiese abrir en cualquier momento. Jadeó, cansada, mientras miraba de soslayo a su compañero.

—Me has llamado Javier —espetó él.

—¿Eh?— aquello pilló por sorpresa a Silvia

—Que me has llamado Javier — la mirada inquisitiva del hombre apretó a Silvia contra las cuerdas.

—Ah, sí. No sé, fue por acto reflejo. La tensión y...

—Déjate de estupideces. Tú me conoces, y yo te conozco, aunque no te recuerde. Sólo con mirarte la cara ya sé que no es la primera vez que nos vemos.

Ella se quedó pensativa unos segundos, evitando la mirada desafiante de Javier.

—No sé de qué me hablas. Como te dije, me salió solo —evadiendo las respuestas que demandaba su compañero, se dio la vuelta y quedó mirando hacia la puerta— deberíamos irnos de aquí antes de que ese perro recobre la valentía.

Javier dudaba de que aquello fuese buena idea, pero no tenían más opciones. No podrían quedarse eternamente en aquella habitación, sin comida, sin agua. Sin saber nada.

La joven agarró el picaporte y, con extrema precaución, asomó las narices por la rendija. De nuevo, la oscuridad se presentó ante ella, pero tras descubrir que no parecía haber peligro, la abrió de par en par. La luz blanquecina de la habitación iluminó un largo pasillo, del cual no conseguían ver el final. Su habitación estaba en el extremo del corredor, y a ambos lados había multitud de puertas abiertas.

Silvia dio el primer paso para salir de la habitación, y casi por instinto, Javier quiso ponerse delante. Aquel estúpido sentimiento de proteger a la chica, de parecer valiente. Pero Javier no lo era. Ni para tirarse de cabeza a la piscina, ni para arriesgar unas décimas de más en sus experimentos del laboratorio. Lo suyo era pensar, pero en esta situación, sin variables que analizar ni supuestos que predecir, aquello no servía de nada. Había que actuar. Y Silvia ya se alejaba de la habitación.

Apretó el paso y la siguió de cerca, alcanzando ambos la primera pareja de puertas. Nada más asomarse a las estancias, los fluorescentes parpadearon y la luz se hizo en ambas habitaciones. Javier contempló ante sí una habitación idéntica a donde despertaron, sólo que no le pareció ver ninguna pintada.

—La misma habitación… —masculló entre dientes.

—No —interrumpió Silvia— la misma no.

Javier se dio la vuelta y, por encima del hombro de Silvia, escrutó el otro cuarto. Y aunque era similar a la que vio él, su contenido distaba mucho de parecerse.

Los restos despedazados de una persona yacían en el centro de aquella habitación, con sus extremidades y órganos desperdigados por el suelo, y manchas y salpicaduras de sangre mancillando el blanco impoluto de las paredes.



Autor del Acto.
Ángel Villán
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13 comentarios:

  1. Me encanta... estoy picado hasta la médula con la historia... Susana te toca a ti.

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  2. uissssssssssssss ¡¡¡cuanto misterio!!!
    Genial Angel...muy bueno.

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  3. Sacad vuestras calculadoras y empezad a acostumbraros a los números primos. Parece que esto empieza a coger forma de cubo...

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  4. Joerrr!!! acaba de dar un giro tan inesperado a lo que tenia pensado que hiba a pasar que no me sirve nada de lo que ya tengo escrito!!! ESPERO ESTAR A LA ALTURA!!!!!!!

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  5. AY, que misterio, y cuánta sangre, quién despedaza a los seres humanos? dónde están?, quién es Silvia? Se conocen los protagonistas, o es solo una suposición? Cúantas preguntas, madre mía, lo que puede desencadenar una historia, escrita por personas distintas. Me gusta, me gustaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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  6. Bien, me gusta, me gusta mucho... saludos

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  7. A mi me han "girado" argumentos también jeje...pero esa es la gracia.
    Lo único que echo en falta es más diálogo..

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  8. BUEEENOOO,yo pensaba que iba a ser solo misterio, pero veo que va dando un giro completo hacia el terror, espero que Susana suavice un poco este asunto...¡¡se pone bueno!!

    saludos a todos

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  9. La verdad es que Vicente tiene razón, Ángel tira mucho de narrador, pero eso no es malo de suyo, jeje. La voz de Pedro hace que a uno se le pongan los pelos de punta...

    En cuanto a la sangre y al tipo descuartizado... puede salir cualquier cosa de ahí.

    La cosa marcha... suerte Susana, seguro que lo haces genial.

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  10. Ayer escuché el acto I. La voz de Pedro queda de lujo, pero creo que deberíamos escribir, como dice Vicente, con más diálogo que narrador. 60 o 70% de diálogo. Al principio es normal que haya más narrador, pero podemos ir dejándolo en un segundo plano según avanzamos...
    Y a ver si nos alejamos del terror, que sino cuando me toque se me va a ocurrir descuartizar salvajemente a Javi... je,je,je

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  11. Yo por gusto lo alejaría bastante del terror... más "fantástico", jugando con el tiempo, la ciencia...pero bueno, es una opinión.
    Eso sí, como salga un vampiro o similar me planto! ;)

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  12. Tengo ya algo, pero me gustaria que me dierais opinion, y si tengo que quitar los colmillos del final (es broma Vicente)...

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  13. Susana, envíalo al correo y preparamos una entrada con lo que tengas en la que pongamos lo de que buscas opiniones... creo que es lo mejor, porque como tenemos dos semanas se puede remozar entre todos (si quieres tú claro está).

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