Microrrelatos Románticos

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Amor eterno

Orledys Cáqueza ha bebido una pócima que le ha dado la vida eterna. En un principio le pareció fabulosa la idea de vencer a la muerte, pero con el paso de los años, cuando vio a su marido partir, y a sus hijos, y a sus nietos, y a sus bisnietos, y a sus tataranietos, llegó al límite de la paciencia, porque aún cuando la pócima evitaba la parca, no sorteaba el envejecimiento. Después de doscientos diecinueve años, la piel de Orledys es un arrume de piel colgante manchada por doquier, un acumulado de grasa al que la gravedad tiene dominado. Perdió la vista y sus ojos son par de vidrios blancos. Después de tanto uso, sus huesos están destruidos y su capacidad de movimiento se desvaneció por completo. No come ni habla. Sólo duerme como esperando que la utopía de su muerte la encuentre descansando. A pesar de que Orledys es un desafío a la Naturaleza y parece un bulto pesado y pestilente, hoy un hombre la ha visto en el ancianato donde reside. Y se ha enamorado de ella.

Esteban Dublín


Entrega total

Así como algunos poemas de Neruda tienen una clara posición política y los cuentos de Cortázar un halo inconfundible de imaginación, las cartas de amor de Fulgencio Viatri también tienen un sello especial. Y no se trata de su extraña tipografía ni que escriba en desorden de arriba abajo y, menos aún, de su exceso de adjetivación. Antes de escribir una epístola, Viatri se abre cuidadosamente el pecho con las manos y gritando del dolor, en un rito que podría ser el espejo de la tortura, se saca el corazón, lo toma y lo posa al lado de una hoja en blanco. Enseguida toma su pluma y la empapa para escribirle a su musa con la sangre que funciona a la perfección como tinta.

Esteban Dublín


Omnipresencia

Carmelo Serrano posee el magnífico don de la ubicuidad. Y gracias a su habilidad ha podido desarrollar un sinnúmero de conquistas en espacios distintos y tiempos exactos. Con el paso del tiempo, a pesar de eso, Carmelo se ha enamorado de Jimena, una de sus tantas mujeres, y poco a poco ha ido deshaciéndose del resto. Pese a todo, él mismo se ha convertido en su principal enemigo, porque cuando, estando en un lugar, sabe que Jimena está con otro de sí mismo, unos celos enfermizos se apoderan de él sacándolo de sus cabales. Es entonces cuando el orgullo masculino se desborda y la lucha entre todos los Carmelo Serrano por el amor de Jimena deriva en una sangrienta guerra sin cuartel en la que no hay espacio para la tregua ni la compasión. Mañana se celebrarán catorce exequias simultáneas.

Esteban Dublín


Alzheimer

Por más que lo intento, no logro recordar qué es un hada. Aún así, mi hija me sigue mostrando los dibujos de su cuaderno. Este de aquí es un pegaso, me señala. Este otro es un fauno, me muestra entusiasmada. Yo pienso, algo se me viene a la cabeza, pero no logro evocar con claridad ninguno de sus dibujos. Con todo y eso, y a pesar de que no veo más que mamarrachos, le digo que sus ilustraciones son buenas y precisas. La niña toma sus crayolas y vuelve a pintar. Y yo me quedó ahí, devanándome los sesos tratando de recordar cómo era mi vida antes de despertar a su madre con un beso en aquel reino lejano.

Esteban Dublín


Ánima

Tu corazón quedó enraizado a mi mundo inerte, como el tiempo lo hace a la eternidad. Al verte, supe que te pertenecía y que mi mundo era tuyo. Llovió sangre y la noche cubrió las estrellas con su manto azabache.

A pesar de la distancia que ahora no separa, me llevas contigo, soy parte de tu propio ser. Puedes sentirme. Ellos separaron nuestros cuerpos, pero nuestras almas permanecen y permanecerán unidas como el hilo que une la vida y la muerte.

Tengo la certeza de que algún día volveré a tenerte entre mis brazos, y beberé el elixir que me da vida de tu cuello de porcelana. Necesito sentirlo en mis labios, tanto como a ti. Después nos dedicaremos a navegar entre sueños, como dos espectros errantes.

Mientras permanezco aquí encerrado y me envuelve un halo de locura; tu recuerdo doblega mi alma segundo a segundo, e imagino que tú llevas mi imagen contigo, como el susurro del gélido viento que te acompaña cada noche en tus paseos bajo la luna llena y se clava en tu piel.

Mientras tanto, esperaré tu regreso como si el mañana no existiera y tu luz me guiará en este océano infinito de oscuridad.

Cristina Puig


Despedida bajo el mar

Sus manos se soltaron lentamente y parecieron darse un último adiós apenas con un roce, sus cuerpos ya inertes, suspendidos en el mar. Habían permanecido unidos hasta el último instante, como prometieron nueve años atrás, hasta que la muerte los separase. Y la muerte vino a buscarles a los dos juntos y a la vez. Él no quiso abandonarla, sacrificando así su vida para no dejarla morir sola. Nunca más volverían a alejarse.

Supieron que les quedaba poco tiempo, que era cuestión de minutos que el agua los cubriese por completo y se habían mirado con ternura, a pesar del pánico y el caos reinante a su alrededor. Ambos mantuvieron la calma, tratando de inhalar y de beber el último aliento del otro y de llevarse el recuerdo de su última sonrisa. Y se besaron con pasión, como nunca antes se habían besado, compartiendo el poco aire que aún les quedaba en los pulmones. Su último beso, en el que se entregaron mutuamente su último soplo de vida.

Así los alcanzó la oscuridad. Así murieron ambos, abrazados bajo el océano, entrelazadas las manos, pegados sus labios. Y volaron hacia la eternidad, amándose como nunca antes se habían amado.

Ana María Rubio Esteban
Premio Concurso Microrrelato Romántico


Embrujo

En aquel instante el mundo se paró… Quedaron frente a frente y sus miradas se encontraron y sintieron algo nuevo al descubrirse. Ella le amaba y él lo sabía, aun sin que se lo hubiese dicho. Había sido inevitable quedar atrapada en la red de su encanto. Él vio el brillo en sus ojos y a través de ellos la devoción que le profesaba. Era doce años más joven que ella, ¿pero acaso le importaba?

Ella apartó su mirada, ruborizándose, mientras él, al darse cuenta, la tomaba de la mano… Ambos queriendo explicarse, pero incapaces de decirse nada. La intimidaba y la desarmaba. Verle, aun en la distancia, era como una droga, pura adicción de la que no podía escapar. Escuchar su voz era caer en estado de hipnosis… incapaz después de recordar nada más.

Aquello que esperaba era sólo un sueño. No podía darle lo que ella anhelaba. Tan sólo pensarlo era una locura. Tan sólo imaginarlo… una prohibición. Trató de resistirse a ese nuevo sentimiento, pero la dulzura que ella irradiaba lo hacía difícil. La ternura de su mirada y la delicadeza de su sonrisa no ayudaban a contener aquel arrebato inesperado.

Y se sorprendió al descubrir que además de hacerla feliz y protegerla, quería amarla. Y la amaría a pesar del tiempo y la distancia, a pesar de la edad y las habladurías. La amaría porque ella le amaba sin reservas. Se amarían en silencio, como dos almas que no pueden alcanzarse ni tocarse porque no hay cuerpo ni materia, sólo espíritu inmortal y eterno. Así se amarían…

Una voz lejana les sacó a los dos de su ensueño. El mundo comenzó a moverse de nuevo, aun cuando ellos quisieron echar un ancla y amarrarse allí juntos por un tiempo. Soltó su mano con lentitud y acarició su mejilla con el dorso de sus dedos. Él sostuvo su rostro entre sus manos y la besó en la frente, justo antes de girarse e iniciar su camino de regreso. Ella lo vio alejarse y sintió que se perdía en el abismo que poco a poco los separaba. Su embrujo aún la aturdía y la acompañaría hasta su próximo encuentro.

Ana María Rubio Esteban


Esencia

"Horrible pasión entre los tormentos en saberte distante, en ningún sitio.

Pero el mayor castigo de los castigos es sentirte cerca al oler tu perfume que emana de otro cuerpo.

Me cuesta ir perdido en mis paseos o estar sentado en uno de esos bancos, al sol, y sin percibir con quién me cruzo o quién pasa frente a mí, llegarme ese aroma al perfume que llevaba tu piel.

Y un simple sentido, me martiriza…

Y recuerdo cuando recorría tu cuello con mis labios, con mi lengua, y bebía de tu desnudo impregnado en aquel olor. Y me volvía loco recorriendo tu cuerpo rodeado de un sirope especial que para mí, solo era tuyo.

Y hacíamos el amor envueltos en tu fragancia…

Y nos tumbábamos uno junto al otro, con los ojos cerrados. Y yo me sentía junto a ti, atado por esa esencia.

Y todo era un bálsamo para los dos…

Y un día te fuiste, y aquello pasó.

Y sólo quedó la tortura de saber de un perfume, pero sin ser tú"


Agustín de las Heras Martínez


Bajo la luna te espero

Ya es medianoche bajo la luna llena, y llevo esperándote toda mi vida, con sus interminables minutos y segundos. La espera se me hace insoportable, y todo parece ir mucho más lento. El tiempo pasa despacio, como arrastrándose, pero no se detiene nunca.

Mi alma está compuesta de pedazos, pero no se pueden enumerar en un tiempo concreto. Los pedazos se extienden a lo largo de innumerables situaciones vividas.

Es difícil seguir amando una vez la muerte se ha llevado al ser que amas. Nadie debería esperar tanto. Nunca acudiste a la cita bajo la luna llena.


Noemí Sapiña Rico



Mía

Tu piel, morena por tu raza, hace que mi corazón se desboque. Tus carnosos labios rosados, me han hecho suspirar y tus manos en mi piel, recorriendo todo mi cuerpo, cada rincón, me han hecho enloquecer…

Nuestro amor es imposible y lo sabemos, nuestras religiones lo prohíben, pero ¿por qué prohíben que seamos felices?

Escapémonos, fuera de este país, comencemos una nueva vida juntos, solos tú y yo, pues si me tengo que alejar de ti, únicamente querré morir, ya que mi vida sin ti no tiene sentido, ya que tú das sentido a mi vida.

Eres cuanto había deseado. Eres mía.


Laura Morales
Premio Concurso Microrrelato Romántico


¿Qué hacer?

¿Qué hacer?

Si al acercarme, te alejas. Si al mirarte, me sonríes. Si cuando te busco, no te dejas ver.
¿Qué hacer si te quiero, qué hacer si no sé no quererte?

Momentos valiosos, tesoros prohibidos, recuerdos de cuando te dejaste querer, aquella noche en la que tu mano y la mía entrelazadas sentían que nada las podía separar, el tierno sentimiento de que una caricia o una sonrisa tuya bien valían todos los males del mundo.

¿Qué hacer?

¿Qué hacer cuando me besas, cuando me susurras al oído para que seamos traviesos, ahora que nadie nos ve, ahora que nadie lo puede saber?

Qué hacer en esta relación sin sentido, en este triste amar a ciegas que es sentirse “el otro” mientras aquel, aquel que quieres, siente correspondidos todos y cada uno de los sentimientos que yo deposité en ti y vi perdidos, agotados, pero al mismo tiempo infinitos.

¿Qué hacer si pese a ser mi corazón tuyo el tuyo a él le pertenece?

¿Qué hacer si sé que cuando me besabas era pensando en él?

¿Qué hacer, sino vivir sin vivir y morir en vida?

Porque te quiero sin querer quererte y, ante eso, no sé qué hacer.


Joaquín Sanjuan Blanco


Tuyo para siempre

He soñado que te marchabas mi amor, y me dejabas aquí, sola, por toda la eternidad.
Ahora, que por fin podíamos estar juntos…

¡Te has marchado! No ha sido un sueño…

Intento llorar, pero no puedo… no me quedan lágrimas. ¡Porqué me dejas sola!

Anoche me abrazaste, como si fuera nuestro último abrazo y me besaste como nunca, como si fuese la última vez.

Cuando abrí los ojos ya no estabas, te habías marchado.

Te busqué pero no te encontré. Sólo encontré una nota y en ella decía:

“Lo siento. Te amo tanto que he de hacerlo. Quizá no regrese, pero sólo quiero que sepas que he sido feliz a tu lado. Te amo. Tuyo para siempre. Devon.”

Estaba asustada, era una despedida.

Mi hermano lo había conseguido, como cazador, mató al vampiro que yo más amaba. Devon no luchó, lo hizo por mí, pues mi hermano me amenazó si no me alejaba de Devon. Pero ahora, sin él… no quiero vivir…

“Querido hermano, si encuentras esta nota, has de saber que estoy muerta por tu culpa. Me alejaste de Devon y ahora pesará sobre ti mi muerte. Nos veremos en otra vida y te mataré. Así estaremos en paz.”

Laura Morales


Una noche de primavera

A cada segundo que transcurría sentía tu lengua sobre mi suave piel, cada centímetro, cada rincón, eran dulcemente explorados. La delicadeza que me propiciabas se transformaban en un conjunto de sensaciones y electricidad que recorría cada poro de mi ser. Besos y caricias, tú y yo, nada más era importante. Tus manos acariciaban mis pezones consiguiendo que gritasen de placer, tus músculos en confabulación con los míos se fundían, ya no éramos dos amantes, ahora, solo uno, un deseo, un cariño, un orgasmo perfectamente coordinado. Eres el mejor amante que he tenido, dulce y complaciente. Cuando el astro rey nos iluminó y su candoroso beso nos despertó, volví a la realidad; a pesar de ser un aterciopelado osito de peluche, me deleitaste con una sonrisa, como haces cada mañana. Entonces te abracé, anhelando que llegase otra vez la oscuridad para sentirte entre mis brazos.

Sergi Orea Vilàs


Océano…

Océano de mil caras que inunda
Las emociones de un alma agotada
Por una realidad que culpa no tiene
De una existencia presente olvidada.
Olvidada se siente la crisálida en su ánimo
Y tú tocas el interruptor que le advirtiera
Que un incendio de ansia se va a propagar
E insomne penetra en una intensa tolvanera.
Remolino de agua, te conozco y te ignoro
Esencia que todo lo mueves
Pareces irte para siempre
Pero te condensas y vuelves.
Vuelves, con nueva cara y cuerpo,
Cuánto tiempo sin verte
Prometes abrir mi conciencia
Pero eres el mismo sueño de siempre.
Ya está bien Eros, déjame tranquilo
No cambies flechas por lanzas
Con puntas de duro plomo,
¡Para cuándo tus saetas doradas!
Sin embargo el deseo penetra
Lujuria de angustias de un Apolo
Que se encuentra su estancia patas arriba
Aunque anticipe un final solo.
De nuevo me haces ceder
Con una sonrisa, una mirada, una palabra
Suficiente para un efímero placer,
Me has convertido en un chiquillo
Pero un chiquillo que necesita renacer…
Renacer sin ansiedades ni lamentos
Amor en una palabra, llana,
Sin tapujos ni argumentos.
Claudico y de la mano me llevan
Sueño y Fantasía, los dos a un tiempo
Pero te quiero y te pierdo al instante
Sin más que lo que tarda un momento
Otra realidad te acaricia
Y a ella diriges tus besos…
…Adiós, hasta la próxima, pero por favor, tarda aún más en visitarme esta vez.


Canción de sangre

Háblame de luces y palabras.

Cuéntame como el viento es de terciopelo y el mar de cristal en movimiento. Acaricia mi nuca y susúrrame muy bajito… tan bajito que así crea escucharte en esta celda mía.

Necesito que me tranquilices con tus besos, que me calmes esta tortura que me estruja.

Toma mi mano, acompáñame en este postrer paseo, y canta a mi oído nuestra canción, que no escuche los cerrojos, ni sus pasos firmes, ni los míos, arrastrados.

Solo necesito sentir cerca tu aliento, el hálito que siempre quise solo para mí. El roce apagado de tus labios tras mi oreja.

Pero no me mires… no quiero ver tu rostro ensangrentado. ¿Ves? Así. Como yo. Yo no levanto la mirada. Sabes que no soy culpable, sabes que fuiste tú, tú la que me obligaste. ¡Yo te quería! ¡Te quería tanto!

Abrázame fuerte, muy fuerte, destroza mi sangre con tu alma de fantasma. Yo me dejo…

No, no me tengas miedo… ya no puedo hacerte daño.


Rocío Ordóñez


La octava maravilla

Te recuerdo con las manos semiatadas, las yemas de mis dedos recorriendo tu cuerpo, agitándote con cada roce entre agudos gemidos. Mirando tus ojos sentí la calidez de tu piel lechosa bajo la prenda ligera que cubría tus pechos. Me enamoré de ti al primer instante, de tu belleza y tu fragilidad. El instinto me llevó a intentar retenerte y ahora comprendo que fue mi mayor error…

El destino vertiginoso ha provocado que volvamos a encontrarnos en este lejano paraje. Añoro mi hogar y el breve tiempo que allí pasamos juntos, pero tu llamada ha hecho renacer el amor que siempre sentiré por ti, al tiempo que rebrota el animal que en mi interior intenta protegerte. Deja que contemple por última vez tus rubios cabellos ondularse al viento, así, rodeando tu cintura con mis recias manos…

Moriré sabiendo que entre lágrimas, siempre recordarás que yo, King Kong, te amé tal como llegaste a mí, aunque nuestra unión sea imposible.


Gotzon Sillero Pérez de Albéniz



El beso

Apenas había gente en la consulta, Paula esperaba su turno cuando llegó Carlos. Se sentó a su lado dejando en el aire una exquisita fragancia masculina. Paula comenzó a ruborizarse al sentir el calor del muslo atravesar la tela de su falda, miró de reojo aquellas varoniles manos, que comenzaban a humedecerse víctimas del nerviosismo, sus dedos se entrelazaban inquietos en un juego sin sentido.

Carlos se atrevió a girarse, buscando los ojos de Paula, éstos buscaban sin acierto un punto de interés que apartara aquellos pensamientos de su mente, a pesar de no haber visto su rostro, imaginaba esos labios besándola, impregnándola con aquel penetrante aroma, casi podía escucharse el latido de su corazón en la silenciosa sala de espera.

Carlos cambió de postura, dejando un espacio que refrescó la pierna de Paula, sus miradas se encontraron, logrando tener el mismo sueño, sin decir una palabra sus rostros comenzaron a acercarse lentamente, cuando…

-¿Paula Rodríguez?, pase por favor.

Gotzon Sillero Pérez de Albéniz


Sueños de oficina

“Hoy quiero estar cerca de ti, hoy que estas tan mimosa y cariñosa, contemplarte de cerca maravillado, sentir la atracción que ejerces sobre mí, resistirme a ella unos instantes y adivinar el siguiente minuto, cuando tus labios estén a un milímetro de los míos, cuando sienta tu aliento cálido invitándome a besarte, cuando tu aroma natural inunde mis fosas nasales, revelando la fragancia fresca de tu piel, olor a pétalos de rosa, perfume de manantial de agua clara, de mil gotas rompiendo en una cascada salvaje, olor a rayo de sol sobre hierba mojada, a brisa de la mañana en campos de amapolas, olor a mujer, olor a deseo.

Daré un paso para posar mis labios en los tuyos y sentir el frágil tacto de la carne, la caricia de tu lengua mecida sobre la mía, el delicado roce con sabor a fruta silvestre, a miel y a canela…”

-Aitor, últimamente estás como ausente, ¿tomamos ese café?

-Ejem…claro Nekane, perdona…


Gotzon Sillero Pérez de Albéniz


Amor maldito

Sigo maldiciendo que durmieras en mi cama. No, no por el hecho de que tus besos adornaran la noche a cada momento, ni porque tus abrazos convirtieran una simple habitación en un nido de felicidad. No, tampoco es porque las sábanas fueran suave testigo de la consumación de nuestros sentimientos, mientras que el sudor compartido las bañaba sin compasión. Pasión, esa no es la causa de mi maldición, ni la pasión, ni la ternura, ni el cariño, ni tan siquiera el profundo amor que compartimos como nunca antes lo habíamos hecho. Te fuiste. Con una razón pero sin ningún motivo.

Queriéndome, pero abandonándome. Dejándome solo, llorando acurrucado en mi lecho. Y ese es el motivo de que maldiga que durmieras en mi cama: aún huele a ti. Ese aroma multiplica mi pena, y las lágrimas aderezadas con tu olfativa presencia parecen doler cuando brotan. Jamás olvidaré aquella noche, aunque mi corazón siempre intente olvidarte. Tu olor desaparecerá de mis sábanas, pero su esencia siempre perfumará parte de mi corazón.

Vicente Ponce López
Premio Concurso Microrrelato Romántico


Recuerdo de una noche

Desperté con un recuerdo fugaz de sus caricias y el reciente sabor de sus labios.

Inmediatamente eché en falta el calor de su cuerpo, y el sonido irregular de su respiración, pero el conocido perfume masculino en mi almohada me convenció de que no lo había soñado.

Reviví mentalmente la noche anterior. En el mismo instante en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez, algo revoloteó en mi interior y me sentí estúpidamente alegre, como nunca antes lo había estado.

En principio no debía ser distinto a cualquier otro. Supuse que al día siguiente su rostro quedaría deformado en la neblina de mi memoria con el resto de rostros masculinos y anónimos. Pero no fue así. Su tacto sobre mi piel había despertado en mí sentimientos que creía desaparecidos hacía mucho tiempo.

Me incorporé lentamente y sonreí con tristeza. Sobre la mesita de noche descansaban dos billetes y la promesa de volver a contratar mis servicios.

Nereida


Amor de fresa

Había fingido demasiadas veces. Quería ser fría como la nieve. Un cisne hecho de nieve, como aquel poema. Sin embargo, el me derretía. Era la fresa que producía que mi chocolate se derritiera sobre él. Quería abrazarlo con fuerza y sentir el palpitar de su corazón sobre mi oreja. Mirarlo a los ojos durante horas. Quedarme en la cama y dejando pasar el tiempo respirando la exquisitez de su aliento. Aquel aroma que olía a naranja acida y pera. Sentir sus cálidas manos dibujando círculos sobre mi espalda. Y averiguando tontamente las palabras que intentaban escribir sus dedos. Yéndome a dormir y esperando a que viniera a darme las buenas noches con un cálido, dulce, sabroso y delicioso beso. Y luego cuando se va agarro mi almohada y pienso que está ahí a mi lado. Me despierto sobresaltada, pues una mano me ha rozado la mejilla. Eres tú. Te digo “buenos días” con una sonrisa que radia tanta felicidad que es capaz de tapar al sol. Y tú me contesta con un simple “hola”, que me parece estar lleno de más frases. De “te quiero”, de “qué guapa estas”. Y luego esta tu mirada, aquellos dos trozos de chocolate.


Jacqueline Melendez Quintero




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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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2 comentarios:

  1. Oleeeeeee!! ganeeeeeee!! (creo que es el primer concurso de relatos que gano!!!! )

    ahora, a esperar con ganas (y sorpresa) el premio!!!

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  2. Enhorabuena Laura por tu premio, y ¡A POR MÁS!

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