Sihuca

El trayecto era largo, sin embargo el gusto de Sihuca por su escuela superaba cualquier inconveniente de los que tenía que sortear a diario para llegar a ella. Era el último de 8 hijos e hijas, justo por lo cual le habían puesto ese nombre, Sihuca, que según sus abuelos en azteca quería decir…el más pequeño. De origen humilde y de familia prácticamente analfabeta, a veces no entendía de donde le había salido ese amor por saber, pues apenas a sus 11 años y por terminar la primaria, ya tenía planes de llegar a la universidad y estudiar para abogado, tal vez porque veía como menguaban los bienes de la familia por los robos descarados de tierras que les hacían los caciques de lo que había sido su herencia milenaria, y sin que nadie pudiera protestar. Cada día las alambradas se les iban acercando más, quedándoles apenas unas milpitas donde sembrar lo indispensable.

Caminando hacia la escuela, a veces bajo el rayo de sol implacable y otras con una lluvia de los mil demonios, planeaba su futuro y no en silencio, sino hablando alto para el solo…Si por aquí hubiera gente, creerían que estoy loco, pensaba… El recorrido era siempre el mismo. Se había trazado algunas trochas a punta de machete que por mucho andarlas ahora eran veredas, pero al llegar la época de verano los fuertes aguaceros volvían a hacer crecer el monte en cuestión de días, así que de vez en cuando tenía que cortar de nuevo para abrirse paso.

Solo iba y solo regresaba. Hasta la mitad del camino lo acompañaba en algunas ocasiones otro chico algo mas pequeño que el, pero era muy enfermizo y era mas lo que faltaba a la escuela que lo que asistía. Así que la mayor parte del tiempo ese camino de dos horas de ida y dos de vuelta se lo echaba, como el decía; yo y mi alma… Muchas veces cuando el tiempo amanecía particularmente malo su madre trataba de convencerlo… Sihuca, pero no vayas hoy m`ijito… total, por un día… No mamà, perdóneme pero no… Ya pierdo suficientes cuando mi taita quiere que lo acompañe al pueblo a llevar las verduras…

En una ocasión le pareció oír como que alguien conversaba, ya le había sucedido, pero por mucho que se esforzó en agudizar su atención, de repente todo quedaba en silencio… Encontraba raro que lo que parecían voces siempre las escuchaba por donde mismo; un lugar del camino particularmente solitario. Ese día como el tiempo estaba bueno caminó algo más rápido, así que al llegar a la altura de ese lugar misterioso y dándose cuenta que aun era temprano, se sacó los huaraches y tratando de no hacer ningún ruido, se fue acercando despacito… Casi le da un patatús. Se asomó lo más silenciosamente posible detrás de unas ramas altas, y los ojos se le pusieron como platos… Sentados en el suelo alrededor de lo que le parecía un mantel, había una familia comiendo y platicando animadamente. Se sobò los ojos pues creyó sin duda estar viendo visiones.

Era una familia, claro que sí, incluso había un par de niños …pero diminutos, ¡enanitos, pues!, aun más pequeños que los que había visto en el desfile del circo que estuvo en su pueblo años atrás. ¡Vaya, son chaneques!, ni se dio cuenta que esto lo dijo con un grito incontenible que asustó a los comensales los cuales para su sorpresa, ni se movieron de sus lugares… Sin embargo los pequeñitos sí dijeron… ¡es el niño!

El que parecía ser el papà se levantó y sacándose su gracioso sombrero le dijo, ven, no tengas miedo. Nosotros ya te conocemos, pues te vemos pasar diariamente desde hace varios años… Sihuca se acercó.

A partir de ese día salía de su casa media hora antes con tal de llegar donde sus amigos y poder detenerse con ellos un rato. Así fue aprendiendo de sus costumbres y tuvo la oportunidad de conocer a otros miembros de su grupo. Estaban allí desde tiempos tan remotos que nadie podía recordarlo, y eso que la mayoría de ellos eran bastante viejos. Su vida había sido maravillosa hasta la llegada del hombre blanco, incapaces de verlos porque no creían en ellos, debido a la pérdida de su inocencia. Tu gente sí nos conoce y nos aprecia, le decían… Cuidan de la madre tierra, piden permiso para sembrarla o talar algún árbol lo que hacen solo cuando realmente es necesario, y además nos consideran importantes… Sí, recordaba Sihuca, pero yo siempre creí que eran historias que se inventaban para nosotros los niños.

Sihuca les contó de sus planes para cuando fuera grande. Estudiar para tener más poder que los hombres que les robaban sus tierras, que los acorralaban tratando de sacarlos de lo que les pertenecía… a nosotros y a ustedes, decía.

El último día de clases lo recibió particularmente alegre, pues terminaba su primaria con excelentes calificaciones. La maestra siempre lo ponía de ejemplo. Como ya era costumbre se detuvo para saludar a sus amigos, y sorpresivamente le presentaron al que llamaron “su rey”. Un anciano si cabe aún más diminuto, de larga barba y dulce sonrisa. Le pidieron que se recostara sobre una especie de cama de flores y ramas que ya tenían preparada. Él así lo hizo, y mientras prendían pequeñas hogueras a su alrededor, quemando sabrá dios que clase de maderas finas que exhalaban un aroma maravilloso, le iban explicando…

Desde hace mucho sabemos que eres tú el elegido, el que logrará conservar para las siguientes generaciones estos bosques llenos de paz y generadores de belleza y salud para todos los habitantes de nuestro planeta. Ahora vas a dormirte, pero no tienes que sentir ningún temor. Cuando despiertes lo recordarás todo, pero estarás en posición de lograr lo que ha sido tu sueño y el nuestro, por los últimos cuatro siglos…

Cuando despertó Sihuca se encontró vestido elegantemente, sentado a una mesa rodeado por otros señores de apariencia importante que lo aplaudían con entusiasmo y le decían, felicidades Señor Presidente, ha logrado Ud. lo que ha sido su lucha personal de muchos años y el anhelo de tantos de nosotros… Que los inmensos bosques de la región de su nacimiento, hayan sido por fin designados como Patrimonio de la Humanidad…

Sihuca sonriò imperceptiblemente, dando las gracias interiormente a sus queridos amigos los chaneques, los así llamados duendes de los bosques mexicanos…


Ilustraciòn del querido amigo y gran artista argentino


Adelfa Martín
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1 comentarios:

  1. Mil gracias, que bueno que les gustò mi cuento y la ilustraciòn de Ariel...

    abrazos a todos

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