Huenupan

Habían sido varios años de un viaje interminable en busca del ideal de su padre el gran jefe azteca Huenupan. Este guerrero amado y respetado por sus súbditos, tuvo un sueño que deseaba convertir en realidad, pues sabía que sus ancestros, cuando se presentaban ante el para anunciarle algo, jamás le mentían o lo llevaban por caminos equivocados. El lugar especial, el que los haría grandes y temidos por todos los otros pueblos lejanos y cercanos, existía, y a él, Yuma, su heredero, le correspondía ayudar a cristalizar lo que tal vez podría parecer una utopía.

Huenupan aun vivía, pero su salud se había visto disminuida no solo por la edad, sino por las terribles complicaciones que tuvieron que sortear en tan largo camino, peleando aquí y allá para procurarse el alimento que diera de comer a los cientos de familias completas, además de los guerreros que los acompañaban, pues esta gesta, era precisamente para establecerse como pueblo en otro lugar…En aquél que Huenupan sabía con certeza que existía y que había visto mil veces en su imaginación; el lugar especial que la serpiente Ehacatl – en susurros que le llegaban con el viento – le había dibujado en su mente y plasmado con fuego ardiente en su corazón.

Se había propuesto llegar con vida, y su hijo Yuma le prodigaba toda clase de cuidados, ordenando a los sacerdotes procurarle la mejor medicina para que ese sagrado propósito se cumpliera, pues el gran Tlatoani no podía morir en esos inhóspitos caminos, ni ser enterrado sin que recibiera los honores correspondientes a su rango.

Después de un larguísimo viaje, y ya cuando el cansancio y agotamiento comenzaban a tener efectos devastadores sobre muchos de los aztecas; tanto los preparados para la vida ardua, como la gente común, Huenupan mandò llamar de urgencia a su hijo y a los altos sacerdotes y guerreros, con el fin de hacerles un anuncio…Dentro de tres días avistaremos el valle al que nos dirigimos; el lugar donde nos estableceremos por los próximos mil años…

Y así fue… Al llegar a la mas alta montaña que habían tenido que sortear en su larguísimo periplo, se mostró ante los asombrados ojos de este pueblo guerrero y valeroso, el soñado paraíso cuya esplendida belleza se les hacía imposible describir con las palabras conocidas…Un espectacular lago y pequeñas islas lo formaban...Gran vegetación, con profusión de nopales cargados de frutos que relumbraban bajo el sol, y enorme cantidad de aves y animales que jamás habían visto. La alegría fue enorme.

Decidieron descansar esa noche para comenzar el descenso a primera hora del dìa siguiente. Era tanta la emoción, que pospusieron la celebración y el homenaje que se le debìa a los ancestros que los habìan guìado y a Ehacatl, por haber mantenido vivo el sueño de Huenupan y orientado su camino.

Desde la alta montaña y según iban descendiendo, se percibía con claridad el lugar que les había sido designado por los dioses, así pudieron escoger el mas propicio donde comenzar a montar sus tiendas. Un lugar en el que no faltara el agua, pero que a la vez les sirviera de punto de inicio para el proyecto de la magna ciudad que ya había sido prevista, y que los constructores y artesanos tenían diseñada, según las directrices del gran Huenupan.

A esta ciudad se le designò un nombre que brillarìa por siglos: Tenōchtitlān.

La primera construcción fue el inicio de una gran pirámide que estaría ubicada al centro. Entre las islas naturales y las fabricadas con barro del fondo del lago y vegetación a las que llamaron chinampas, se tendieron puentes que las comunicaran y se dejaron espacios suficientes para que circularan las canoas. En estas chinampas se sembraban vegetales y flores, y para asegurar su firmeza, se rodearon de cipreses.

En Tenochtitlàn, de acuerdo a su organización y a pesar que las clases sociales no estaban profundamente divididas, si sabía cada quien que lugar ocupaba de acuerdo a su actividad, bien fueran campesinos, artesanos, sacerdotes, guerreros, etc., así que las personas se ubicaron a partir de ese centro y hacia fuera, según importancia y rango, haciendo honor a sus tradiciones.

Algún tiempo después de haber arribado, la salud de Huenupan se agravó, pero alcanzò a dar su aprobación al matrimonio de su hijo Yuma con la hermosa Yaretzi, hija del jefe de uno de los mas poderosos Calpullis. Los ritos funerarios se realizaron en la incipiente pirámide, donde fueron depositados sus restos con toda la pompa que correspondía.

De inmediato Yuma fue nombrado Tlatoani, tal cual como había sido siempre con los primogénitos varones. Esta pareja tuvo hijos gemelos, niño y niña, a los que llamaron, Tonatiuh – el dios sol para los aztecas- y Jatsiri – gota de rocío.

Fueron generaciones de prosperidad, donde florecieron las artes y crecieron en magnificencia, a pesar de las inevitables guerras, y aunque quedan relativamente pocos vestigios de aquello, y las leyendas de sus orígenes se confunden con la historia, la grandeza de la gran Tenochtitlàn, increìble ciudad construìda en el Valle de Anahuac, sobrevivió por siglos, y dejó plasmada su historia, cultura y maravillosa organización, en los códices y monumentos que la han sobrevivido…
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