Balas de Plata


Ser un hombre lobo nunca ha sido una tarea sencilla o agradable (al menos no para cualquier hombre lobo lejos de Crepúsculos y similares, donde pueden cambiar de forma a voluntad y sin consecuencias), pero encima ser uno de estos nuevos hombres lobo ideados por David Wellington es lo peor que a uno le puede pasar, en serio.

Este escritor tiene la manía (o la inteligencia) de cambiar las leyes naturales de las bestias aterradoras que tanto nos asustan y que tanto lo han hecho a lo largo de la historia del hombre. Si con sus anteriores libros enfadó a los más aficionados al género zombi, no creo yo que haga muchos amigos ahora con los fans del Hombre Lobo, porque cambia las reglas básicas de pe a pa.

El libro tiene altibajos, quizá por el modo en el que está situada la trama, no os voy a desvelar nada, pero sí que os diré que tiene una parte muy veloz y angustiosa, que, luego se convierte en algo más suave desembocando en un pequeño parón que nos lleva despacio hasta un final bastante emocionante pero que, a mi modesto entender, podía haber sido aún más emocionante. Supongo que la emoción a raudales vendrá con el segundo volumen de esta nueva trilogía, porque, eso sí, pienso seguir leyendo esta saga, me ha enganchado.

Desde el principio notamos que algo no marcha como es debido en esta trama y aunque sospechemos y sospechemos todo el tiempo no es hasta la mitad del libro que decimos eso de "¡ahhh! Era por eso, ya decía yo que..."

Sobre todo me gusta ese retoque que le da a los hombres lobo, unas bestias imposibles de manejar si no es con plata de por medio y que no atienden a razones, que odian a los humanos hasta el extremo (por supuesto, se odian a sí mismos también cuando son humanos), se transforman cuando hay luna, sí o sí, dando igual eso de la luna llena o esconderse... y un sin fin de detalles nuevos que le dan un toque bastante entretenido.

En general la novela es muy amena, con altas dosis de emoción y unos personajes grises en todo momento, los que son blancos o negros son captados en seguida por el lector y los grises son mucho menos manejables pero bastante más divertidos casi siempre.

Estamos, seguro, ante un éxito de ventas (veremos a ver las críticas de los más acérrimos al género), pero al que le gusten las aventuras fantásticas ambientadas en el mundo real (bueno, una especie de mundo real donde se cree en la existencia de los hombres lobo, pero claro, en un número muy reducido) le va a gustar esta novela, no es la típica historia de terror, pero tiene dosis de emoción que impactarán y algunos momentos geniales (yo me quedo con el asalto del lobo al coche en plena carretera, es una pasada).

Seguro que volvemos a oír hablar de las nuevas aventuras de Chey y Powell, ya lo veréis.
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