Acto XI


JAVIER ¡¡No, no puede ser nuestro hijo!! ¡Silvia y yo nos acabamos de conocer, es imposible que hayamos tenido un hijo!

JAVIER 2 Tranquilo, Javier. Escúchame. En parte es cierto que no habéis tenido un hijo. Todavía. Pero en parte, no es cierto, porque en estos momentos, vuestro hijo se está gestando en el vientre de Silvia.

SILVIA ¡¿¿Cómo??!

DAVID Por favor, madre. Acéptalo. Simplemente acéptalo. Yo tengo que nacer en el pasado para existir en el presente. Cuando despertásteis, no podíais recordar nada, ni siquiera todo aquello que os había unido. Por eso tuvimos que soltar el éter en el suministro de ventilación.

SILVIA ¿Nos habéis manipulado para que yo quedase embarazada?

SILVIA 2 Calma, Silvia. Yo también sufrí estas dudas. Pero es lo correcto. Acéptalo.

SILVIA ¡No quiero aceptar algo que ni siquiera comprendo!

DAVID Padre, Madre, ¿me permitís que les explique la situación más detalladamente?

JAVIER 2 David, no deben saber más de lo necesario. Peligraría toda la continuidad por la que hemos luchado.

DAVID Entonces, permitidme que les mienta...

JAVIER ¿Que nos va a mentir? ¡Bien empezamos! Nada más conocer a nuestro hijo, ¡ya nos está ocultando cosas!

SILVIA 2 No os ofendáis: lo que David quiere decir es que no puede explicaros detalles importantes, porque quizá reaccionaríais en contra. Ello crearía una paradoja temporal, haciendo que todo lo que ha sucedido hasta ahora, fuera anulado.

DAVID Como ejemplo, imaginad que yo me encuentro con mi alter ego del pasado, y tiene varicela. Puedo decirle que no se rasque los granos de la cara, para que no le queden marcas, como esta que tengo aquí en la sien. O mejor aún, puedo decirle que agarre un destornillador y se estalle todos y cada uno de los granos. Una mentira siempre es más conveniente cuando hablamos de viajes temporales.

JAVIER Por cierto... ¿Cómo se hace posible el viaje en el tiempo?

DAVID Venid conmigo. Detrás de aquel armario del fondo, hay unos sillones muy cómodos.

NARRADOR Dejando a sus alter egos de mayor edad en la entrada del gigantesco y laberíntico laboratorio, Silvia y Javier acompañaron a su futuro hijo por las instalaciones.

SILVIA ¡Por favor, explícanoslo ya! Tengo tanta impaciencia que me estoy mareando.

DAVID Aún no. Esperad a que nos sentemos.

SILVIA ¿Por qué?

NARRADOR David se detuvo en seco. Sin girar la cabeza, respondió:

DAVID Está bien. Empezaré ya.

NARRADOR El joven continuó su paso hacia el armario que hacía esquina.

DAVID Los sillones verdes están detrás de este armario, a la derecha, justo a la derecha.

NARRADOR Al sobrepasar el mueble, Javier y Silvia advirtieron que en realidad los sillones eran de un vivo color rojo y estaban a la izquierda, pero ninguno de los dos dijo nada.

SILVIA ¡Anda, estos sillones son comodísimos!

DAVID Claro que son cómodos. Yo nunca miento. Bueno, antes de explicaros el viaje temporal en detalle, ¿recordáis el inicio de la novela de H. G. Wells de La Máquina del Tiempo?

JAVIER Yo recuerdo haberla leído muchas veces, incluso el olor de sus páginas... pero ahora intento recordar el inicio, y soy incapaz.

SILVIA Yo creo que sí me acuerdo. Es cuando el protagonista hace una analogía comparando el eje cartesiano «Y» con la cuarta dimensión, la cual sólo podríamos recorrer con un globo aerostático.

JAVIER ¡Sí, es verdad!

DAVID Bueno, pues descubrimos... descubriréis, que el tiempo no se puede ilustrar en unas coordenadas espaciales. El viaje temporal fue posible porque vosotros mismos volvísteis desde el futuro, y entregásteis el secreto.

SILVIA ¿Pero cuál es el secreto?

DAVID El secreto es un ciervo. Un ciervo sin cuerpo. Sin cabeza. Al que sólamente le quedan los...

JAVIER [Le interrumpe, severo] ¡¿Esto es también una mentira?!

DAVID [Nervioso] De hecho, esto es prácticamente la única verdad que os he contado. Escuchad, no puedo contaros más. Pero os voy a dar esto.

NARRADOR David sacó del bolsillo de su camisa lo que parecía un pequeño dispositivo de almacenaje digital.

DAVID Que uno de los dos lo guarde. Nadie puede saber que lo tenéis. A lo largo de los lugares por los que vayáis pasando, os encontraréis de vez en cuando un pequeño tornillito, minúsculo, casi imperceptible.

Cada uno contiene una grabación muy breve. Enrroscadlos en el pequeño agujero que hay en el extremo del aparato, y podréis escuchar mi voz. Sólo así podré ayudaros. Esta es la última verdad que puedo deciros.

JAVIER Dime, David... ¿Estamos en peligro?

DAVID ¡No, en absoluto! ¡Qué tonterías dices, papi!

NARRADOR La cabeza de David estalló en mil pedazos. Los sillones probaron ser exactamente del mismo color que su sangre.
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5 comentarios:

  1. zasssss...acabo de conocer a mi hijo, y le han rebentado la cabeza.... :S

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  2. ¡toma ya!! ale, que buen giro esta dando!!!!!

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  3. pobre silvia.... yo opino como javi... parece una mentira... pero a ver como se torna el siguiente acto!!!!!

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  4. Es un capitulazo. Por cierto, un capítulo que han leído ya en Argentina, Perú y, por supuesto, España.

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  5. Ánimo a la siguiente persona que se anime a continuar la historia.

    Si de verdad lo necesita, puede recuperar a David, siempre y cuando sea sólo a través de las grabaciones de los tornillitos. Sería fácil: sólo tengo que enviar un mp3 grabado en mi casita, con mi micro chafao. Y la diferencia de micro estará justificada.

    Por favor, que nadie le haga reaparecer en persona, porque para mantener la coherencia (la poca que hay de momento) me tocaría volver a ir en persona a los estudios de Pelayos. Y al menos hasta dentro de unos meses, no es cuestión de gastarme los ahorros en transporte. Si algún escritor me necesita otra vez en persona, deberá enviarme 20 euros para el autobus y el tren.

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