Microrrelatos ambientados en el Otoño


Adiós al rey

Los dorados castaños rinden tributo al paso de la barca descolgando sus hojas como lluvia de oro al viento. Desde la orilla despiden, vestidos de brillante luto blanco, al rey en su último viaje. Los altos elfos resplandecen, silenciosos, como gemas de luminosa esperanza sobre el áureo tapiz de la floresta. Se prepara el viejo bosque antes del largo sueño invernal desvistiendo sus ramas para tejer el ocre manto que arrope sus raíces. Un sueño del que el rey ya no despertará, agotado y marchito, en su flotante lecho fúnebre, con su espada y sus laureles al encuentro de sus ancestros.

Llegará la primavera, con su alegría, con su color. Volverá con tanta vida como las primaveras que el rey vivió. Como tantas que compartió con aquella que en la orilla queda enjugando sus lágrimas con el velo de su ausencia. Apura el otoño, con su postrero adiós. Adiós a su cálida voz. Adiós a su acogedor abrazo. Adiós a su amor. Un leve escalofrío recorre su cuerpo, presagio del fin del último otoño y el inicio de un invierno interminable en su infinita soledad. Adiós al rey.


Añoro el otoño

Añoro el otoño. El brusco paso del verano al invierno me priva de sus sensaciones. Un bello atardecer, un sonido de hojas que baja el ritmo de mi veloz pasear, una gama de colores que me incita a la reflexión. Del sofocante calor al intenso frío, sin agradable transición intermedia. O juego con el agua o juego con la nieve, no hay término medio. Añoro el otoño. Ese remanso de calma que ya no me visita, ese entorno casi mágico que no enmarca mis tardes, esa invitación a la paz que jamás llega. Pero que no aparezca no significa que no lo viva, en mi casa, en ese rincón; con mi manta y mi libro, con mis pensamientos y mi descanso. Una sensación otoñal embarga mi hogar y mi cuerpo, y me da esa pausa que necesito para abordar un nuevo día, ya sea de frío o de calor, corto o largo, intenso o aburrido. Aún así, no puedo remediarlo: añoro el otoño.


Otoño

Sentados en la arena baldía frente al mar, respirábamos la última brisa veraniega. Teníamos que aprovechar. Suspiramos, y nos pusimos en pie para colocarnos los abrigos, sobre los cuales habíamos estado sentados hasta hace un momento.

— Levanta un poco más el brazo —le dije a mi mujer.

— No tiembles, que aún se puede sentir un poco de calor —me respondió.

Nos quedamos de pie, dando la espalda al mar. La playa era todo silencio. Tardó cinco minutos en descender desde la nube, pero el primer copo de nieve cayó a la arena entre nosotros dos. El primero de muchos. El otoño sólo era un recuerdo que nuestros hijos no creían. "Termínate la sopa, o vendrá el otoño". Hubiera sido igual de ridículo que mentar al anticuado coco.

Caminamos lentamente hasta el centro de la ciudad. No teníamos prisa, era nuestro particular homenaje a aquel entretiempo que perdimos. Cuando ya cansados, llegábamos a nuestro barrio, me paré en seco:

— Huele a castañas asadas.

El sol surgió desde detrás de la nube y cegó la avenida.

— No, es una barbacoa —dijo ella.

La gruesa capa de nieve sobre las escaleras de nuestro portal se había deshecho.


Otoño, mi última época del año

Crujir de hojas a mis pies mientras camino lento hacia la escalera de ascenso de mi casita árbol. Una apremiante voz se escucha alta a mis espaldas que exige cautela y cuidado, las madres siempre ejercen ese tipo de control sobre ti.

El último peldaño se siente desconfiante, pero al menos aguanta mi peso. Desde arriba una vista del cálido otoño me embarga y el susurro de las ramas en mi tejado me hipnotiza.

En dicho refugio mi encuentro con la soledad es más disfrutado en esta estación del año, invadiéndome de gozo y placidez.

Fina manta de hojas caducas se tiende por doquier y mis ojos infantiles brillan por el volátil rayo de luz que cruza aquellas cuantiosas nubes.

Mi tiempo de descanso expira, debo volver a mis quehaceres.

Ese tablón precario que piso primero no me da más tregua, chascando la madera y hundiéndome con ella. Advierto distorsionada la mirada escalofriante de mi mamá mientras un grito rasgado perfora mis tímpanos.

Me siento volar.

Y el vacío del otoño me lleva hacia lo infinito, hacia esa zona de donde nadie vuelve, el otro lado de mis sueños.


Recuerdos

'Recuerdos... Aquella época del año le traía tantos recuerdos a Amalia, quizá melancólicos, pero nunca tristes, porque al recordar se sentía feliz y alegre por los momentos compartidos, por las tardes de miradas y sonrisas cómplices, por cada una de las oportunidades que tuvo, por las lecciones aprendidas.

Asomarse a la ventana y ver la lluvia bañar la arena del parque y los columpios vacíos de niños, escuchar el silencio tan sólo interrumpido por el canturreo de las gotas de agua al golpear sobre las hojas caídas de los árboles y sobre los cristales... Todo aquello era sinónimo de aguja e hilo junto a su abuela en los días de su infancia. ¡Tantas horas pasaron cosiendo, tejiendo! La mujer daba vida a bufandas y jerseys para sus nietos mientras Amalia vestía a sus muñecas. Su abuela le enseñó a coser, a hilvanar, a remendar, a preparar patrones, a tejer, a hacer punto de cruz.

Aún creía ver la mesa llena de utensilios y material, el colorido de los paños y retales, la variedad de agujas e hilos... y la dulce y cariñosa voz de su abuela, instruyéndola con mimo y paciencia, y relatando historias de su juventud.

Nunca tuvo mejor regalo que los costureros que su abuela le regaló y que tanto uso encontraron en las largas y grises tardes del otoño.'


Representante de la hoja caída

¡Valientes forasteros! ¡Presencien un auténtico duelo a muerte como los de la antigüedad! Ambos dispararán cuando caiga la primera hoja del árbol que decora la plaza del ayuntamiento. ¡Véanles ahí, con sus frentes perladas de sudor! ¡Véanles ahí, con las pistolas alzadas, sin atreverse ni a temblar! El duelista de la izquierda es el nuevo representante de la oposición en el ayuntamiento. El de la derecha es el mismísimo alcalde. ¡Esperen a ver el triunfador!

— Alcalde, ríndase y acepte dejar de podar los árboles antes del otoño. ¡Los niños tienen derecho a conocer la caída de la hoja! Con la primera hoja, caerá todo su equipo corrupto.

El alcalde guardó su arma en el cinto, como rindiéndose. Y dio una palmada. Una hoja cayó lentamente hasta la mitad del recorrido, donde se quedó flotando. La sostenía un hilo de plata.

— Gané yo —dijo el alcalde, campante—. Todas las hojas que quedan son de plástico. Ya las había podado antes de entrar tú. Antes del otoño.

— ¡Valientes forasteros! ¡Presencien un auténtico duelo a muerte como los de la antigüedad! —Y el anterior representante presentó al nuevo representante.


Una historia que contar

No hace mucho soñé que me deslizaba por entre mis hermanas. Ascendía hasta el cielo y besaba las nubes de algodón para luego caer hasta descansar en un manto en pleno reposo. Viajar sin destino fijo, a merced del viento, y transitar por todo un sinfín de experiencias y nuevos lugares. Entonces abrí los ojos. Me encontraba a los pies de mi padre, apagado, triste por la pérdida. Vi a mí alrededor cientos, tal vez miles, como yo y comprendí que mi sino ya estaba escrito y que, pese a mis sueños y anhelos, aquel manto acabaría por convertirse en mi edén.


Share on Google Plus

Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
    Blogger Comment
    Facebook Comment

2 comentarios:

  1. Hay que buenos son todos, la verdad es que compadezco al pobre jurado que tubo que elegir tan solo un ganador, ardua tarea, bien dificil sin duda
    Ya se que mi voto ahora no cuenta, pero ese adios a un Rey es realmente magnifico, senti en mi carne la despedida de la suya
    Un beso y deseando saber ya quien fue el afortunado
    Irene

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué pocos! y menos mal que son microrrelatos, que si son relatos largos...

    A ver si sube la participación en estos eventos (y lo dice uno que no ha podido participar en los últimos, pero no se lo digáis a nadie...)

    ResponderEliminar

Bienvenido Radiolector. Estamos encantados de recibir tu mensaje. Solo te pedimos que no publiques spam raro de ese y que seas respetuoso con todo el mundo. Saludos desde las Almenas.