La Navidad de Juliancito


El frío era el pan nuestro de cada día para Julián. Por las mañanas, apenas con los primeros rayos del sol, salía de su escondite nocturno donde se la había pasado tiritando, para que algo de ese calorcito incipiente y mañanero, le llegara al menos a sus huesos, pues el estómago... ¡ese era otro cantar!

Desconocía las estadísticas. Ignoraba que miles de niños como él poblaban los alcantarillados, los bajos de los puentes y alguna que otra casa abandonada y a punto de caerse. Apenas sabií de sus compañeros o vecinos, según fuera la distancia que los separaba, cuando en las noches buscaban refugio por el barrio, ya que en lo particular, jamás se aventuraba fuera de las 10 ò 12 calles que conocía, y tenía dos poderosas razones para ello; una la desconfianza y miedo que le inspiraban algunos de los chicos de los otros barrios, y otra, la mas importante, que no había olvidado las palabras de su madre. No te muevas de aquí, pronto vengo por ti... De eso, según sus cuentas, hacía más de un año.

Conservaba en su bolsillo, bien doblado y envuelto en un pedazo de plástico, restos de alguna bolsa recogida de la calle, el papel que su madre le había entregado, junto con un billete de 20 Pesos –es todo lo que me queda -donde estaban escritos su nombre completo: Julián Sandoval Pérez, con su fecha de nacimiento. Por eso sabía que tenía 10 años, y el de su madre, Guadalupe Pèrez. Nada más, ni lugar de nacimiento, ni nombre del padre o algún otro detalle que le sirviera para, aunque fuera preguntando, llegar donde ella. De vez en cuando se informaba con alguno de los muchachos mayores en qué fecha estaban, así sabía que después que su madre lo dejó en aquélla esquina, había cumplido años, con hoy, dos veces. Ella, que siempre lo llamaba Juliancito, le había dicho: Hijo en unos pocos días vas a cumplir nueve años; antes de esa fecha habré regresado.

Cada mañana se acercaba a Dña. Chona, que vendía su café de olla por allí cerca, para que le diera... tantito para el friyito doña... y ella, que seguramente era poco menos pobre que muchos de aquéllos chamacos, tenía sin embargo una sonrisa, un poquito de café, y cuando las cosas no iban tan peor, un taquito.

- Hoy es mi cumple doña... ¿como la ve?
-¿De veras m´jito?... ¿y cuantos?
- Diez, doña, hoy cumplo mis diez años...ya estoy grande...
-¡Ah, pos si!, y como hoy es tu cumple, te mereces como mínimo dos tacos...
-No doña, no se fije... yo como quiera...
- Es mi gusto... tenga sus dos tacos... ¡faltaba mas!

Julián se dijo mientras caminaba calle abajo, para ponerse en la esquina donde trataba de limpiar los vidrios de algunos coches para sacar su sustento... -Bueno, el desayuno lo libré, vamos a ver qué pasa el resto del día.

Tenía muy clara la imagen de un pequeño apartamento donde su madre y él vivían, y allá muy lejos en su mente, creía recordar la presencia de un hombre, alguien que alguna vez le pasó la mano por la cabeza, como en señal de una débil caricia. Lo más nítido de sus recuerdos, quizás porque era una de las cosas que más extrañaba, era la escuela, aunque no sabía dónde se ubicaba. Incluso podía recordar los nombres de varios de sus compañeros. Gracias a que había cursado hasta 4º. Grado era que podía leer regularmente, así que a cada ratito pasaba y repasaba el papelito que conservaba en sus bolsillos, y además le servía este conocimiento para ayudar a algunos de sus amigos de la calle, que solo distinguían los autobuses por el color; él no, él podía leerles los lugares de destino.

Se acerca la Navidad... otra vez, decía uno de ellos... y como el año pasado, el anterior y el otro, lo vamos a pasar con frío y tal vez hasta con hambre... aunque Dña. Chonita me dijo en la mañana que si podía nos acercaba alguito para comer, aunque fuera a nosotros tres, que siempre andamos juntos. Ojalá, respondió Julián... Mi mamá siempre hablaba de los milagros de la Navidad, aunque aún no he visto ninguno...

Ese día hizo el mismo recorrido de diario, comenzando por el cafecito – con ese sabía que podía contar- pensando que como era una fecha especial tal vez encontraría más vidrios para limpiar, o la gente sería más generosa. Ya el día anterior una señora, mientras le daba una limpiadita a su coche, le había regalado una chamarra bien abrigadora -es que a mi hijo ya le queda pequeña, pero todavía está nueva- que él había agradecido en el alma, porque lo ayudaba a sobrellevar mejor la intemperie. Se la abrochó bien, con el cierre subido hasta el cuello, por si otro chamaco mas grande quería robársela, que no le fuera tan fácil quitársela de encima...

Cuando regresaba a su lugar para descansar, Dña. Chonita estaba parada en la esquina, y no más lo vio, comenzó a hacerle señas llamándolo casi a gritos... ¡chamaco...chamaco!

- Mira m`ijito...desde la mañana andan unos señores preguntando por un tal Julián Sandoval Pérez... Yo no les dije que te conocía... ¿porque ese es tu nombre, verdad?
- Sí doña, sí... ¿no sería mi mamá? Julián dijo esto con los ojos iluminados por la emoción...
- No, te digo que eran unos hombres, en un tremendo coche... lujoso... Les dije que investigaría con los demás niños...y que si querían pasar mañana... Les pregunté de qué se trataba, y me respondieron que su familia lo buscaba... Pero ya sabes, con tanto roba chicos que hay por ahí... me dio desconfianza...
- ¿Mi familia?, segurito es mi mamá... pero eso del coche lujoso...

No más llegó a su refugio -así lo llamaban- le contó a sus dos compañeros este asunto. Ellos ya un poco más grandes, y con más tiempo de vivir en la calle, le dijeron: Mira carnal...nosotros te acompañamos mañana... Quién quita y si te estén buscando de a de veras... y si se trata de alguna tranza... pues con los tres no van a poder...

Julián no pudo pegar un ojo en toda la noche. En los ratitos en que el sueño lo vencía, veía a su mamá vestida elegantemente, como esas maniquíes de los escaparates de las tiendas, que corría hacía él, abrazándolo y llorando, diciéndole... Juliancito... Juliancito...

Esa mañana llegaron los tres juntos por el cafecito con Dña. Chona, quien, disimuladamente, les señaló unas personas que estaban de pie al lado de un coche estacionado en la esquina. Lo más raro, una patrulla policial también se encontraba en el lugar... híjole, dijo uno de los muchachos, también los tombos están ahí...

Dña. Chona les hizo una señal a la personas, quienes se acercaron al puestecito de café.

Uno de estos chamacos puede ser el que Uds. buscan les dijo, pero quiero saber de qué se trata esto... Al mismo tiempo, de la patrulla policial había descendido una señora que se identificó como del DIF. Antes de mediar palabra, un hombre joven, no mas de unos 35 años, mirando hacia Julián, le dijo...

- Por la edad, tú debes ser Juliancito, ¿verdad?
- El niño al escuchar ese nombre, preguntó de inmediato... ¿Ud. conoce a mi mamá?
- Por dios santo... ¡es mi hijo!
- Haber... haber... dijo la representante del DIF... ¿Sabes cual es tu nombre completo?
- Y Juliancito, metiéndose la mano al bolsillo, sacó su muy arrugado papel y se lo entregó...
- El que se decía su padre prácticamente se lo arrebató diciendo, tal cual como dijo Lupita... que el niño tendría en el bolsillo un papel con sus datos...
- Hijo, yo soy Julián Sandoval, tu padre...
- ¿Y mi mamá... y mi mamá?
- Ven conmigo, camino de casa te contaré todo en detalle.

Bien Sr. Sandoval, dijo la representante del DIF, pero sabe que este asunto debe formalizarse, incluyendo realizarles a ambos una prueba de ADN...

Sí claro, señorita, todos los requisitos serán cumplidos...

Mientras caminaban a sus autos, no se dieron cuenta que Juliancito se había quedado parado, sin dar ni un paso...

- Juliancito, hijo... ¿Por qué no vienes?
- No me voy a ningún lado sin mis amigos...
- Por supuesto hijo, disculpa... vengan muchachos, por favor...
- A lo que Juliancito mirándolos les dijo ¿conque una Navidad con hambre, eh?...¡ Ahora siq ue creo en los milagros!...

Como por arte de magia, en el mes de febrero del año 2011, la generosa señora que humildemente vendía su cafecito de olla en la esquina, inauguraba su negocio con el pomposo nombre de Dña. Chona´s Cafè y Pastel.

¿La mamá de Juliancito?, bueno, esa es otra historia...




Adelfa Martìn
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1 comentarios:

  1. Como siempre, muy agradecida por apoyar mis escritos, mis afectuosos saludos y mejores deseos para el 2011, que ojalà nos sea mas benèvolo...

    abrazos

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