Microrrelatos contra la Violencia de Género


Bajo mis ramas

Mientras él me talaba yo sacaba ramas nuevas, invisibles, que no pudiera cortar a su antojo para dejarme hecha un tronco inmóvil y feo.

Cuando él salía a trabajar yo me disfrazaba para ir a la calle. Con las clases de teatro, conseguí seguir siendo para él la que empequeñecía con cada palabra y cada hostia.

Contraté a una entrenadora personal que me hiciera fuerte y mejorara mi musculatura bajo la misma complexión de siempre.

Las demás ramas las hice crecer yo sola, esperar el momento, medir las palabras hasta conseguir las perfectas para la última conversación.

Llegó el día, vi la oportunidad y no la dejé pasar, me sentía fuerte y calmada, y con ganas de ser yo por fin.

Él llegaba enfadado del trabajo, y tenía su árbol talado para aguantarle toda la mierda. Cuando empezó yo le fui envolviendo con mis ramas invisibles, intentó desasirse pero era más débil que yo, entonces trató de darme miedo con su voz, ahora temblorosa, y al escucharme, mis palabras le quemaron las entrañas, enmudecido y pequeño cayó ardiendo a mi lado. Me aparté mientras se quemaba, después saqué la escoba y barrí sus cenizas.

Anita Dinamita


Buen Provecho

—¡El botón grande! ¡Que no te enteras! –vociferó con el agua a la altura del pecho—. Encima de que te traigo a Cancún… En casa encerrada te tenía que haber dejado. ¡Es que eres inútil hasta para disparar una cámara!

—Pero… —titubeó desde la orilla con cara de susto.

—¿Qué coño va a ser peligroso? –gritó—. Eso lo dicen para asustar a cuatro idiotas como tú. ¡A ver si no voy a poder tener ni una foto para enseñar a los colegas bañándome en el Caribe!

—Un segundo –pidió ella levantando un dedo.

—¡Espabila!

Otro dedito… y tres… Lo justo para encuadrar de cine la aleta dorsal del tiburón toro que se acercaba por detrás.

Olivia Ardey


El Amor De Mi Vida

El noviazgo dulceamargo, abrumador. Él siempre sugería a dónde salir o qué hacer; ella aceptaba. Para qué discutir por nimiedades.

Dos años se deshilacharon… diluyó amigas y amigos, “malas influencias”, él lo noto primero, “¡Gracias a Dios es tan agudo y me protege tanto!”. Pensó, aliviada al no tener que tomar una decisión por sí misma.

Hacían el amor, clamaba él, sudoroso y firme; a ella le daba igual, si no fuera por la culpa que sentía cerca de sus padres, pero ¿Acaso era mucho pedir un poco de placer cuando se le entregaba tanto amor y atención?

La boda, en los periódicos de más tiraje, bellísima novia. Ambos trabajaban, no era macho, un joven excelente, le daba espacio.

Tuvieron hijos, cuantos él quiso, se educaron, a su modo. Ella trabajaba, atendía casa, niños, y estaba dispuesta y hermosa para él cada noche, una mujer dinámica, claro.

Se agotó, envejeció, lloraba por todo, sin amigos, diversiones, ideas, ni convicciones, sólo las de él. La angustia le escurría por la cara.

Cuando alguien preguntaba por qué esas ojeras respondía, “Me he sentido perdida, pero lo voy superando gracias a mi esposo, el amor de mi vida, nunca, nunca me deja sola”.

Marcela Patricia Quiñones González


El refugio de María

Los insultos, los golpes y los gritos volvían a empapelar la casa. María, tapándose los oídos, fue corriendo a encerrarse en su cuarto. Buscó sus lápices de colores y en un papel en blanco pintó un enorme arco iris. Esbozó una sonrisa. Dibujó una casa roja con hermosas ventanas azules, y una puerta abierta por la que entrar a refugiarse. En el jardín, plantó un cartel prohibiendo la entrada de adultos. Despacio, introdujo primero un pie, después el otro y, finalmente, el resto de su pequeño cuerpo. Cerró la puerta. Allá dentro, los sonidos se quedaron mudos, y se sumergió en el más feliz de los sigilos. Al rato, entró su padre en el dormitorio a buscarla, arrugando el dibujo con furia y tirándolo al suelo. En ese instante los llantos perdieron su afonía y volvieron a retumbar las paredes. Se abrió la puerta del armario y una voz ronca le dijo: -María, mamá se ha caído, nos vamos al hospital.

Maite García de Vicuña


Háblame de luces y palabras

Cuéntame como el viento es de terciopelo y el mar de cristal en movimiento. Acaricia mi nuca y susúrrame muy bajito… tan bajito que así crea escucharte en esta celda mía.

Necesito que me tranquilices con tus besos, que me calmes esta tortura que me estruja.

Toma mi mano, acompáñame en este postrer paseo, y canta a mi oído nuestra canción, que no escuche los cerrojos, ni sus pasos firmes, ni los míos, arrastrados.

Solo necesito sentir cerca tu aliento, el hálito que siempre quise solo para mí. El roce apagado de tus labios tras mi oreja.

Pero no me mires… no quiero ver tu rostro ensangrentado. ¿Ves? Así. Como yo. Yo no levanto la mirada. Sabes que no soy culpable, sabes que fuiste tú, tú la que me obligaste. ¡Yo te quería! ¡Te quería tanto!

Abrázame fuerte, muy fuerte, destroza mi sangre con tu alma de fantasma. Yo me dejo…

No, no me tengas miedo… ya no puedo hacerte daño.

Rocío Ordóñez


Maltrato

Tras varios incidentes de lesiones el caso acabó en el juzgado, el magistrado ordenó el alejamiento perpetuo de la parte agresora, a pesar de todo el alma errante sigue visitando su cuerpo en coma.

Breve estudio de las especies

-Ese tic tac que escuchamos hace rato se va acelerando al ritmo que crece la atracción de la hembra por el macho. En esta curiosa especie, la hembra elige normalmente al macho con el que aparearse, no siguiendo un mismo patrón de conducta, se aparea esporádicamente con machos jóvenes y fuertes, pero la cría y convivencia la efectúa junto a otro espécimen más obeso y rutinario. En ocasiones podemos comprobar con horror como éste último termina cruelmente con la vida de la hembra, aún no comprendemos el porqué de esta sinrazón.

Y ahora analizaremos con profundidad otra especie de similares costumbres habitante del planeta tierra, el Humano…

Mágica ensoñación

Sara sueña que es feliz. Al cerrar sus ojos verdes, infinidad de sueños de colores flotan sobre las lágrimas que cubren la piel de sus mejillas.

Dibujando una estela trasparente, el aura multicolor se ondula al volar sobre la delicada redondez de su nariz, atraviesa los rizos de su pelo colorado, roza por un segundo las comisuras de sus labios consiguiendo matizar una sonrisa y acaricia los pequeños lóbulos de sus orejas, provocando agradables cosquilleos que logran extender el bienestar a lo largo de su cuerpo…

Al despertar, toda aquella ilusión mágica, cargada de sensaciones confortables, se desvanece, de nuevo desaparece tras la oscura sombra que, inmóvil y amenazante, desabrocha la hebilla plateada del siniestro cinturón.

Gotzon

Monstruo

Estaba tan preocupada por los monstruos que imaginaba bajo su cama, que no se dio cuenta cuándo el príncipe con el que dormía se convirtió en uno.

David Figueroa

No quieres que me enfade

Se enciende la luz, parpadea antes de convertirse en un foco fijo que ilumina la escena. La mujer intenta abrirse paso entre la niebla que vela su mirada; siente que es un peso inerte, como si una gran plomada lastrara sus pasos. Quiere patalear, protestar, incluso gritar, pero algo parecido al miedo le paraliza los miembros y le cierra la garganta.

-Shhhhhh…. – Silencio, un murmullo vertido en sus oídos. –Tú no quieres que me enfade, ¿verdad? –Recuerda sus palabras como un trueno que retumbando en la noche.

Palpa con la mano la mesilla de noche. Ha sonado otra vez; es un zumbido que penetra en lo más profundo de su cerebro, como un estilete que ataca directamente a su sistema nervioso.

Con mano temblorosa abre la bandeja de entrada. Tú no quieres que me enfade ¿verdad? Las palabras caen una a una sobre su conciencia, como una lápida mortuoria de negro mármol.

Consigue incorporarse. Siente el sabor salobre de sus propias lágrimas trazando un surco de dolor en la piel muerta. Se dirige a la ventana y la abre. Fuera, la ciudad palpita y bombea estertores de circulación.

Siente el cosquilleo acogedor del vacío, justo antes de quedar inconsciente.

Diego Castro Sánchez

Origen

En un principio hombre y mujer fueron uno, un equilibrio perfecto, en armonía... hasta que uno de ellos se planteó su condición. Pese a ser bello como sus hermanos y recibir el amor de su Padre, en su interior, en lo más profundo de su alma, este equilibrio se rompió y su parte masculina sometió con dolor y terror a la femenina. Tal hecho hirió el corazón de su Padre. Más tarde, otros le siguieron pues la rutina y bondad les hacía sentir inútiles a sus ojos. Desde entonces, hombre y mujer permanecieron separados, en una continua búsqueda por volver a ser uno solo. Aquellos ángeles que osaron rebelarse contra lo establecido fueron expulsados a lo más recóndito de la existencia. Allí establecieron sus propias leyes... leyes custodiadas por el primero que pecó, aquel conocido como Lucifer.

Sergi Orea Vilàs

Recuerda

Cuando cierren la puerta y me quede sola.

---Recuerda a papá que no tendrá que tirar mi ropa, ni romperme los bolsos ---

---Recuerda a papá que no iré a jugar a tenis con mis amigas---

---Recuerda a papá que hare lo que quiera para que no se enfade y no le molestare si quiere emborracharse---

---Recuerda a papá que ya no le voy a tener miedo---

----Recuerda a papá que ahora estoy tranquila ---

Pero tú, recuerda y no le perdones, ni olvides nunca, lo que ha llegado a hacerme.

Alejandro Jesus Sanchez-Camacho Gutiérrez

Tras los cristales negros

Las gafas de sol que me trajo el tío Carmelo se convirtieron de inmediato en mi más mejor tesoro. ¡Era un regalo de mayores! Y Carlos se moriría de envidia cuando me viera entrar en clase con ellas. No me las quité en toda la mañana pero cuando fuimos a comer papá me dijo que era de mala educación andar con eso puesto en la mesa. Protesté un poco y le dije que mamá a veces llevaba gafas de sol en casa, incluso en el momento de cenar. Los dos se quedaron en silencio, él y ella, y yo decidí portarme bien. No conviene enfadar a mi padre.

Pablo Garcinuño

Una muerte de ventaja


Voy a matar a mi marido. Lo mataré esta misma noche. En sueños. Voy a dejar que me siga por ese callejón oscuro que conozco bien. Voy a incrustarle el tacón de mi zapato en el hueco que dejó su corazón. Voy a morderle el cuello y beberme su sangre negra, para escupírsela en la cara cuando le clave en el cráneo esta pluma. La misma pluma que estoy utilizando para escribir este juramento.

Voy a matarlo cada noche, porque si se me ocurriera denunciarle, me mataría a mí por última vez. Y quiero al menos poder tener una muerte de ventaja.


Víctor Pintado

El minotauro

Ya no me duele. Superé ese momento como antes olvidé las historias de unicornios y hadas madrinas, de igual modo que al crecer borré de mi mente los paseos por las nubes. Ya no siento los golpes. Me cuesta recordar el escozor de una herida o el sabor dulzón de la sangre y casi no distingo el ruido de las sacudidas que mi carne blanda ha amortiguado tantas veces. No me gusta la luz. De día el amarillo brilla y el azul chispea, prefiero las sombras porque los tonos se confunden, el amarillo se convierte entonces en púrpura, el azul en granate y las ronchas violetas de mi piel se disimulan.

Es por el encantamiento. Ese maldito hechizo que a él le convirtió en minotauro y a mí en la versión desteñida de lo que un día fui. Y no hay remedio. No existe la pócima mágica que me devuelva al hombre; tampoco la vida. No siento nada. Porque estoy muerta.

Teresa Hernández


Fuera de Concurso

La Luna como testigo

La luna era testigo directo de aquella dantesca imagen que se abría ante los ventanales del salón de la familia Pérez, y parecía quebrarse ante las manos ensangrentadas de aquel desalmado, sus huellas quedaron impresas en las cortinas beige. Aquella noche se ensañó con su mujer porque no tenía la cena puesta en la mesa, primero fueron insultos: zorra, inútil...y seguidamente la acuchilló en el cuello delante de su hijo de siete años, él cual lloraba desconsoladamente mientras se agazapaba en una esquina, buscando la oscuridad y el silencio. La mujer falleció desangrada. Juan que así se llamaba el pequeño recibió también varias patadas en la boca del estómago y perdió el conocimiento. Una vecina al escuchar los gritos decidió llamar a la policía de inmediato, no era la primera vez que le propinaba palizas a su mujer y a su hijo, tenía una orden de alejamiento, pero ninguno de los dos cumplió la orden y se veían siempre los fines de semana. El hombre al verse acorralado por la policía se tiró por el hueco de las escaleras y falleció. Juan volvió en sí, mientras unos brazos conocidos lo abrazaban.

-¿Abuela, me cuidarás?

La luna lloró de impotencia.

¡Basta de violencia a la mujer y a la infancia!

Silvia Ochoa Ayensa

Por defenderme

Nos conocimos con seis años, y jamás nos separamos uno del otro, él era mi alma gemela, mi media naranja…

Éramos tan felices juntos que comenzamos a salir… todo era perfecto ¡incluso nos casamos! Pero él, por motivos de trabajo, se tuvo que marchar fuera durante un año y cuando regresó… había cambiado…

Bebía demasiado… y me echaba la culpa por todo… lo peor no eran sus insultos… sino sus golpes y amenazas.

Ahora, tras años de golpes e insultos he acabado con mi sufrimiento. Me defendí de sus golpes y le maté. Fue un accidente, pero lo maté.

Ahora, sola y triste, os escribo desde la cárcel, donde llevo varios años por defenderme de un maltratador.

Qué injusta es la vida ¿no creéis?

Laura Morales Tejeda
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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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4 comentarios:

  1. Son todos unos trabajos excelentes, me alegro de haber participado en una iniciativa tan loable

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  2. Yo también me alegro de haber podido poner mi granito de arena y es un placer aparecer con amigos y autores de tan alta calidad. Mi enhorabuena para el ganador. Abrazos.

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  3. Ha sido un gustazo participar en esta iniciativa y un disfrute leer todos los relatos, cada uno en su estilo, ¡qué buenos todos! Y muchas gracias por la lectura dramatizada en el programa, me hizo una ilusión enorme cuando escuché mi BUEN PROVECHO. Un abrazo y feliz entrada de año.

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  4. Olivia, el verdadero gustazo es que a los creadores os guste cómo os leemos. Un saludo y enhorabuena a todos los escritores por vuestros estupendos microrrelatos.

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