Los escritores, esos seres tan particulares


Estoy dejando un rinconcito de la palabra escritora por donde escabullirme inadvertidamente; escurrirme así, como quien no quiere la cosa y sin que nadie lo note, porque apenas me atrevo a pronunciarla para mi sola, menos aún frente al espejo, y jamás ante otras personas. No me siento capaz de catalogarme como tal cosa.

Sin embargo, sí puedo decir que los escritores "¿somos?" esos seres que trabajamos horas y horas sabiendo de antemano que no tendremos recompensa material, que no seremos reconocidos en la calle (muchas veces ni los laureados), que no nos detendrán para pedirnos un autógrafo y que no nos veremos envueltos en ningún escándalo que amerite el acoso de los medios. Si acaso un escritor no famoso alguna vez es motivo de noticia, será porque con su poesía, artículo o libro hirió los sentimientos de algún político o influyente que odia que le saquen los trapitos al sol; y ahí sí, le puede ir en ello incluso la vida.

Solemos escribir cuando se es aún muy joven y sin responsabilidades, cuando hemos criado una familia, o robándole el tiempo al descanso subrepticiamente, ya que para cumplir con las obligaciones de poner en la mesa el pan nuestro de cada día, hay que tener “un trabajo de verdad”. Pero somos tercos, y lo que ignoran los que se niegan a recibir nuestros manuscritos, a leernos –porque ...¡quién es ese-esa!- es que escribimos porque no sabríamos vivir sin hacerlo, porque desahogamos penas propias y sobre todo ajenas, gritando a voz en cuello los atropellos que nos rodean, producto de una sociedad cada vez mas injusta y desigual.

Escribimos porque nos conmueven especialmente las canalladas, la indiferencia y los terribles pecados de omisión de gobiernos, poderosos y gente común, sin que nos importen latitudes, razas o motivos; solo vemos a los muertos, heridos, hambrunas, tráficos humanos, xenofobia, y la explotación del hombre por el hombre, sabiendo que si callamos moriremos asfixiados; ahogados en nuestra propia impotencia.

Por eso el escritor-a, carga silenciosamente con la humana decepción de saber que jamás su obra será conocida masivamente, pero con la satisfacción de que por allí, en algún cajón polvoriento, tal vez en un blog o en las modernas redes sociales; en viejos cuadernos que descubren quizás los nietos, ha dejado plasmada en forma valiente y generalmente sin medir consecuencias personales, su sentir y su opinión, dichas con claridad, sin vender su pensamiento, y poniendo los puntos sobre las íes...


Adelfa Martín
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4 comentarios:

  1. Has dado en el clavo, que tan dolorosamente se hunde en nosotros, los escritores en la sombra.
    Pero como dieces..."somos tercos"...
    Seguiremos escribiendo y dando lo mejor de nosotros en cada frase, alzando la bandera del optimismo.
    Gracias por el articulo, es muy bueno.

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  2. OSCURA FORASTERA, mil gracias. Ni siquiera fue una idea que "brillara" de pronto en mi mente, sino mas bien una reflexiòn a partir de un comentario de un escritor venezolano que leì en Letralia, y un artìculo de El Paìs que hablaba sobre los escritores fantasma.

    Mis cordiales saludos

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  3. Yo creo que además hay una parte de adicción incontenible, a mi me pasa, interesante artículo
    Saludos
    JUan

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  4. ES MÀS FÀCIL...ahhhh, eso que ni que!, definitivamente es una maravillosa droga que estarìamos dispuestos a compartir con quien la quisiera...
    mis cordiales saludos, y gracias...

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