Los Viejos Papeles

El autor de esta novela, David G. Panadero, es un auténtico apasionado de las novelas populares (esa literatura pulp que tanto éxito tuvo en la España de los tiempos de Franco), al menos eso es lo que nos confesó el día que habló con nosotros en Castillos en el Aire y aunque él mismo también nos dijo que a día de hoy parece imposible escribir una de esas novelas tan entretenidas y que tan buenos ratos hacían pasar a los españolitos de a pie, escritas por escritores españoles cobijados bajo nombres de reminiscencias norteamericanas, se había propuesto escribir una de esas novelas.

Pues bien. Un formato parecido, una portada moderna pero con retazos de otros tiempos, una novela corta y muy sencilla de leer… todo, a primera vista, hace suponer que al final David ha conseguido escribir una de esas “novelas de a duro”, que se compraban o alquilaban en kioscos, mercadillos y en lugares de lo más variopinto. Pero, sintiéndolo mucho, he de afirmar con total rotundidad que el empeño de David ha sido un fracaso, ha sido incapaz de escribir una novela popular.

Sí, porque “Los viejos papeles” encierra mucho más que una historia facilona entre sus páginas. Porque la brevedad no sirve de excusa para contarnos algo sencillo y poco elaborado, o escrito a toda prisa, no. Por el contrario, esta pequeña novela (tanto en tamaño como en extensión) encierra en realidad una historia tan intrincada como divertida, tan sencilla de comprender como interesante y laboriosa.

La pasión por las novelas populares hace que el joven periodista Arturo Iglesias, contacte con Mateo Duque, un viejo escritor, desconocido para el común de los mortales, creador de toda una suerte de esas novelas que Arturo lee y colecciona desde niño. Poco a poco la relación entre Mateo y Arturo comienza a desencadenar una serie de acontecimientos que son imposibles de frenar una vez puestos en marcha.

No os cuento mucho más, solo que está escrita de una manera ágil y sin demasiadas puestas en escena artificiosas. David sabe ir al grano, algo que se nota desde el principio de la lectura. Ya os digo yo que esta novela es corta, pero se hace más corta aún. Es intensa y emocionante, encierra un par de misterios y se lee de un tirón.

¿Qué más necesitáis para correr a compraros un libro? ¡Ah! Es verdad. El precio, al ser una edición de bolsillo, además de todo es barato ¿Quién dijo que no quedaban novelas de esas de a peseta?
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