A mi musa esquiva...

Te escribo esta carta ahora que ya estoy lejos de ti y no puedo arrepentirme de mis actos. Sé que nunca llegará hasta tus manos y que nunca arrancará un sollozo de tu alma, sé que no la leerás nunca y que no conocerás jamás mis sentimientos, pero créeme, es mejor así, es mejor que no llegues a saber por qué me fui. Y aunque no la leas nunca, aunque no la aferres con fuerza y la emborrones con tus lágrimas, necesito escribirla, necesito gritar lo que te quiero, necesito desgarrar al fin mi pecho y contártelo, aunque no puedas oírme. Me encantaría estar a tu lado y susurrarte todo esto en la penumbra, abrazarte en silencio y sentir tu piel ardiente en mi mejilla. Notar tu respiración palpitante y tu sonrisa traviesa, saber que estás ahí, a mi lado, escuchando mi declaración de amor… pero soy un cobarde y no me he atrevido a contarte todo esto en persona por miedo a no ser capaz de hacer lo que debo. Por miedo a no ser capaz de marcharme y dejar que seas feliz lejos de mí.

Te quiero, siempre te he querido. Desde el mismo día en el que nos cruzamos en aquel pasillo atestado de gente y parecíamos estar solos, tú y yo y nuestras miradas cruzadas. Siempre te he querido. Desde el instituto. Y siento no haberme atrevido a decirlo nunca, no haber aprovechado tantos momentos a tu lado para confesarlo.

Sé que hubo un tiempo en el que también me quisiste, podía presentirlo cuando estabas cerca, entre nosotros había tejido un espejismo que nadie podía quebrantar. Tú y yo estábamos hechos el uno para el otro, lo sabía todo el mundo… excepto nosotros dos. Hace unos días recordé aquella fiesta en la que nos quedamos solos, en la que bailamos y reímos como nunca… con cualquier otra chica habría terminado enrollado, tirado en el parque o abrazados en un banco, pero contigo… contigo no podía hacerlo, eras mi amiga. Así que te acompañé a casa y te besé en la mejilla aunque me moría por besarte en los labios ¡Qué idiota! Ahora caigo en que nunca te he besado, aunque me muera día a día por no haber probado el néctar de tus labios. ¡He soñado tantas veces con tus labios!

Lo siento. Siente haberme ido lejos. Siento no haberme despedido de ti y, sobre todo, siento no haberte besado nunca ni haberte confesado mis sentimientos. Siento haberme casado con otra y haber dejado que tú también te casaras. Siento haber dejado que la rueda de la vida nos arrastrara. ¡No sabes cuánto te quiero! No puedes imaginarlo. Por eso me voy, porque quiero que seas feliz y sé que no podré conseguir que lo seas conmigo. Después de divorciarme pensé en llamarte, la verdad es que lo pensé muchas veces antes de mi divorcio… pero nunca lo hice y también te pido perdón por ello. Te quiero tanto que no quiero arrastrarte a una relación incierta. Porque sé cuánto me quieres y que vendrías conmigo si te lo pidiera… pero no sé durante cuánto tiempo sería capaz de mantenerme a tu lado. Creo que es cierto eso de que soy un irresponsable, como dice mi ex mujer a la menor oportunidad.

Sé que no leerás jamás esta carta ni sabrás dónde estoy. Solo espero que nunca llegues a saber todo lo que te amé, cuánto te he amado y cuánto te amaré en el futuro. Es mejor que no lo sepas, es mejor que no leas nunca esta carta, es mejor que seas feliz aunque yo me muera por besarte.

Adiós y perdóname por ese abrazo que nunca te llegué a ofrecer cuando lo necesitaste. Te quiero.


Javier Fernández Jiménez
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