Acto XIII


[Ruido de una puerta que se abre. Pasos. La puerta se cierra]

SILVIA: ¿Ves? ¡No era tan difícil!

JAVIER: [Divertido] Es verdad, hemos sido un poco tontos al no traspasar la puerta hace media hora. Mira que yo nunca he sido supersticioso, pero en cuanto hemos visto esa pintada en la puerta con una equis y tres palos...

SILVIA: Ya, el trece...

JAVIER: ¡Zape! Me dio mala espina.

SILVIA: Por eso tuvimos que dar todo ese rodeo por el pasillo.

JAVIER: ¿Cómo imaginar que al final de un pasillo de nosecuántos metros no había más que una pared? En fin, ya estamos aquí.

SILVIA: [Que parezca aterrorizada] ¡Oh, dios, dios, diosss míiio!

JAVIER: [Alarmado] ¿¡Qué has visto!?

SILVIA: [Eufórica] Son... Son... ¡dos neveras! ¡Y están llenas de...! ¡Comida!

JAVIER: [Tan feliz que no se lo cree] ¿Comida? ¡¡Comida!!

Silvia y Javier comieron por fin tras un día de sucesos traumáticos. Una nevera contenía los alimentos favoritos de Javier, la otra, los de Silvia. Entre las dos neveras, un mueble con frutos secos variados y conservas para el camino.

SILVIA: Esto ha sido cosa de nuestros dobles.

JAVIER: ¡Seguro! Aunque ahora que lo pienso... si fueran ellos, entonces significa que saben exactamente por dónde estamos yendo. ¿Y si en el fondo no somos más que unas ratas de laboratorio corriendo por un laberinto? Ni siquiera recordamos cómo hemos llegado hasta aquí. No hemos visto ni una sola ventana. Cada vez que...

[Pausa de silencio]

SILVIA: ¿Cada vez que qué?

JAVIER: Se me ha ocurrido, partiendo de la base de que somos ratones de laboratorio, que el perro que nos encontramos al principio de nuestro recorrido sea eso: un método de asustarnos para que no continuáramos por ahí. ¡Este sitio parece interminable porque hemos ido en la dirección contraria a la salida todo el rato!

SILVIA: ¿Que no continuáramos? Pero si estábamos encerrados, ¡era nuestra única salida!

JAVIER: Yo sólo estoy replanteándome todo en lo que puedo confiar... En la primera habitación había una pintada en la pared, ¿verdad?

SILVIA: Sí, eran dos palabras... Eran...

JAVIER: ¿Tú las recuerdas?

SILVIA: Sí, eran...

JAVIER: ¿Sí?

SILVIA: No me acuerdo.

JAVIER: ¡Yo tampoco me acuerdo! Lo que nos pasó después ha sido tan intenso que sólo recuerdo una cosa: era algo escrito en nuestro idioma, pero que aún así no lo entendíamos.

SILVIA: ¿Crees que si intentamos regresar a aquella sala encontraremos más respuestas?

JAVIER: Después de caminar por este pasillo al final del cual no había nada, creo muchas cosas. Podemos confiar en las grabaciones de David, pero todo esto es tan raro que... que debemos, que TENEMOS la responsabilidad de escuchar nuestro propio sentido crítico. Seguramente la pintada siga sin significar nada para nosotros, pero sí: ¡volvamos a la primera habitación!

[Ruido de portones abriéndose]


En ese momento, detrás de las neveras se abrieron unas compuertas camufladas que dejaron al descubierto un pasillo negro, al final del cual se adivinaba la luz del sol. Y en el suelo, unos metros delante de ellos, reflejando destellos solares, uno de los pequeños tornillos que David dejó como pista.

SILVIA: La salida...

JAVIER: O un laberinto aún mayor...


Un acto de Víctor Pintado
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