Microrrelatos medievales


Mimí, el ladronzuelo

Al verle, los vendedores ambulantes congregados en la plaza, vociferan: - ¡Ojo a la mercancía que está aquí el Mimí!.

Con sus raquíticos siete años, parece no importarle. Recoloca sus raídos ropajes y mostrando su sonrisa mellada, entre zalamerías a la criada y galanterías a la dama, consigue llevarles la cesta con la compra a casa. La deposita en el zaguán y extiende la mano mugrienta esperando la recompensa.

Exultante, regresa al mercado mostrando las monedas recibidas:

- Ramona, ¿tendría a bien, su merced, entregarme un pedazo de queso a cambio de estos dos maravedíes? La mujer, tras morder las monedas, le sirve generosamente.

- ¡No te lo comas de una sentá!

Mimi, avanza feliz entre los puestos de regreso a casa, mientras le ofrecen al paso:

- ¿No llevas pan?
- ¿Y repollos?
- ¡La miel más dulce, pá ti!

Él contesta orgulloso:
- No dejen. Ya voy tupió.

Y no miente él muy truhán, pues tras el triunfal paseíllo, sin saber cómo, su morral rebosa. Porque ladrón, es ladrón. Lo fueron su padre y su abuelo. Pero muy a gala tiene no poder mentir. Se lo jura a su madre, todas las mañanas, antes de salir de casa.

Celia Martínez Parra


Su espada de puño de cruz

Con su espada de puño de cruz luchaba mordiendo su aliento cebado por el odio, recreándose con la sangre derramada, mezclada con el sudor de su frente que mojaba el suelo polvoriento de este campo de Castilla.

Su pensamiento errante y vacío, nulo de sentimiento por la vida del ser humano. Sus labios sellados saboreaban el dulce beso de su amada que días antes regalo un presente tan suave como su piel .Todavía conservaba el olor de su perfume y adornaba su brazo musculoso deseoso de volver a su tierra allí donde el centeno verdea mezclándose con la armonía de sol y el cielo azul.

Los gritos de los infieles formaban la melodía del miedo que sonaba en los oídos de aquellos hombres que luchaban por orden de otros.

Luchaba y odiaba sin remedio sin pensar que no había razón para matar al de enfrente.

En el nombre de Dios utilizaba su sabiduría de la batalla .En el nombre de Dios quitaba la vida.

Extenuado y cegado miro a su alrededor observando la imagen dantesca que la muerte les había dejado .Su mente se abrió, maldijo y lloro de ver tanta barbarie.

Cansado y derrotado dejo la batalla en busca de su tierra donde el amor calmara la sin razón en estos tiempos de Edad Media.

Cerca del castillo rompió a llorar cómo un niño donde todavía tenía manchadas de rojo sangriento sus manos encallecidas.

Santiago Medina Carrillo


El dilema

Hace tiempo, mientras muchos hombres guerreaban entre si, otros cantaban maitines y otros cultivaban la tierra, una doncella en un su castillo, se pasaba los días cavilando sin descanso.

Su padre, el señor Conde de Macarronia, le había obligado a elegir marido, pues la dama tenía más de veinte años, y hora buena era ya de que estuviese casada.

Para ello, le había propuesto tres pretendientes: el marqués de Villaluz, el príncipe de Novolandía, y el duque de Quesiqueno.

Dichos pretendientes le habían ofrecido lo siguiente:

El marqués de Villaluz, le ofreció vivir siempre en su confortable y cariñosa compañía, alumbrando sus días de dicha y paz.

El príncipe de Novolandía, le ofreció enseñarle cada día nuevos conocimientos, vivir en una aventura constante.

El duque Quesiqueno, le ofreció pasar una temporadita de paz y otra de guerra, la calma y el riesgo.

Solo le quedaba una noche para decidirse…

A la mañana siguiente, al entrar el conde en su estancia, la halló vacía. También encontró un pergamino escrito con estas palabras:

“ ELIJO LA LIBERTAD “.

La dama jamás volvió a ser vista Se rumorea que un hechizo la convirtió en una brisa suave que todavía puede percibirse.

Pilar Lou Martín


El poeta herido

Roger paseó la mirada por el campo de batalla antes de caer exhausto. Le rodeaban cadáveres mutilados y hombres quejosos que pronto morirían. Como él. Tampoco él tenía mucho tiempo.

Había sido un caballero generoso que siempre cumplió con sus deberes feudales, hizo la guerra a los infieles sin cuartel y jamás faltó a su palabra ni a sus obligaciones religiosas. Pero ese día su Dios cambió de bando y los suyos huyeron olvidando recoger los restos del ejército. Su inquebrantable fe se había agujereado, igual que su cota de malla al ser traspasada por la flecha; su costado rezumaba sangre.

Un buitre voló en círculo sobre su cabeza augurando la escena que tendría lugar en breve; también llegarían otros carroñeros, aquéllos que les despojarían de sus prendas, de sus armas.

Casi anochecía cuando reconoció al caballo. Lo llamó con un hilo de voz y el animal, obediente, se inclinó a su lado. Con un esfuerzo supremo se incorporó y rebuscó en la manta que le cubría el lomo. Allí estaba la pluma y el pergamino. Quizá aún podría dedicarle un último poema. Hundió la pluma en sus costillas para impregnarla de tinta púrpura. “Señora mía…”

Teresa Hernández


La torre de Londres

Nos encontrábamos en Londres, hoy tocaba visitar la torre, tenía dos entradas principales, la principal y la conocida como puerta de los Traidores, a pesar de que íbamos con guía, a mi me gustaba explorar, adentrarme yo solita en la historia, y de esa manera me adentré yo sola en la Torre de Beauchamp, donde apareció sorprendentemente una guía, yo huía de ellas, pero esta era algo especial, vestía de época como si de un teatro medieval se hubiese escapado, lo vi distinto, original y la seguí, pero no solo la seguí, sino la escuché pues sin que yo dijera nada empezó a contarme una historia como si fuera un cuentacuentos, me fui asombrada de tal manera que cuando terminó el recorrido…

- Esperamos que hayan disfrutado de la vista
- Si, y mucho, pero lo que me ha gustado ha sido la representación de la actriz que tienen contratada en una de las torres para hacer de Ana Bolena, me ha contado toda la historia, pero lo que mas me ha impresionado ha sido la escenografita para desaparecer en cuanto me he descuidado.
- Perdone señorita, pero no tenemos ninguna actriz contratada salvo los guías que han ido llevando

Marse Sobrino


La Espada Legendaria

Se acercó lentamente, poniendo en cada paso el máximo esmero, como si la enorme piedra fuera a escaparse al mínimo desliz de su tembloroso andar. ¿Sería aquella espada clavada la espada legendaria? El brillo que emanaba de su interior así parecía indicarlo, los reflejos en el metal dotaban a la hoja de una belleza innegable. Aún así, sus esperanzas eran nulas: sabía de la leyenda y la dificultad de extraer el arma con sus manos... ¿cómo podría llegar a ser el nuevo rey un pobre desdichado como él? Decidió que intentarlo le dejaría en el mismo estatus de inmundicia en el que vivía, y apoyando el pie en la roca, tiró con todas sus fuerzas hacia arriba. Su sorpresa fue inconmensurable: cayó al suelo portando la espada en sus manos. Apenas tuvo tiempo de disfrutar su gesta, pues detrás de unos matorrales salió un hombre, haciendo aspavientos con una mano mientras intentaba con otra subir sus pantalones.

- ¡Malditos ladrones! ¡Devuélveme mi espada! ¡En este maldito reino no puede uno ni orinar tranquilo!

Soltó el arma y salió corriendo ante el temor del castigo por su equivocación.

- ¡Necesitamos un nuevo rey! – gritaba el hombre mientras recogía su candil de detrás de la roca.

Vicente Ponce López
Microrrelato ganador del concurso
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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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