Concurso de Microrrelatos IV Feria del Libro Sierra Oeste de Madrid


El ciego que leía cartas de amor

Cuando su esposa falleció… terminó de perder la vista. Un alma caritativa tuvo la paciencia de enseñarle el método Braille a un hombre prematuramente envejecido que portaba a su espalda una joroba de soledad dura como una concha de tortuga. En severa soledad, el invidente recopiló cuentos de amor de García Márquez, Horacio Quiroga, Ramón María del Valle, y, de tantos otros. Los apiló e hizo con ellos un atado. Se marchó a la selva húmeda y abstrusa viendo como su barba crecía ensortijadamente blanca entre las cataratas de agua cristalina, entre aquellos cuentos de amor. Pasó el tiempo…, sus yemas perdieron las huellas entre las hojas de los cuentos…, entre las hojas gigantes de los árboles robustos. El anhelo de poder contar algún día los cuentos a su amada le permitía sacar fuerzas de flaqueza para continuar con su odisea, memorizándolos. Cuando acabó el último cuento de la pila, del atado, le volvió la luz de cuarzo a los ojos esperanza y, reverente, admiró a su mujer que, nadaba como una sirena embelesadora, allí en el mismísimo mar del Paraíso.

Ginés Mulero Caparrós


El niño

Siempre me han dado miedo los niños. Bueno, miedo no, pero no son lo mío, no sé tratarles. Y aquí estoy, con este extraño niño en la puerta de mi casa. No entra, ni investiga. Se limita a quedarse allí y mirarme fijamente como un gato. 

No sé qué hacer con él. Ni siquiera sé cómo he llegado a esta situación. Bueno, sí lo sé. Mi guapo vecino (con el que llevo coqueteando meses) me pide un favor y acepto sin dudarlo. Pero claro, pensaba que me pediría un poco de sal, o que bajara la música, no que sacara a su sobrino de detrás del hueco del ascensor y me pidiera que le cuide mientras él asiste al funeral de su hermana y su cuñado. 

Hago de tripas corazón y me acerco al pobre muchacho.

- Vamos, pasa –digo en tono neutro - ¿te gusta la pizza?

Déborah F. Muñoz


La luz de los recuerdos

Había cumplido veintinueve años el mismo día en que el hombre llegó a la Luna. Vio el reportaje y se lo creyó. Mientras se sentaba a la mesa para ojear el periódico y desayunar, el primer rayo de sol se abrió paso entre un celaje de nubes e iluminó su rostro. Su cerebro inició una actividad inusitada: pasaron por su mente muchos hermosos amaneceres y tristes atardeceres. Buenos y malos recuerdos iban y venían como si se tratara de las olas de un mar a veces tranquilo, a veces impetuoso, a veces terrible. Amores y desamores causantes de hondas huellas que creía enterrados en lo más profundo de su memoria volvían a su mente. Como si quisieran rebelarse y salir de aquel reducto donde su voluntad consciente les había colocado. La sombra de una nube que se interpuso ante el sol le devolvió a la realidad. Miró a su alrededor, se fijó en la fecha del periódico: 20 de julio de 2010. Lentamente se levantó, se colocó ante un espejo, se miró a sí mismo y sonrió.

Bastián de San Julián


Un encargo espinoso

Nunca fue amante de los animales, toleraba muy mal a los bichos. El mordisco de un asno pendenciero tuvo la culpa de su pulgar torcido irreparablemente. Tampoco le gustaban los días lluviosos, prefería el ambiente seco y sacudirse el polvo del camino a andar embarrado entre los charcos. Ni siquiera era buen carpintero, el último encargo había resultado un fiasco, una auténtica chapuza. No era su culpa, él nunca había construido una barca y menos de esas dimensiones. Por eso andaba con un humor de perros. Definitivamente aquella misión no era para él.

Un rugido feroz a su espalda le sacó de su ensimismamiento. Osos. No era aquélla tierra de plantígrados, ¿qué pintaban esos dos allí? Y mejor no hablar de los pájaros queztal…

Suspiró resignado rascándose la entrepierna y esperó inmóvil el estruendo del primer trueno; aguantó sentado hasta que el aguacero le empapó la calva. Ya no podía retrasarse más.

Noé se arremangó la túnica fastidiado y subió al arca.

Teresa Hernández


Pintura mojada

Sus manos dirigían con trazos firmes las pinturas que volaban sobre el papel. Repasaba con meticulosidad las curvas imposibles y los ángulos de vértigo de la femenina figura.

—¡Ay!
—Lo siento.
—Me has hecho daño.
—Te he dicho que lo siento.
—Lo has hecho a propósito.
—Te dije que no salieras a la terraza mientras llovía.
—Tu mundo es maravilloso. ¿Aún sigues enfadado?
—Estate quieta o te quedará la nariz torcida.
—Por lo menos no se ha estropeado la ropa; tuve la precaución de dejarla dentro.

Sonrió al ver cómo el rubor invadía el rostro del artista y decidió aprovechar la ventaja:

—Además… sé que no te disgustó tanto; crees que no me di cuenta de cómo me mirabas.

El pintor levantó su mano para evitar un borrón. Rebuscó en su caja de pinturas y sacó un lápiz de punta dura. Mientras lo hacía revolotear sobre los preciosos ojos verdes de la muchacha murmuró, como quien no le da importancia:

—Espera un momento… ¿Esto que estoy viendo no son patas de gallo?

Marcos Prieto


Nueva droga

Estudios científicos dicen que la nueva, criticada y controvertida droga legal que ha sacado al mercado la cosmopolita empresa de medicamentos Metic Comb, está siendo un éxito de ventas, a pesar de la prohibición de toda publicidad que se ha implantado en diversos países. Los consumidores la compran. De reducido tamaño y suministrada a través de Internet, millones de hogares ya la tienen como un medicamento más dentro de su botiquín.

Unos dicen que es la cura de todas las curas, otros por el contrario la llaman la nueva dictadura del siglo XXI. Científicos de todo el mundo catalogan la sustancia como el invento de los inventos y los gobiernos se frotan las manos con las ganancias de los impuestos, al tiempo que tiemblan por las futuras posibles consecuencias. ¿Será verdad que la era de la mentira ha comenzado su término?

Mientras esperamos los resultados que a largo plazo este logro científico nos ha traído, mediremos con cuentagotas las dosis suministradas en nuestros oídos.

Inventada en su origen como cura para el alcoholismo, tenemos entre manos el suero de la verdad, el polígrafo del evangelio y la abrupta sinceridad. Y que Dios nos coja confesados.

Irene Comendador


Tauromaquia

Murió honorablemente, le dijeron a la vaca.

Rocío de Juan Romero


Libros Y Mar

Me senté en la silla de playa con gusto, abrí mi libro, y leí.

Y así uno y otro día. Uno y otro libro. ¿Qué más se le puede pedir a un hombre ya jubilado? Entre los hombres de mi edad solo hay gruñones y ludópatas del mus, que se pasan los días encerrados en los bares de “abuelos” para llegar borrachines a casa, y recibir una bronca de sus esposas, si aún las conservan… ¿Qué vida era aquella? ¿Se podía comparar con la buena compañía de un buen libro? ¿El olor de las páginas, las letras y las ideas, mezclado con el inconfundible aroma que llega desde las profundidades del mar, salado y ácido, mientras ves como la luz del crepúsculo tiñe las páginas de tu libro, cada vez más oscuras?

Inspiro fuertemente el olor a arena mojada, a algas y a atardecer, cuando las últimas luces del día plagan las nubes del cielo de un color rosado… Es entonces cuando entras de lleno en la novela, y descubres de lleno el corazón del autor ante ti.

¿Que qué hago en invierno, entonces? Bueno, el mus no se me da nada mal.

José Miguel Barjola


¿Cómo te hiciste novio de mamá?

¿Que cómo me hice novio de tu madre? Me dijo: "Claro que saldré contigo, ¡cuando pasen trescientos años!" Y la mordí.

Víctor Pintado


La decisión

Antes de tomar una decisión, siempre cerraba los ojos. Buscaba con la imaginación una pradera cubierta de margaritas; arrancaba una, la besaba y se la ofrecía a un ser imaginario al que llamaba Yo consejero.

Se miró al espejo, la tristeza de su mirada, no turbó la elegancia de su rostro. Agarró con firmeza su maleta, el libro que la acababan de regalar y salió a hurtadillas de la casa. Estaba muy asustada, pero la firmeza de su decisión la ayudó a continuar. Atrás dejaba los malos tratos físicos y psicológicos que durante tanto tiempo había soportado por miedo y por lástima.

Eligió un destino al azar. Ya, sentada, mirando el paisaje por la ventanilla, los ojos se le llenaron de lágrimas ¡era libre! Podía mirar el verdor de los campos los viñedos, cuyas ramas parecían viejos palos retorcidos y que después se llenarían de uvas. El cielo se dibujaba espléndido. El sol brillaba también para ella.

Buscaría un trabajo, la soledad no la asustaba. Nadie volvería a maltratarla. De eso estaba segura.

Secó sus ojos, arrancó la envoltura del libro, y mirando la portada, sus ojos inevitablemente, volvieron a llenarse de lágrimas, cuando leyó el título: “Libertad Total” (Krishnamurti)

Pilar Arias


En un rincón de mi mente

Se desató la lucha interior cuando todo parecía tranquilo y sosegado. Allí en aquel rincón de la mente la batalla era vital, necesaria, lo que se jugaba era mucha vida, sangre y grandes cantidades de despropósitos. Ganaban los menos indicados. Tomaban primeras líneas las bestias de la oscuridad y el desanimo. Pero no me daría por vencida, era una guerrera y mi labor en este mundo era luchar hasta morir, morir siempre luchando. Cada golpe, estocada y azote sonaban como furia liberada dentro del armazón de mi pecho. Cada vez más débil y al tiempo ensalzado mí ímpetu. Alientos fallidos y jadeos hirientes mecían las brisas de los confines de mi mente. La eficacia de los tullidos nervios menguaba y perdían terreno. No dejaría que la guerra finalizara en rendición, atacaría con potencia, hasta perecer contemplando un horizonte de futuro incierto, luchando por alcanzar una vida mejor. La muerte no fue grata, ni valiente, ni nada; la muerte vino gozosa en manos de la enfermedad, mi terrible enemigo, perforando con ahínco la coraza de mi tórax compungido. Allí en un rincón de mi mente donde por desgracia, mi muerte había cobrado sentido.

Irene Comendador


La extraña

'Nadie pudo imaginar, cuando la vieron por primera vez, lo que escondía aquella criatura en apariencia frágil e inofensiva. Ninguno esperaba su llegada, así que la recibieron con sorpresa e incredulidad. Los presentes se miraron entre sí sin entender nada, pensando que allí no encajaría y duraría poco. Alguno incluso se frotó las manos al creer descubrir un blanco fácil del cual aprovecharse. ¡Cuán equivocados estaban! ¿Quién podía imaginar que al cabo de cuatro años la echarían tanto de menos?

Pasaron cinco meses hasta que dejó ver su genio. Y acostumbrados a la dulzura que normalmente irradiaba, más de uno se quedó petrificado ante su primer estallido de rabia y enfado. Ella era capaz de aguantar carros y carretas hasta que ya no podía más y como una bomba a presión explotaba. De su rostro desaparecieron la ternura de su mirada y la delicadeza de su sonrisa y de entre sus labios salieron sapos y culebras. Nadie recordaba entre aquellas paredes tamaña bordería. Y mientras ella se desahogaba, ninguno fue capaz de interrumpirla. Había llegado como un vendaval, arrasando todo a su paso y matando la calma a su alrededor. Y cuando sus ánimos se apaciguaron, entre miradas de asombro y mudas exclamaciones, todos se preguntaron si ella guardaría alguna otra sorpresa.'

Ana María Rubio Esteban


Microcosmos

Ella hablaba de libélulas y crisálidas. Yo, de protozoos y la fauna de los estanques. Nunca leía los e-mails que le escribía, pero me dibujaba mensajes con tizas de colores frente a la puerta de mi casa y yo añadía la respuesta en azul. El día que me declaré le hice llegar un bote con el microcosmos de su pantano preferido. Ella dibujó una mariposa azul en mi acera. Aún sigo interpretando su respuesta.

Rocío de Juan Romero


Amando el barro

Él tenía su pincel, sus brochas, sus colores y sus lienzos. Yo trabajaba directamente con las manos. 

Durante años experimentando todo tipo de expresiones artísticas, no encontré nada más gratificante que modelar el barro. El poder de esculpir de la nada las figuras y formas que veía en mi mente era poderoso y atrevido. Y también dejaba libertad a mi imaginación y a mi instinto. A veces tenía claro mi objetivo final, y en mi afán de perfeccionamiento, rehacía una y otra vez las figuras hasta que conseguía una copia exacta de lo que había visto, sin dibujos previos, sin bocetos, tan sólo guiándome por mi recuerdo. Pero en otras ocasiones simplemente me sentaba delante de un trozo de arcilla, o del torno, y tocaba y sentía el barro entre mis manos. Y me dejaba llevar. Y notaba cómo en momentos determinados, de forma sublime, mis dedos se entrelazaban y fundían con mis obras. Y era en ese instante, cuando me sentía viva.

Ana María Rubio Esteban


Higiene

La señora de la limpieza llegó puntualmente a las oficinas del banco. Abrió con su llave y de inmediato se puso a quitar el polvo con una bayeta. Pasó los estantes, las mesas y los monitores. Le sorprendió ver todavía a algunos empleados a esas horas. No eran de los que les gusta hacer horas extras. Aun así, no intercambió ninguna palabra con ellos por orden directa de su jefe. El tipo era muy estricto; le tenía prohibido hablar y perder el tiempo durante su jornada laboral. Así que siguió a lo suyo. Barrió y fregó a conciencia todos los despachos hasta dejar la sucursal bancaria más reluciente que un espejo. Luego fichó y se marchó. Y los dejó como los había encontrado; atados a las sillas, con una mordaza en la boca y la caja fuerte abierta de par en par, más limpia que los chorros del oro.

Rubén Gozalo
Microrrelato Ganador del Concurso


Las ondas en el espacio y en el tiempo

En la radio sonaba un vals, lo recuerda perfectamente. El muchacho tímido se alejó de los libros de biología y la invitó a bailar no creyendo que accedería. Cuando ella posó sus pechitos ardientes de entonces en su torso helado, una oleada de sangre le palpitó por las sienes, por los pómulos, y por el alma misma; la habitación dio vueltas y vueltas y el mundo cabalgó en círculos con ondas luminosas de música y poesía.

El vértigo de ahora de este viejecito -que también sube el volumen del audífono para escuchar la radio- viene de sus cervicales maltrechas, también del oído, pero él lo niega; en el tiempo, todavía quiere ensalzarla hasta un altar giratorio, hacia un cielo nocturno que es un tiovivo de estrellas.

Ginés Mulero Caparrós


Terapias alternativas

Le dolían terriblemente los pies, así que los puso en remojo en una nube.

¡Uf, que alivio!

Esto le permitió continuar su camino con los pies en la tierra…… Y anduvo y anduvo y anduvo preguntándose donde poner de remojo un alma bien maltrecha.

Teresa Delgado

La trinchera

Unos, estratégicamente parapetados detrás de una bolsa de gambas, otros pocos situados al fondo, justo detrás del corderito que esperaba la llegada de la cena de Nochevieja.

Cada noche llegaba un camarada nuevo a aquel enorme congelador, procedente del cajón de los juguetes y llevados allí sigilosamente por el más pequeño de la familia, de puntillas para no despertar al resto. El mismo cuidado con el que volvía a su habitación, mirando desafiante la vieja estufa que cada mañana encendía la abuela, orgulloso por haber salvado a otro de sus soldaditos de plomo de las llamas de aquel cacharro infernal.

Ángel Luis Fernández Redondo


1-J

"La plaza estaba a rebosar. Algunos sentados en el suelo, algunos de pie. Otros golpeaban cubos sin cesar, como queriendo llamar la atención. Algún grito acompañado de silenciosas manos levantadas. Muchos ojos vigilaban con cautela por si se daba el momento oportuno para intervenir e imponer su autoridad. El calor acrecentaba la pasión de todos los allí presentes, y el olor de la mezcla de alimentos era una seña de identidad inequívoca del emplazamiento. No había distinción alguna, ni por posición económica, ni por raza, ni por género,... allí todos eran iguales y todos tenían el mismo derecho. Daba igual lo que hubieran hecho durante el año, el día y la ocasión lo merecían: empezaban las vacaciones de verano y todos los niños las disfrutaban."

Vicente Ponce López


Gemma

Según la geometría, una línea es una sucesión continua de puntos interminables e infinitos, pero durante su recorrido lineal por aquel cuerpo, Luis los encontró todos: el punto de partida, algunos puntos de sutura, los varios puntos de vista, los dos puntos y por fin, el punto final o punto de ebullición. Solo entonces, llegado al final de su viaje, descubrió el punto débil de ella y en honor a su nombre lo llamó punto G

Patricia Pérez
Microrrelato Ganador Concurso


Dame la mano, amigo

Cuando era un niño chico, apenas había negros en España. Una vez de vacaciones en Valencia, paseábamos cerca de la playa y se me acercó sonriendo uno que vendía alfombras:

— ¡Hola! ¡Dame la mano, amigo!

Claro, yo le vi tan simpático que fui encantado a dársela, pero entonces vi algo chocante: sus palmas no eran negras como el resto, eran blancas. ¡Aquel tipo no era negro! ¡Me quería engañar!

— No, que la tienes sucia —respondí con ojos susceptibles.

Mi familia le pidió perdón y el hombre dijo riéndose que no pasaba nada. Arreglada la confusión, pudimos darnos la mano.

Víctor Pintado


Dos vidas unidas

Amar es vivir y vivir es amar yo siento eso cada vez que pienso como puede ser que me enamore de ti, tu sonrisa tus ojos tu mirada tu forma de ser hacen que seas distinto de los demás pero sea una diferencia buena especial que hace que cualquier chica se enamore de ti que se olvide de su pasado amoroso y deje libre ese lugar de su corazón para hacerle un gran sitio a tu amor.

Amarte quizá sea sufrimiento pero es sufrimiento placentero que hace que yo te diga que te quiero. ¡Ay! Amor cuanto te echo de menos sin verte todo para mí se convierte en veneno un veneno mortal sin antídoto en cualquier parte porque ese antídoto lo tienes solo tú y es el verte y sentir de nuevo tu amor y el veneno desaparece.

Jamás quiero perderte pero pienso que eso si pasara que algún día tu vida y la mía se separaran y no se volverán a encontrar para darse cariño la una a la otra y calmar ese veneno del que solo tú me puedes salvar yo moriría por el veneno que crecería mas cada día y sin ti yo no podría vivir.

Paula Soriano Torrejón


Puesta de Sol

La persistencia tenía recompensa; por fin había logrado una cita con la mujer de la que estuvo enamorado toda la vida. Al principio ella fue esquiva, pero él no cejó en su empeño. Siempre había imaginado cómo sería una primera cita y siguió con el plan que tantas veces había dibujado en su mente: un ramo de rosas frescas, difíciles de encontrar en unas condiciones tan calurosas; un paseo por las callejuelas de la ciudad recordando viejas historias de cuando eran niños; y para terminar, una comida en la ladera de un montículo cercano esperando al acontecimiento de aquella tarde.

–No tengas miedo, no durará mucho –dijo él mientras la agarraba fuertemente de la mano.

Y, sentados en la colina frente al Sol, juntos vieron cómo el astro rey, tornándose en supernova, iba engullendo poco a poco su mundo.

Miguel Ángel García


Rescate fortuito

No sé cómo llegué hasta aquí. Al principio fue complicado acostumbrarme a la soledad, pero pronto me fui adaptando a la tranquilidad de esta isla. Me empecé a aficionar al sol, al mar y a la frescura que daban las sombras de las palmeras. La comida no era un problema por la abundancia de cocos, plátanos y otras frutas. Incluso pescar era siempre exitoso para un profano como yo. Y las noches, eran todas estrelladas.

Los días pasaban plácidamente, hasta que en medio de una de mis rutinarias siestas, tumbado en una hamaca, me despertó un movimiento brusco de caída libre seguido de una ola gigantesca que arrasaba con todo lo que a su paso encontraba. Un segundo después, que pareció una eternidad, un estruendoso crujido de cristales casi me revienta los tímpanos. Mil fragmentos de cristal se esparcieron por el suelo del salón. Y con la boca abierta quedaron los miembros de mi familia cuando me vieron levantar del suelo, empapado, un poco mareado y con barba de meses, tantos como los que llevaba desaparecido en esta maltrecha bola de cristal.

David Moreno


Danza en el Viento

La atracción eléctrica de sus cuerpos los unió irremediablemente. Él de azul, ella de rojo, se juntaron en una suave danza al compás de la brisa del viento. La helicoidal silueta descrita por los bailarines parecía detener el tiempo a su alrededor, y aunque aquello tenía una inevitable fecha de caducidad, ese instante de apenas unos segundos pareció eterno.

Finalmente el baile tocó a su fin, separándose los dos para siempre. Pero, aunque las arrugas del tiempo les hizo caer en lugares muy distantes, los dos globos de colores habían sido felices al menos unos segundos.

Miguel Ángel García
La pareja

Ella estaba con él por su dinero. Él por su belleza. Quiso el tiempo llevarse consigo ambas cosas a la vez. Les queda el consuelo de tenerse el uno al otro.

Raúl Garcés Redondo


El callejón de los libros

Le habían dado unos pocos euros por las figuras que había cogido de una casa, cuya puerta había forzado con facilidad.

Se había ofendido cuando le ofrecieron un mísero euro por los libros y no aceptó el trato, pero luego le pesaron demasiado y acabó tirándolos por una alcantarilla.

La borrachera le hacía tambalearse mientras deambulaba por el barrio viejo.

Entró en un callejón. Creía recordar que otras noches había pasado por allí, pero sintió algo extraño en el ambiente. Notó movimiento, delante, a los lados, por arriba.

Parado, miró a su alrededor. Libros, muchos libros, por todas partes. Estupefacto por la sorpresa, empezó a sentirse intranquilo.

Vio como comenzaban a acercarse, le rodeaban, se echaban encima. Intentó recular y tropezó, cayendo encima de una pila de libros, que se desmoronó y le cubrió por completo.

Aterrorizado, notó como apenas podía respirar…

Selín


El final del cuento

Cuando el hacedor de cuentos se disponía a cerrar su taller a la hora de costumbre, las nueve de la noche, recibió la inesperada visita de un niño de unos diez años que llevaba un cerdito de barro entre las manos, como una ofrenda.

-¿Qué haces por aquí a estas horas, chaval? ¿Para qué traes esa hucha contigo?
-Estoy aquí para comprarle un cuento, y traigo el cerdito para poder pagarle.
-¿Un cuento para ti?
-No, para mis padres. No se soportan.
-Si no se soportan, no podré inspirarme en ellos para escribir un cuento con final feliz. Resultaría inverosímil, y yo sólo escribo cuentos verosímiles.
-Lo sé, señor; yo sólo quiero que me haga un cuento que tenga un final.

Salvador Robles Mirás
Microrrelato Ganador Concurso


Game Over

En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

El Generalísimo Franco.
Burgos 1º Abril 1939
GAME OVER
ARE YOU CONTINUE?
YES NOT

Raúl Garcés


El eco de la literatura

Le pareció oír unos pasos en el pasillo justo en el momento en que, en el exterior, se desencadenaba una aparatosa tormenta con relámpagos, truenos y rayos. El anciano, sentado en una butaca del salón de su casa, con un libro de cuentos entre las manos, sintió que un escalofrío le recorría la columna vertebral. Cuando aguzó el oído, se percató de que los pasos no eran tales, sino que el sonido lo hacía la lluvia al chocar contra las persianas de las ventanas. De repente, se fue la luz. El hombre cerró el libro y se repantingó en la butaca.

Al cabo de un rato, con la tormenta en lontananza, una vez vuelta la corriente eléctrica, el anciano abrió de nuevo el libro. Leyó: “La pareció oír unos pasos en el pasillo justo en el momento en que, en el exterior, se desencadenaba una aparatosa tormenta con relámpagos, truenos y rayos…”

Salvador Roble Mirás
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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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2 comentarios:

  1. Enhorabuena a los ganadores, uuufff, son relatos fantasticos sin duda, era una decisión dificil, pero muy acertada.
    Esa señora de la limpieza que es todo profesionalidad, genial. Ese punto cartografico tan bien diseñado y no siempre encontrado :$
    Y ese niño que pide el final de un martirio, sea cual sea, fantastico tambien
    Que consursos mas buenos que nos ofreceís
    Besos chicos

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  2. enhorabuena a los ganadores, los relatos eran geniales!

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