I Concurso Maeva de Microrrelatos "Histeriosos"


El Dorado

Por fin había descubierto uno de los secretos mejor guardados y más codiciados por la comunidad de arqueólogos de los últimos siglos. Durante años, sus compañeros de la universidad se burlaron de sus ideas tachándolo de excéntrico visionario. La expedición por la selva venezolana le había supuesto la venta de todos sus bienes en Nueva York, pues nadie quiso ser mecenas de un loco. Poco importaba ahora. El fabuloso tesoro de El Dorado se mostraba deslumbrante en todo su esplendor ante sus ojos, anegados por lágrimas de emoción. Toda su vida había anhelado el momento en que pudiera contemplar la inalcanzable extensión dorada que le rodeaba.

Sin embargo, una punzada de frustración empañaba aquel magnífico momento, pues descubrió que no había sido el primero en alcanzar aquel lugar. La gloria del hallazgo pertenecía sin duda al propietario de alguno de aquellos esqueletos momificados que se esparcían a su alrededor. Algún día, puede que otro explorador con grandes sueños encontrase también su cadáver, seco y ensartado en la mortífera trampa en que, uno a uno, habían ido cayendo todos al entrar en la sala. Ojalá mis colegas pudieran verme ahora, se dijo apesadumbrado; qué lástima no compartieran este momento conmigo.

Marcos Prieto
Microrrelato Ganador del concurso

Eterno gobernante

Observó el documento entre sus manos, esperando que la tinta terminara de adherirse al papel y no le vaciló la mirada al estampar el sello. Poseía, como tantos antes que él, el don para desligarse de la palabra, ese elegante vampiro que se mueve entre nosotros para elevarnos o para hundirnos, según sea la voluntad de su poderoso amo.

Eugenia Sánchez

La novicia

La llama del candil vacilaba en la mano de Marie de Beaumanoir al ritmo de sus convulsiones, su frágil figura se confundía con las sombras que poblaban la galería. La joven novicia recorría los pasillos de la abadía con paso inseguro y mirada trémula, el más leve sonido le hubiera paralizado el corazón. Se frotó la nuca. La noche era fría pero tenía la piel húmeda; sudaba de miedo.

Aquello formaba parte del ritual de iniciación. Debía pasar la noche en la ermita vieja implorando el perdón de sus pecados hasta reunirse con el resto de hermanas a los maitines.

El recuerdo de sus largas trenzas esparcidas sobre las losas de la iglesia le produjo una punzada de tristeza. Ya nada volvería a ser igual. Aquella mañana había ingresado en la congregación, había sacrificado su melena y cambiado su vestido por una tosca túnica clara. Era un día señalado. Por todo. Cumplía 13 años.

El miedo la dominaba cuando cerró el portón tras ella. Sintiendo la presencia del demonio cerca, se lanzó al suelo con los brazos en cruz y rezó llorando.

En la penumbra, la lasciva sonrisa de Fay Jacques brilló por su nuevo triunfo.

Teresa Hernández

La quinta ermita

Nunca se hizo famoso por descubrir el paradero del quinto eremitorio del Valle de las Iglesias. Según los restos atestiguados en el XVII, un siglo antes, fue una de las ermitas de mayor superficie. Tras una jornada entera de exploración independiente, resolvió inquirir a los lugareños después de desayunar. El dueño de la venta tenía sus reservas a la hora de responder. No se le veía culpable ni mucho menos, tan sólo incómodo.

Preguntó a los dueños de los viñedos vecinos. Estos también parecieron molestos —¿Y para qué quiere saberlo?—, pero al menos respondieron todos de forma coherente. No hubo contradicción en ninguna de sus declaraciones. Fueron tan íntegros como sus regias cercas de piedra. Muros de devotas rocas que dilapidaron en el olvido el nombre del investigador, por no haberse fijado más detenidamente en ellas.

La quinta ermita

Truco o trato

La huraña Doherfourth, anciana que vivía al final de la 23th Street, chillaba desconsolada en el jardín. Daba vueltas sobre sus talones desnudos mientras la hierba y su desgastado camisón le acariciaban los pies. Delante de sus propios ojos, su preciada casa había desaparecido como por arte de magia.

Al fondo de la calle, indignado y refunfuñando, el joven Copperfield apenas podía arrastrar su enorme saco de caramelos.

Ángel Villán

Batalla

Llovió lo suficiente; la tierra se bebió la sangre y cuando brilló el sol a quienes sobrevivieron nadie los llamó “asesinos”, sino “Héroes”.

Eugenia Sánchez

De nuevo

- ¿Precio?
- El que sea necesario.
- ¿Motivos?
- No necesita saberlos.
- Habla con alguien que los solicita como requisito.
- Digamos que sus ideales van en contra de los nuestros.
- Como siempre.
- Como siempre.
- Mismo “modus operandi”: culpables dudosos, historias confusas, peones,...
- Siempre ha funcionado.
- Hasta ahora sí.
- De ahí su fama.
- Y su interés.
- Correcto.
- Se hará. En este maletín se hallan las llaves de las cajas de seguridad y sus localizaciones. Mitad ahora, mitad al final del trabajo.
- Como siempre.
- Como siempre.
- Caballeros, si me disculpan.
- Hasta una próxima ocasión.
- Seguro que la habrá. Siempre la hay.

5 de Abril de 1968. New York. Portada del “Daily News”:

MARTIN KING SHOT TO DEATH – Gunned down in Memphis.

Vicente Ponce López

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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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3 comentarios:

  1. Muy buenos!!

    Felicidades a todos los autores :-)

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  2. Gracias por el premio. Esta vez la competencia ha sido muy dura. Me ha gustado mucho el micro de Vicente, aunque no sé si no hay un error en la sucesión del diálogo.

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  3. Son todos muuy buenos:D

    Felicidades a los participantes, y a mi querido Marcos, si es que el arte la lleva en el alma:D

    kissess

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