La Montoya, era Soledad


Yo la he visto, la he visto todas y cada una de las noches de luna llena, no le miento. Agazapado entre las columnas del Parque Güell, he oteado la silueta femenina de una dama que sufre. 

Allí mismo, mire, allí en la escalera. Al lado del dragón que, con su silencio, asiente a la plegaria de la mujer. Ahora mismo, si se fija bien, hay unas lágrimas secas en el suelo acompañadas del llanto sordo que empapan mis oídos con la Pena. El llanto me cala hasta el tuétano. Después, un viento hueco me arropa con sus palabras. Dice que prefiere el susurro de las hojas en la tierra a la inquietud del mar. Demasiada pasión lleva la mar, murmura ella, mientras roza sus muslos ahumados. Otro llanto ahogado sale de su boca de amapolas y agita el cabello de azabache despeinado. Cambia el drama por jarana, sin saber yo qué pasa. Se levanta y agita la falda con esos volantes que portan flores de calabazas, vivaz. Con la Pena por bandera, pero risueña. 

Ahora entenderá usted por qué en su día no edité el dibujo de Soledad Montoya, no quisiera perderme esta fiesta cada noche. 


Yolanda Regaño Blanco 
Cadalso de los Vidrios
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1 comentarios:

  1. Gracias Javier, ni me había enterado que lo habías publicado.

    Un saludo y felicitaciones por tu trabajo

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