Concurso Microrrelatos Jim Morrison



Riders on the storm

Cada vez que los veo acercarse siento que algo dentro de mí se rasga y se estremece como las cuerdas de una guitarra desafinada antes de un gran concierto. Algunas personas depositan flores y se hacen fotos para alardear con sus amigos de que una vez estuvieron junto a la tumba de Jim Morrison. A veces me dejan poemas, velas encendidas que iluminan la frialdad de la noche, firmas estampadas con un bolígrafo indeleble, litronas a medias, bragas, sujetadores y hasta preservativos con regalo.

Sin embargo, lo que no entiendo de las personas es que no reparan en  las cosas que importan. Si escuchasen con atención en el cementerio de Pére-Lanchaise oirían los acordes de Chopen resonando con furia en los nichos, percibirían la voz melosa de Honoré Balzac recitando La comedia humana entre las hileras de tumbas o la histriónica risa de Óscar Wilde burlándose de la muerte. Lo esencial es invisible a los ojos, decía El Principito. Pero yo estoy vivo, sólo que ellos están ciegos y no reparan en mí.  Ahora, si escuchasen con el corazón, oirían mi voz interpretando Riders on the storm.


Rubén Gozalo
Microrrelato ganador


Jim, el Chamán

Lo he logrado. Les he engañado haciéndome pasar por un tal Morrison, nadie sospecha que mi alma es india y soy un chamán.  Mi voluntad es la del joven indígena que murió en aquel accidente de carretera que presencié tiempo atrás camino de Nuevo Méjico. Sólo yo vi desprenderse las luces añiles entre sus restos aún tibios y elevarse sobre nuestras cabezas.  Él me eligió. Se estrelló contra mí violentamente y entró en mi cuerpo. Fue una sacudida enorme y casi perdí el equilibrio; cuando recuperé el aliento, no era el mismo. Vivo en una dimensión distinta pero he conseguido un buen disfraz para camuflarme. Los de ahí fuera sospechan que entro en éxtasis pero ignoran que consigo hablar con los que murieron antes mediante un ritual sagrado.

El momento de la actuación se acerca, los chicos están listos. Paladeo una vez más el gusto amargo del peyote y siento que la euforia invade mi sistema nervioso. Es el momento de coger la guitarra y saltar al escenario para contagiarles mi estado. Después llegará la serenidad y la conversación con los otros, con los muertos.

El telón se abre y percibo el inmenso aullido. Los espíritus me convocan.

Teresa Hernández



The Doors Carrusel

Cuando suena “Riders on the storm” mi casa se cubre de nubes y el techo relampaguea descargando una intensa e incesante tromba de agua. Cuando lo hace “Light my fire”, las paredes se visten de gigantescas y endiabladas llamaradas. Con “People are strange”, las personas más extrañas nunca vistas se pasean por los pasillos y habitaciones con total libertad. Los primeros acordes de “The Crypstal ship” hacen que me convierta en capitán de un barco de cristal. “Indian summer” me sumerje en un verano indio aunque sea invierno. Con “Love Street” veo bancos y portales llenos de parejas de enamorados regalándose arrumacos y tequieros. “Break on throught” me hace atravesar al otro lado por las puertas de la locura hasta que en sintonía con “The music is over” se apaga la música y vuelve la calma. Y aunque “The end” está cerca, no quiero despedirme sin confesar a ritmo de “Waiting for the sun” que el Rey Lagarto sigue vivo esperando el sol hasta la eternidad.

David Moreno Sanz


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