Cuerpos rotos, almas muertas

Ignacio F. Candela

No suelo reseñar poemarios, no lo he hecho casi nunca, espero saber hacerlo, cuando menos, correctamente...


Que somos finitos, que algún día seremos parte de la tierra que pisamos, parece ser algo que olvidamos con mucha facilidad. Vivimos como si fuésemos a vivir para siempre y a veces, un golpe repentino, nos lo recuerda de pronto.

Ignacio nos habla de nuestra finitud, de nuestros anhelos infructuosos de inmortalidad, de la fragilidad de nuestro cuerpo y nuestra alma… Nos invita a pensar, a vivir más, a convencernos de que no somos mucho más que polvo y que, por tanto, vivamos con humildad, seamos felices y gocemos del momento, pues pronto no seremos más que un recuerdo.

Hay quien intenta apoderarse de nuestro deseo, de nuestras creencias. Ignacio golpea con fuerza contra los inmorales que dicen una cosa y hacen toda la contraria. Nos advierte contra ellos y nos habla en versos directos, a veces como susurros, pero otras, casi todas, con la contundencia de un puño bien cerrado. La poesía de “Cuerpos rotos, almas muertas” es directa y certera. Ignacio sabe impregnarnos de sus sentimientos e ideas sobre la vida y la muerte, sobre nuestro paso por la vida.

Una poesía para leer con calma, recitándola en voz alto, haciendo las paradas necesarias para pausar los versos como mejor nos hablen. Para meditarla tras cada lectura, para respirar entre estrofa y estrofa y estremecernos ante la fugacidad de lo que somos.

Ignacio parece prematuramente consciente de nuestra poca importancia para el mundo, para la vida, incluso para los que nos rodean. Nos iremos, sí, es cierto, pero el mundo seguirá estando donde está. Cuando nos llegue la hora hay que procurar tener el alma limpia, repleta de sensaciones y experiencias, porque solemos tenerla muerta, vacía.

Somos una raza extraña. “Cuerpos rotos, almas muertas” nos lo recuerda continuamente, nos habla de la humanidad, del poder, de la soberbia, de los sueños desmedidos… que al final son menos que nada, pues nos iremos pronto de este mundo sin dejar más que polvo y tierra a nuestro paso.

Un estupendo poemario el que nos presenta Ignacio Fernández Candela en la colección “La voz de Calíope”. Yo he disfrutado en grande con su lectura sosegada. Lo dicho, poemas para leer en voz alta y volver a ellos una vez leídos, buscando ideas encontradas, versos concretos que nos hablan de nosotros mismos. Un poemario para recordar nuestra propia fugacidad y la magia de nuestra existencia.

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3 comentarios:

  1. Felicidades, es una reseña estupenda. Realmente este poemario nos da que pensar, nos hace ver la vida desde otra perspectiva. Ignacio es un escritor inusitado, pone su corazón en cada letra.

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  2. Muchas gracias, Javier, por esta reseña que me gratifica como autor al percibir que diste con la esencia del poemario y lo hiciste tuyo en cada verso.

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  3. Agradezco tus amables palabras, María.Besos.

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