I Concurso de Microrrelatos Eróticos



 
Te deseo

Un solo gesto. Aquella sensual manera de agacharse y redefinir sus curvas ante una mirada, la mía, que se sintió virgen y ruborizada ante su cuerpo. No vi nada, pero adiviné todo. El erotismo más sutil y la elegancia más morbosa. El deseo exaltado sin la intención de conseguirlo y la imaginación desatada sin quitar un solo nudo. Sin conocer su nombre, su edad,... ni siquiera el color de sus ojos: nada de eso era necesario para que mi cuerpo deseara conocer el suyo. Me acerqué, no tenía opción. Su boca era sugerencia, su mirada invitación, su sonrisa la promesa de un placer ansiado, prohibido pero cercano, al alcance pero imposible. Un sueño. Su voz provocó que todas esas sensaciones se multiplicaran, cada una de sus palabras suponía un grado más de excitación. Ahora, veinte años después de casarnos, sigo experimentando el mismo júbilo. Gracias cariño, te deseo.

Vicente Ponce López


Somos silencio

Déjame que te hable esta noche con el lenguaje de la piel. Solo con el roce  mudo de mis muslos en los tuyos. Con mis labios pobres sin tus labios. Hace demasiado tiempo que no te miro como debo verte: sin palabras que nos distraigan, sin excusas de tiempo y sin obligaciones que nos envuelvan. Déjame hoy, sin más,  verte desnuda y callada,  que cuando más somos,  es cuando somos silencio.


Paloma Díez Temprano


Plaf

El dragón entró en la gruta y plaf ! la dragona. El caballero se introdujo en la gruta, lanza en ristre, pero al ver la escena dijo, mejor vuelvo más tarde. Sin embargo, inspirado por lo que acababa de ver, cogió a la primera pastorcilla que vio y también plaf!. Un cazador que presenció el asalto, salió corriendo al río, se acercó a una lavandera y plaf! El barquero no dudó en unirse a la fiesta y también plaf! Con la mesonera. En pocos minutos todo era una orgía en la que revoleteaban las plumas.

Y desde entonces, en Villanueva del Dragón, cada primavera se celebra una guerra de almohadas.

Marae


No son cuernos

Dejó claro a su amiga que tenía novia. Ella a su amigo, que quería estrenar sus dieciocho. Quedaron en la casa de él. Para charlar, por supuesto.

—Estoy comprometido, no te tocaré. Pero voy un momento al baño, y si cuando vuelva te has escondido debajo de esta mesa, no es asunto mío. Y si hago cosas de estar a solas, lo mismo.

Tardó un poco, porque también usó el bidé. Al regresar, vio la ropa de la chica desperdigada alegremente por el suelo, y sus deditos bajando el mantel para que no se la viera. Risita pícara. El muchacho se sentó a la mesa. Se desabrochó los pantalones como quien no quiere la cosa, y comenzó a acariciarse; sin ninguna prisa, como queriendo hacer morir de impaciencia a su testigo secreto. Un sonido sordo se elevó dulcemente. Una respiración cada vez más ansiosa. Su invitada estaba gozándolo. Él también se estaba poniendo nervioso, ya demasiado. Tiró del mantel y encontró a la chica desnuda y sudorosa... enrollándose con su propia novia.

Con cara de póker, el chico sacó una pistola de un cajón y volvió al baño. Para refrescarse, por supuesto.

Víctor Pintado


En memoria de Inés

He intentado olvidarla, doctor. No recuerdo  ya su nombre completo, ni el color de su utilitario, ni la dirección de su casa, ni siquiera la fecha de su cumpleaños pero hay algo de ella que me persigue hasta en sueños: el reflejo de su silueta deliciosamente desnuda en la cristalera de mi dormitorio. Su cuerpo arqueado  y sumiso esperando a recibir el mío por detrás para abocarnos juntos hacia un perfecto orgasmo. La necesidad animal de agarrarle el culo con fuerza como si tuviera miedo a que se me escapara entre las manos… recorrer sus pechos con mis dedos helados sintiendo en sus pezones la dureza de la excitación compartida… navegando en la humedad de su deseo… disfrutando del sexo juntos como dos dementes sin pensar en un mañana… sin hacernos preguntas…

¡No puede ser normal…! ¡Creo que estoy enloqueciendo! Hay noches en las que me despierto, acompañado por supuesto y como siempre de Ana, y veo su imagen junto a la puerta pidiéndome con la mirada que no la mate del todo. No sé si aprender a vivir con el fantasma o buscar algo realmente poderoso que la volatilice de mi alma definitivamente…aunque reconozca  ahora que sigo echándola de menos.

María Jesús Juan Meseger


El imperio de los sentidos

Quémame suavemente con tus ojos, deslízalos como tú sabes por cada rincón de mi cuerpo mientras desnudas mi deseo más profundo, que tu respiración me queme los labios mientras buscan el color de tu piel tras la penumbra de este fuego que nos invade, regálame los oídos mientras tus palabras se sumergen bajo mis tirantes haciendo viajar la excitación mas allá de otros mundos, vísteme con tus manos mientras me diseñas el traje que nos envolverá antes de que lo hagan esas sabanas de nuestro lecho, lugar donde no hay misterio, ni preguntas, tan solo respuestas y onomatopeyas, regálame esa mezcla de juego y fuego chispeante, regálame ese volcán bajo tu piel y llévame con él a ese sueño irrecuperable donde puedan hablar nuestros sentidos en silencio, donde griten aquellos gemidos ahogados por momentos de silencio, elévame porque mi  piel ya no desea tocar el lecho, sino esa otra dimensión de espacio tiempo donde tan solo cabe esa mezcla de dos cuerpos  fusionados  entre sudor, color y aroma. Todo vuelve, todo pasa, vuelve la calma, el deseo duerme ya bajo el secreto de nuestra memoria, nuevamente despertamos sobre el lecho, el nuevo día nos recuerda  nuestra despedida.

Marse Sobrino


Como un flash 

Las imágenes, los sucesos, transcurrieron como si de un flash Metz se tratase. Así es como lo recuerdo: Sus ojos clavados en mi trasero. Mi vista viajando consciente a su abultada entrepierna. Chispas en el espeso aire, vicioso, atando nuestros cuerpos. Trémula su mano posada con tiento en la piel de mi muslo, subiendo despacio y arrastrando la tela incauta. Dedos calientes, gruesos, siniestramente lentos llegando hasta mi centro. Su boca voraz se arroja y precipita en caída libre hasta impactar contra mi pecho. Muerde el borde de mi escote. Lo arranca de un solo tirón. El pecho derecho sale despedido del vestido. Un pezón turgente y rosado es atrapado por sus sabios labios. Dientes torturándolo. Separa mis piernas con la rodilla. Violento. Suspiro. Jadea. Jadeo. Tacto perfecto dentro de mi sexo, notando las yemas de sus dedos palpar con acierto el punto correcto. Reclino la cabeza y gruñe ahora en mi oído, mordisqueando mientras el suave lóbulo encendido. Más fuerte. Veloces latidos. Sangre derrapando. Estrangulados gemidos. Grito. ¡Grito! Descargo en su palma y me sorprendo al ver que relame esos dedos con los ojos cerrados. El ascensor abre sus puertas y, sin un adiós, me despido.

Irene Comendador


Citación

Señorita, su asistencia es imprescindible. El diseño de sus caderas emite una señal lujuriosa que me arrebata la vista. Señorita, su personación en esta demanda es inevitable. Si no acude... perderé el juicio.

Marae


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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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1 comentarios:

  1. Todos son muy buenos, pero tengo que decir que el veredicto me parece muy acertado.
    Enhorabuena a todos.
    Muchas felicidades, Irene. Genial!

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