Hojas de dedalera


Víctoria Álvarez

Londres, 1888.

Desde niña Annabel Lovelace se ha visto obligada a vivir con su tío, guarda del Cementerio de Highgate, donde descubre su extraña habilidad para comunicarse con los muertos, quizás gracias a la enfermedad cardiaca que la obliga a vivir entre la vida y la muerte.

Años más tarde, una serie de misteriosas casualidades la convertirán en la médium más influyente del Imperio Británico. Sin embargo, su don la llevará a descubrir secretos que deberían haber permanecido ocultos y que pondrán en jaque a la aristocracia londinense.




Un libro romántico de fantasmas y misterio muy bien ambientado


Últimamente proliferan las historias de fantasmas, no me preguntéis por qué, pero en 2011 se ha desatado la fiebre del fantasma romántico y he podido encontrar algunos ejemplos que he leído y disfrutado bastante, porque que algo esté de moda no quiere decir que sea divertido o interesante, aunque no es el caso, los fantasmas nos gustan ¡y mucho! Creo que ahí está el secreto, sobre todo si son fantasmas capaces de mantener sentimientos humanos.

No sé qué tiene la época Victoriana que tanto nos atrae, sobre todo las ambientadas en el Londres de entonces, el de los nuevos avances científicos y las prácticas cercanas a la Edad Media, porque convivían por aquel siglo XIX la modernidad y la tradición. Quizá sea el misterio de la niebla que parece envolver a todas las historias procedentes de esa época o la existencia del primer gran asesino en serie conocido (o atestiguado), el intrigante Jack el destripador, los primeros pasos de nuestra nueva sociedad, la tecnología pujante pero aún algo tosca… no sé, hay bastantes elementos que nos atraen y repudian a un mismo tiempo de esa época de la que tanto se ha escrito y leído.

Una de las ramas de la ciencia (por aquel entonces) que destacó por encima del resto fue la paraciencia, la parapsicología y el Londres victoriano se llenó de médiums y videntes que predecían el futuro, hablaban con los muertos o ponían a los humanos en contacto con entes del más allá. La medicina comenzó a avanzar mucho por aquella época, pero para ello se cometieron atrocidades y barbaridades que aún rechinan en nuestros días (y algunas no desaparecieron hasta hace demasiado poco).

Una época de virtudes y defectos que nos cautiva y nos atrapa, como la historia que nos presentó hace unos meses nuestra amiga Victoria Álvarez, “Hojas de Dedalera”, una estupenda historia de fantasmas ambientada en la época victoriana del Londres clásico en la que nos dejamos envolver por la niebla misteriosa que ocultaba los paseos nocturnos del malvado Jack.

Más de quinientas páginas en las que acompañamos a Annabel Lovelace a lo largo de toda su vida. Una infancia vivida en un cementerio convertido en zona de juegos y aventuras, una juventud como médium de la alta sociedad británica (y de la mismísima reina de Inglaterra) y un secreto perdido que comenzará a llenar la vida de la joven hasta el final de sus días. Con un exquisito trabajo de documentación y un ambiente opresivo, pero al mismo tiempo embaucador, Victoria nos pasea por lo mejor y lo peor de la sociedad londinense de la época. El cementerio apartado y lúgubre, la luminosidad de las calles del centro de Londres, una mansión victoriana perteneciente a una familia de clase alta y, por supuesto, el oscuro barrio de Whitechapel. Para escribir esta novela, la autora visitó la mayor parte de los escenarios y se empapó de la vida cotidiana de la época para ofrecernos una historia que nos atrapa y nos lleva en volandas con su escritura rica y fácil de leer.

Me ha gustado esa tonalidad sepia que se aprecia entre sus letras, esa añoranza por una época que (creo) la autora querría haber vivido, aunque es también capaz de contarnos lo peor de las entrañas de aquel Londres aún colonial en alguno capítulos tremendamente oscuros y siniestros, a mí me encantó la descripción que hace de un manicomio en el que están encerradas algunas de las videntes “desenmascaradas” en una caza de brujas semejante a la que se llevó a cabo en muchas otras partes, pero que los británicos han sabido ocultar mucho mejor.

En fin, que los fantasmas aparecen y desaparecen a su antejo y, por supuesto, son una parte muy importante de la trama, pero para mí se quedan en un segundo plano, porque lo que más me ha gustado de la historia de Annabel han sido los escenarios en los que se desenvuelve, verdaderos protagonistas de una historia de fantasmas rodeada de un halo de romanticismo que encantará a las lectoras (y lectores) aficionados al género.

Una novela (creo que publicada para un público juvenil), que gustará a todos los aficionados a la época Victoriana, a los fantasmas y a los lectores de literatura romántica, tengan la edad que tengan. Una historia de amor, fantasmas y misterio para estar un buen puñado de horas pegado a un sillón.

Un estupendo debut literario.

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