III Concurso de Microrrelatos Repentinos - El último día de mi vida


En este concurso habéis sido menos valientes, estoy seguro de que muchos no han querido responder, pero hemos tenido tres valientes que sí que nos lo han contado, tres mujeres que nos cuentan cómo vivirían el último día de su vida.

Tres relatos emicionantes, solo hemos podido seleccionar uno para leerlo en La Biblioteca Encantada, pero los tres merecen que los disfrutéis. Gracias chicas, tres relatos geniales.

El último día de mí vida

Hoy el día se ha despertado soleado, no hay nubes en el cielo. Se respira primavera y siento que no es más que un comenzar de nuevo.

Haré lo que todos los días, me guardaré mis secretos, sólo los que hacen daño. El amor me impide hablar más de lo que necesito y mí corazón reclama a gritos hacer saber que se está cansando y que ya no puede más.

Hoy es el último día en el que llevaré las riendas de casi todo. Pero tengo que reaccionar normalmente, disimular, seguir siendo la misma por fuera.

Por dentro disfrutaré de mi familia más que nunca, reiré con más ganas, lloraré de alegría y rezaré para que no se den cuenta de lo que oculto, hoy de madrugada haré mí última maleta. Llevaré solo lo necesario, amor, cariño, vivencias, ternuras y besos. Algún te amo… No, no es un equipaje ligero, es el más pesado, pues el amor lo llena todo y me lo llevo entero.

Hoy escribiré una carta, intentaré no derramar lágrimas, para llenarla de alegrías. Después haré la comida, quizá planche alguna camisa.

Hoy no tomaré más medicina que el amor de los míos, de mi querido esposo, de mis amados hijos, llamaré a mis padres y chatearé con mis hermanos. Hoy será como otro día más. 

Cuando llegue la noche, escribiré algún cuento, poesías o un relato. Esperaré la madrugada con la maleta en mí regazo. 

Mientras tanto seguiré escudriñando las palabras en un papel en blanco, haciendo que exploten los sentimientos, dejándolo que fluyan… 

Miraré a todos a los ojos, me guardaré la pena y el dolor que me corroe, sonreiré como siempre. Será mejor irse, viendo sus sonrisas. Hoy reuniré todo el cariño que pueda, quiero que mi corazón explote, pero que explote desbordado de sentimientos.

Hoy sé cuánto valió la pena vivir…

Hoy, no quiero que se acabe mí último día, me niego a partir.

Oscura Forastera


Un mes de vida

Un mes de vida. Y unas cuántas explicaciones más que no lograba recordar. Lo que tenía que saberse, ya estaba dicho. Y ahora, ¿qué demonios se suponía que tenía que hacer? ¿Llamar a los amigos de la infancia y disculparse por haberles metido de cabeza en la papelera? ¿Quizás telefonear a sus ex y pedirles perdón por ser un cabrón? O tal vez, debería de hablar con sus padres y disculparse por tantas noches de sueño que les había quitado. No, no lo haría. ¿De qué serviría excusarse por cosas que hasta aquel preciso instante nunca le habían quitado el sueño? Lo único que lograría con ello era demostrar una vez más lo egoísta que siempre había sido. Ahí, hasta en su último aliento, intentando irse con la conciencia tranquila hacia el cielo, o el infierno si se ponía en plan redentor, dejándolos jodidos una vez más. Seguiría siendo tan solo un acto de puro egocentrismo, y señores, él sabía muy bien qué era eso. Él era el rey del sistema planetario alrededor de su ombligo. Así que no, no pensaba intentar redimirse por sus errores cuando lo único que lograría era hacer sentirse mal a quienes se quedaban. Le costaba pensar, y ya en las últimas semanas, también el respirar. Haz una lista, le dijo un conocido. Y lo intentó. De hecho, llenó un cuaderno de lugares por visitar y cuerdas sobre puentes de los cuales tirarse, pero, una vez más, no significaban nada. Seguiría estando condenado a muerte y eso no cambiaría con un par de llamadas o saltos hacia el vacío. Le costaba respirar, y en las últimas horas, también lo hacía el mantener los ojos abiertos. Dos días, había oído decir al médico. Y ya había pasado cinco. Sabía que no le quedaba mucho tiempo ni últimas voluntades que pudiera cumplir... ¿o sí? El lápiz temblaba entre sus dedos. Le costaba pensar, respirar, abrir los ojos, vivir. Unas cuantas líneas salieron del gastado grafito. Él sonrió. Con sarcasmo e ironía. Sí, ahora sí, lo había conseguido. «He aquí Antonio Morales Oliveira, un cabrón de cuidado, el puto amo del universo, que ha vivido su maldita vida sin importarle nadie en absoluto. Deja a una madre amorosa, un padre maravilloso, y a amigos que seguro le odiaban en secreto, y les pide perdón. Se fue tal cual llegó al mundo: calvo y con pañales. Y lo hace feliz porque ahora sí se disculpa con el corazón. Qué descanses en paz si puedes, maldito engreído». Su última voluntad había sido que, tal y cual, ese fuera el texto que rezara sobre su tumba. Años han pasado desde ello, y todavía hoy grupos enteros visitan el modesto cementerio para hacerse fotos con la lápida en cuestión. Seguro Antonio se está riendo ahora mismo, en el cielo o en el infierno, eso no se sabe, pero sigue siendo el centro de su propio universo. Y sí, todos le perdonaron al final. Siempre lo hacen.

Karol Scandiu


Decisión

Hoy he decidido que las últimas horas de mi vida, si conozco previamente el desenlace, las dedicaré a deciros cuánto os quiero y lo importantes que habéis sido en mi camino.

No será algo estudiado, ni buscaré el momento perfecto para explicaros mis sentimientos. Es fundamental que no os deis cuenta que me estoy despidiendo. Os pillaré en un despiste o en un renuncio: padres a punto de salir a hacer la compra a los que asaltaré con la excusa de un café rapidito, hermana preparando la comida tranquilamente en casa, amigos en el trabajo hablando de amonestaciones y notas… y tú (¡mi regalico inesperado del cielo! ¡Ser con el que no contaba ya…!¡mi tesoro!) robándome un beso dulce a escondidas de los demás sin tener ni la más remota idea de que será el último  que me des y la última vez que nuestros ojos puedan reflejarse en los del otro con ternura... y me dirás  mientras lo haces :

- “¡Cómo me quiere mi reina! ¡Qué ganas tiene de estrujar a su rey…!”

No notaréis nada extraño en mi comportamiento, recordad que soy la pesada que todo lo soluciona con abrazos y diciendo ñoñerías, pero yo sabré que el tiempo se me acaba y que debo dejar al alma tranquila para pasar al otro lado del espejo.

Y una vez que os haya dicho con la boca llena que os adoro  a cada uno y que también vaya desperdigando pósit por vuestras puertas de frigoríficos y ventanas escribiendo las dos palabras mágicas dejaré que la sangre se me hiele y que la máquina que me sostiene eche el freno definitivo hasta pararse del todo, con la satisfacción de haber cumplido mi último deseo y saber que me recordaréis con cariño… siempre.

María Jesús Juan Meseguer
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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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1 comentarios:

  1. Me encanto la manera en que en cada relato se expreso, pero creo que hay algo dentro de los tres, esa moraleja que da a entender que tanto debemos de valorar la vida.
    Sin duda me encantaron ;)
    Saludos.

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