IX Concurso Microrrelatos Repentinos - Una de aventuras



El tesoro misterioso

- ¡Te dije que era una locura entrar aquí! – el grito de John, su fiel amigo, apenas pudo oírse entre el rechinar de espadas.
- ¿A estas alturas con remilgos? – le contestó Jack, sonriendo - ¡Apenas son cincuenta!
- ¿Apenas? Odio cuando usas esa palabra – evitó un sable que le rozó el pantalón - ¡Siempre cuentas la mitad de los que son!
- ¡Quejica! Cada uno de estos rufianes no puede contar por más de medio hombre… ¡haz los cálculos!

Jack era posiblemente el pirata más diestro con la espada en los siete mares, y John lo sabía.  Se habían visto envueltos en batallas perdidas de las que su habilidad les había sacado con vida. Esta parecía una más, al menos para John, pero algún motivo parecía empujarle con mayor fiereza hacia la victoria. Ya había diezmado a sus rivales, que caían amontonados en el suelo del camarote destinado a los hombres de William, el capitán del barco que habían abordado sin plan alguno.

- ¡Por la negra barba de Edward Teach! ¿Me dirás por fin qué diablos buscamos aquí?
- Amigo John – Jack, debido a la escasez de resistencia, empezaba a jugar con sus enemigos, cortando pantalones, camisetas,… Incluso tuvo la precisión necesaria para cortar la cinta del parche de uno de ellos -, en este barco se halla el mayor de los tesoros.
- ¿Aquí abajo? ¿No sería más acertado objetivo el camarote de William, su capitán?
- Ese malandrín cobarde no posee lo que ansío – se giró y propinó una patada al último de sus atacantes, que quedó inconsciente a los pies de John -. Ni siquiera conoce su existencia. Estará escondido debajo de la mesa, temblando, rezando porque no entremos a por él.
- No quieres su barco entonces – preguntó desconcertado.
- ¿Esta antigualla de madera podrida? ¡Ofendes a “Rebelde”, nuestro navío! 
- No me lo dirás hasta que lo tenga delante de mis narices, ¿verdad?
- Me conoces bien fiel amigo – le dijo con una sentida sonrisa, mientras enfundaba su espada tras haberla limpiado bien -. Pronto tus dudas serán resueltas.

Se acercó a la zona más mugrienta de la zona de camarotes, donde, según pensó John, debían dormir los piratas más sucios y apestosos. Dio varias patadas para apartar la ropa y demás propiedades que se acumulaban allí y poder llegar a la pared. John, muy atento, sólo veía dos o tres dibujos clavados en la madera, nada más. Jack quitó uno con sumo cuidado, con una delicadeza que contrastaba con la violencia desatada anteriormente. Lo acercó a su rostro para ver con detenimiento cada uno de los detalles. Lloró.

- ¿Quién es Jack? ¿Una antigua novia?
- Nunca desenvainaría mi arma por una vieja amada. Siempre lo haría por ella – dijo mirando de nuevo el dibujo -. Mi madre.

John no preguntó más. Sabía que no era momento. Eso sí, recordó a su madre y supo que aquella batalla era la más importante que habían librado en su vida como piratas.


Vicente Ponce López
Móstoles - Madrid
IX Premio Microrrelatos Repentinos
Share on Google Plus

Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
    Blogger Comment
    Facebook Comment

1 comentarios:

  1. Hello! This is my first visit to your blog! We are a team of volunteers and starting a new initiative in
    a community in the same niche. Your blog provided us useful information to work on.
    You have done a wonderful job!

    My site: Boutique Air Max

    ResponderEliminar

Bienvenido Radiolector. Estamos encantados de recibir tu mensaje. Solo te pedimos que no publiques spam raro de ese y que seas respetuoso con todo el mundo. Saludos desde las Almenas.