XV Concurso de Microrrelatos Repentinos: Clonación


Por unas cosas y por otras no pude preparar la entrada del blog con este concurso, por suerte, nos escucháis y por eso nos han llegado dos microrrelatos geniales, que gracias al autor invitado esta semana y a la Editorial Anaya, tendrán un ejemplar de "Hijos de un Clon" por participar. Como siempre, hemos tenido que decidirnos por uno de los dos microrrelatos y aunque ha sido complicado, creo que hemos optado por el que más se ajustaba a la temática de la novela de la semana.

Esperamos haber decidido correctamente y que os gusten los dos, mil gracias a Lucía y a Esther por sus microrrelatos, ambos son geniales.

Por cierto, ¿cuál es tu favorito?


La suerte de López

Esta cortina de lluvia ¿Será que  está entorpeciendo mi visión? Creo haber visto al mismo chico rubio y melenudo dos veces consecutivas. No. Un café bien cargadito a la vuelta de la esquina y más vale que me dé prisa. En el trabajo no van a volver a permitir que llegue tarde.

- No voy a tolerar tanta incompetencia. Más vale que te apliques o te atendrás a las consecuencias.

Sí, eso me dijo el jefe. He de reconocer que me dio un poquitín de miedo. Y eso que no mide más de metro y medio. Ironías de la vida.

Uf ¿pero? No puede ser, tres. Tres veces el mismo tipo ¿Y si me restriego los ojos? Creo que no ha valido para mucho. Me está picando el gusanillo. Está aflorando, si, ¿la vena detectivesca? Claro, esa que me caracteriza. Voy a seguir con disimulo al último que se ha dejado ver. Vaya, se ha parado en ese puesto de salchichas. Esta farola servirá para esconderme  ¿Está mirando hacia aquí?  Falsa alarma. Se ha girado  para ofrecerle a un cachorrito un trozo de su salchicha. La que acaba de comprar, claro. 

Por fin ha reanudado la marcha. Menos mal. Se me han entumecido las piernas con la espera. La falta de ejercicio hace mellas en mi cuerpo.

¿A dónde se dirigirá? ¿A ese edificio? Es imponente. No me había fijado antes, claro, es que nunca se me había ocurrido atravesar esas calles. Siempre recorro  el mismo trayecto para dirigirme al trabajo. Ese que estoy a punto de perder. Igual suplicando…

Apostados en la puerta se encuentran dos individuos. Dos idénticos. Lo sé porque estoy a un metro de distancia. Aprovecho que no se percatan de mi presencia, eso creo, y penetro en la instancia mirando absorto la inmensidad de riquezas visuales alojadas por doquier.

- Buenos días señor López.
- Javier, por favor.
-Señor Javier. Sígame por favor. Le estábamos esperando.
-¿A mí? Que detalle. Me siento alagado. ¿Y a qué se debe tanto honor?
- En primer lugar entre y acomódese.

Menuda sala. Tenía que estar prohibida tanta ostentosidad. Lo que más me llama la atención son las urnas de cristal ubicadas al fondo de la estancia. Deben de haber una veintena. Puaj… ahora que me he aproximado para ver mejor de que se tratan, creo que me estoy arrepintiendo.

Son fetos, unos mayores que otros y no son nada agradables de ver. Esto merece una explicación.

- Dígame señor…
- Prieto. Augusto Prieto.
-Señor Prieto. ¿Qué es lo que ocurre? He de confesarle que estoy intrigado ¿debería estar asustado?
- Depende… Hace aproximadamente una década venimos haciendo experimentos de clonación. Y hace poco más de un año  que le hemos estado observando. Sinceramente nos ha resultado algo complicado idear una estratagema para conseguir conducirlo hasta nosotros. Nuestra idea era clonarlo a usted. No se preocupe, no notará nada. A partir de mañana no tendrá que preocuparse por su trabajo. Podrá tener todos los que quiera…
- ¿Estoy soñando…?


María Esther Sanz Ayorga
Irún (Guipuzcua)


Reflejo de carne y hueso

La mire como a un reflejo, intentando hallar las cinco diferencias, pero no pude.

Nuestros rasgos eran idénticos: La línea de la mandíbula, los elevados pómulos y  los labios prominentes. Su mano intentó acariciar mi rostro, topándose con una barrera que nos separaba: un cristal. Con ojos vidriosos comenzó a moverse cada vez más asustada. Unas gruesas correas la sujetaban a la camilla vertical desde la que me suplicaba ayuda sin tan siquiera abrir esa boca de dientes blancos y rectos. Toda ella era un calco de mí misma: Sus ojos grisáceos, su cabello pelirrojo y el reguero de pecas que cubría su pequeña nariz ligeramente puntiaguda.

Dos hombres de bata blanca alejaron la superficie hasta el centro de la pequeña sala en la que la retenían, colocándola en posición horizontal. La luz de un fluorescente le arrancó un destello al filo del bisturí que situaban sobre su pecho descubierto.

-No se preocupe, señorita. En menos de dos horas podrá regresar a su casa con un nuevo corazón latiendo sano.

La muchacha se agitaba con violencia.Una mascarilla se cernió sobre su cara y los bruscos movimientos cesaron. El metal atravesó su carne con un corte preciso  y una línea roja se dibujó al instante.  Éramos iguales en apariencia pero tan diferente nuestro destino… Yo iba a vivir por lo menos 30 años más gracias a ella que, por el contrario, acababa de venir al mundo solo para ser sacrificada. Yacía inmóvil mientras un armatoste de metal le separaba las costillas facilitando el trabajo de los doctores. ¿Podría escucharnos? ¿Sentiría dolor en su delicada piel? Sus mejillas estaban empapadas en lágrimas, así como las mías. Sí, al día siguiente estaría viva y con un órgano fuerte bombeando bajo mi carne, pero renunciando a cambio a un pedazo de mi alma.

Lucía Arca Sancho-Arroyo
Zaragoza

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2 comentarios:

  1. Ha sido divertido cambiar de género. Gracias por estos concursos tan amenos :D
    Un abrazo
    Lu

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  2. ¡Qué bueno REFLEJO DE CARNE Y HUESO! ¡Enhorabuena a la autora!

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