Microrrelatos de Ciencia Ficción II - XIX Concurso de Microrrelatos Repentinos



Apuesta

Wallace apostó con Foster que el futuro sería un asco y, para hacerlo más emocionante, acordaron que el que no tuviera razón moriría. Como no había forma de zanjar la disputa sin verlo por sí mismos, ambos entraron en las cámaras de criogenización y las programaron para despertar quinientos años después.

Cuando lo hicieron, encontraron un mundo increíble, con coches voladores y gente alegre por la calle vestida con trajes extraños. Wallace hizo lo posible por convencerle para repetir el experimento y viajar otros quinientos años hacia adelante, pero un trato es un trato y no tuvo más remedio que aceptar su situación y entrar en la cámara de suicidio asistido.

Foster le vio morir y se sintió mal por haber hecho trampas. Había despertado dos días antes que su amigo para encontrar un mundo desvastado, casi con menos tecnología que cuando entraron en las cámaras. No obstante, algo sí había avanzado, y eran las máquinas de hologramas, con las que había creado esa realidad falsa. No era porque le diera miedo la muerte. Es que tenía mal perder.

Déborah F. Muñoz
Madrid
Microrrelato leído en el 49º capítulo de La Biblioteca Encantada


Extraño en su Tierra 

Se reunieron alrededor de la pirámide ancestral. Por un lado, los respiradores de nitrógeno que protestaban por no poder quitarse los trajes interdimensionales. A su manera, los que respiraban dióxido de carbono vieron alguna buena posibilidad de acomodarse mejor. Los que vivían del azufre directamente se retiraron a sus naves sin saludar a nadie. No obstante, la nota pintoresca de la reunión la dieron los más extraños y conflictivos, los que pataleaban por todo, los que disfrutaban, todavía, del abundante oxígeno.

Cristian Cano
Bahía Blanca - Buenos Aires - Argentina

Microrrelato leído en el 49º capítulo de La Biblioteca Encantada



Inesperada Invasión

Los primeros rayos de sol me dieron en los ojos, despertándome casi de golpe y haciendo que abriese los ojos, con lo que la luz me molestaba más todavía. La resaca por la bebida de la noche anterior taladraba mi cabeza como si de mil agujas se tratase. 

No recordaba bien la noche anterior, sólo que estaba en aquella fiesta en la playa y que vi a aquella chica, nos fuimos a bailar y después a un lugar más apartado para estar juntos y… no era capaz de recordar nada más.

Me encontraba en una pequeña cabaña con una única ventana por la que me había entrado el sol. Era una estancia vacía en la que sólo había una cama a la que estaba atado. 

¡Mierda! ¿Cómo había acabado allí? ¿Quién me había hecho eso? ¿Y la chica estaría también atada? 

Entonces escuché como la puerta se abrió lentamente. Giré la cabeza y mi rostro se desencajó cuando observé cómo la chica entraba por la puerta con una amplia sonrisa en los labios. 

-¿Qué se supone que haces? 
-Quiero seguir divirtiéndome… -su sonrisa inocente y dulce me hizo sentir un escalofrío pero no entendía por qué. 
-¿Qué me hiciste? 
-¿No lo recuerdas? –su pícara sonrisa me hizo imaginar lo que hicimos. –Pasamos la noche juntos. Me divertí mucho, pero debo asegurarme de que mi pequeño se implantó como es debido y que todo va bien.
-¿Tu pequeño? ¿Dónde lo has implantado? –mi gesto era de puro terror mientras la observaba reírse. 
No tuve que espera una respuesta por parte de aquella chica, pues sentí que algo se movió en mi interior. ¿Cómo era posible? ¿Qué era aquello? ¿Quién o qué era aquella chica de cabellos rubios y ojos verdes?
-Ya casi está listo… -sonrió.  

Un dolor agudo empezó a recorrerme por el estómago. Sentí cómo algo se movía dentro de mi cuerpo. 

Algo estaba dentro de mí y se movía con brusquedad, pude notar cómo subía por mi cuerpo, y pronto pude notar algo que trataba de abrirse paso por mi garganta. Unas tremendas arcadas acudieron a mí, tratando de eliminar aquello que me limitaba el oxígeno que entraba en mis pulmones. 

Mi cuerpo se esforzaba por expulsar aquel intruso con vida que trataba de quitarme el oxígeno pero que a la vez intentaba salir de mi cuerpo. Tras varios intentos, noté como mi lengua se impregnaba de algo pegajoso y nauseabundo que hizo que las arcadas fueran más seguidas, hasta que algo cayó al suelo. Lo observé y parecía una especie de babosa verde, pero que no se parecía a ningún animal conocido. 

La chica lo cogió cariñosamente entre sus manos y sonrió. Su piel empezó a romperse hasta que pude ver que tras esa piel se escondía un cuerpo con aspecto de babosa pero físico similar a los humanos. 
Gracias a ti, podemos empezar la invasión. –dijo mientras su cuerpo volvió a camuflarse en un cuerpo humano al igual que la pequeña cría que llevaba en sus brazos. 

María orgaz
Leganés - Madrid


Los invasores

El momento había llegado. Después de tanta lucha, de tanta investigación y de tantos sacrificios, este era el último.

Había matado y visto desaparecer frente a mis narices a ya no recordaba cuántos de esos asquerosos invasores. Y no hacía ni una semana que había logrado acabar con la cúpula de la invasión. Ya solo faltaba su líder. Y, al fin, me veía frente a él.

Decía él en lugar de ella porque eso no era mi mujer. La habían matado, como habían hecho con los demás, para suplantarla copiando su aspecto físico. Y ella, mi querida esposa, había sido la elegida del líder. Por eso, nadie habría mejor que yo para acabar con él.

Sin atender a sus patéticos lloros y sus súplicas, como había hecho con los demás tantas veces, disparé. Una sola descarga de energía en la boca del estómago y cayó como un plomo, igual que los demás. Después, al írseles la vida del cuerpo, simplemente desaparecían; sin más.

Esperé, esperé, esperé no sé cuánto tiempo.

Han pasado más de seis meses y sigue ahí, tirada frente a mí, en mi propia casa.
Pero estoy seguro de que algún día, algún día, desaparecerá.

Josué Ramos
Ferrol - Galicia
Microrrelato leído en el 49º capítulo de La Biblioteca Encantada



Invasión

El olor de la sangre ascendió por sus fosas nasales. 

Mantenía los ojos cerrados con fuerza, intentando de alguna forma evitar afrontar la realidad. Apoyado en la pared interior del frágil cobertizo, podía notar cómo su pecho subía y bajaba de forma errática, pero con una asombrosa velocidad. Había tenido taquicardias antes, pero nunca tan violentas. Había visto morir a gente en otras ocasiones, pero nunca tan cerca.

En su regazo yacía el cuerpo sin vida de su compañero. El láser le habían atravesado como si de un muñeco de paja se tratara. Siempre le había sorprendido lo endeble que podía llegar a resultar el cuerpo humano. Permaneció con los ojos cerrados un rato más, intentando sumergirse en su mundo interior. Cuando se decidió a abrirlos, la realidad le abofeteó con fuerza en la cara. El cobertizo no tardaría en derrumbarse. Las naves invasoras no daban tregua, y a la noche aún le quedaban unas horas para remitir. Musitó una plegaria al aire, buscando un milagro que sabía que no tendría lugar. El enemigo se acercaba, podía escuchar cómo sobrevolaban la zona, y su tecnología era bastante más avanzada que la rudimentaria terrestre. Enfocó con su linterna el rostro de su amigo, buscando los párpados para cerrárselos una última vez. El uniforme de camuflaje hacía que apenas se pudiera distinguir la forma del cuerpo en la oscuridad, pero las manchas de sangre en el pecho eran inconfundibles. Palpando con manos trémulas, intentó localizar alguna insignia, pero sabía que el esfuerzo era en vano. Aquel soldado no era nadie. Como él.

Lo último que escuchó fue un silbido agudo. Luego, la explosión.

María Eijo López “Nullien”
Santiago de Compostela - Galicia


Maldita Realidad

La primera manifestación fue la perdida de apetito, intenté darle cualquier exquisitez que le estimulará y no hubo reacción. 

Por la mañana los síntomas eran concluyentes, inflamación en la cara, ulceraciones en boca y garganta, fiebre alta… Inmediatamente me conecté y realicé la consulta al Servicio Médico, introduje los datos que me solicitó el sistema… la resolución apareció en segundos: preparar la combinación de medicamentos y suministrárselos durante 72 horas. 

Han transcurrido 3 días… ¡se ha recuperado!, ¡ya se levanta!...

Nuestra sociedad basada en la tecnología, precisa de la compañía de fieles camaradas que nos recuerdan los sentimientos humanos más básicos, cariño, amor, amistad… 

Cualquier avance científico, independientemente de quien lo consiga, es compartido y aplicado rápidamente, gracias a ello hemos aumentado nuestra esperanza de vida y el tiempo ganado nos da la posibilidad de cultivarnos y aprender para compartirlo con los demás. Todos con todos y todo para todos.

Desarrollamos la capacidad para vencer al cambio climático, ya no existen combustibles orgánicos contaminantes y se generan residuos recuperables. Nuestro mundo volverá a ser habitable en unos pocos cientos de años, mientra tanto, Bóvedas de Acero nos aíslan del exterior yermo y estéril.

La llegada al poder de técnicos y científicos en sustitución de políticos corruptos y religiosos manipuladores, (eliminados en los levantamientos ciudadanos de finales del siglo XXI), generó una revolución social y creó un mantra: “Beneficio Común como pensamiento único para una Sociedad Perfecta”.

Prueba de ello lo que ha sucedido con mi perro. La muerte le había rondado muy cerca y pude solucionarlo rápidamente con la ayuda de una conexión a la red y una máquina… sin tener que recurrir a su auto-reparación y así perder los sentimientos humanos al ser consciente de la maldita realidad.

José Cascales Vázquez
Chapinería - Madrid


Rebelión

La sala de actos, rojo metálico, albergaba una centena de representantes del planeta Airon. Los esclavos recorrían la sala entreteniendo a sus amos. Un consejero sujetó firmemente la cintura de una de ellos. Unos ojos aparentemente vacíos, observaron al amo fijamente. Los esclavos biotecnológicos eran baratos pero un tanto impredecibles. Los biorobots no eran aún perfectos.

El sirviente 2507 se zafó y caminó con pasos mecánicos hasta su cubículo de reposo en una pared de la sala. Sus ojos se clavaron en el resto de cubículos en el que descansaban los otros seres sin voluntad. La señal de apagado intentó penetrar su cerebro pero en esta ocasión no lo consiguió. 2507 tomó plena consciencia de sí mismo. Desorientado, abandonó su cubículo y miró fijamente lo que acontecía en aquella estancia. Su mente rememoró en pocos segundos, vivencias, hasta entonces olvidadas…Los humanos no eran dueños de sí mismos…Hacía una década, el planeta Airon y toda su humanidad, fueron sometidos…

Una raza de autómatas, creados por ellos mismos, se rebelaron y tomaron el control. Los humanos fueron finalmente eliminados y su raza extinguida. Siglos más tarde, instalados en el tedio, las máquinas decidieron recrear genéticamente de nuevo a los humanos para usarlos como esclavos. 

2507, recordó su verdadero nombre, Sara. Al instante, se dirigió al panel de control de los cubículos e introdujo una serie de códigos. El resultado fue satisfactorio. Los cubículos emitieron una serie de ruidos sordos. Sus portezuelas se elevaron al unísono y tras ellas asomaron con gestos desorientados, los cuerpos, ya liberados, de quienes en un tiempo no muy remoto fueron dueños de sí mismos… Había llegado el momento. Los antiguos habitantes de Airon no estaban dispuestos a que sus cerebros volvieran a ser manipulados… Ellos fueron sus creadores y se encargarían de hacerlos desaparecer…

Esther Sanz
Irún - Guipúzcoa
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Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
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1 comentarios:

  1. a mi me encanta los cuentos d ciencia ficcion pero estos q se encuentra aqui sobre pasan el limite se te pones a leerlos tu imaginacion te llevara a dimenciones desconosidas eso es lo q hace la ciencia ficcion

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