Microrrelatos sobre Poesía en La Biblioteca Encantada



XXI Concurso de Microrrelatos Repentinos

Recuperando sensaciones... esta semana hemos vuelto a recibir vuestros microrrelatos, algo que ya sabéis que nos encanta y que nos llena de orgullo en la biblioteca. Y seguimos aumentando... si la semana pasada nos enviasteis dos micros, esta hemos doblado el número, poco a poco os vamos recuperando a todos ¡y no sabéis lo que nos gusta sospecharos al otro lado de las ondas!

Por cierto, lo podéis comprobar por vosotros mismos, pero hemos tenido un altísimo nivel en el concurso y esto no deja de aumentar y mejorar semana a semana....

Y aunque nosotros, debido a las reglas del concurso, nos hemos tenido que decantar por uno de estos cuatro textos, os invitamos a que los leáis todos y nos contéis cuál es el que os ha gustado o llegado más.

El poder de la poesía

La poesía nos embarga. Quizás no todos sepamos escribirla, pero todos sabemos apreciarla. Quizás nunca hayas leído a Machado, a Lorca o a Quevedo, pero habrás tenido que recorrer un camino, habrás sentido la lluvia en tu piel y sabrás del poder del dinero. De eso se trata, ahí reside la magia de la poesía: el reflejo de los sentimientos de la manera más cercana al corazón.

El corazón. ¿Puede comunicarse con nuestro cerebro, nuestra mano o nuestra pluma? Pocos llegan a hacerlo con maestría, pocos son los emisores que manejan diestramente ese arte. Pero no limitemos la poesía a la emisión, pues su poder se basa en la recepción. ¿No entiendes de poesía? No importa, vivirás experiencias que sustituirán a cualquier verso. ¿Eres incapaz de encontrar una rima? 

Alguien aparecerá y rimará contigo para siempre. ¿No sabes cuántos versos debes escribir? Cada día de tu vida aportará un nuevo verso que esperará al del día siguiente para seguir conformando tu propio poema, aquel que dejarás escrito para la eternidad.

Vicente Ponce López
Móstoles - Madrid


La última rima de Joaquín Brams

Joaquín Brams sólo tenía una aspiración en su vida: ser poeta. Tenía la certidumbre de que componer versos era lo único que se le daba bien y por eso lo hacía a todas horas y en todo momento. Se puede decir que lo suyo era más obsesión que talento.

Desde niño había puesto todo su interés en la métrica y en los recursos estilísticos. Nada más le interesaba. Ni metía las narices en esos meetings poéticos donde pedantes e ignorantes reían al unísono mientras parecía que los que se paseaban al otro lado del cristal olieran a estiércol.

Joaquín no era de ese tipo de personas.

Él era poeta para él mismo y no para los demás. Nunca nadie leyó nada de sus trabajos. Los guardaba bien ocultos, tanto en su cabeza como en blocs de notas que obtenía de campañas publicitarias y que yacían desperdigados por su casa, oficina y coche. Cientos de páginas amarillentas de papel y nostalgia formaban una alcoba para otros miles de versos creados a diario. 

Bien podría yo asegurar que aquellas rimas formaban la única felicidad que brillaba en la desgraciada y gris vida de Joaquín. Por eso no me extraña que en el momento en el que la enfermedad le atacó y, cruel e impunemente, le fue robando por la fuerza todas y cada una de sus palabras, pensamientos y recuerdos, fuera reuniendo sus poemas en el salón, creando una geografía abrupta de montañas de papel de notas y versos, los empapara en alcohol con rabia y, colocándose en medio de su “vida”, dejara caer a sus pies un mechero encendido.

El edificio tuvo que ser evacuado en plena madrugada. El noticiario matinal rugió con la noticia del incendio y del hallazgo del cuerpo calcinado de Joaquín, única víctima mortal. Lo acusaron de loco pirómano y suicida.

Aquella alba, mientras las calles se veían ahogadas por el humo, voló hasta mí una cuartilla medio chamuscada en la que Joaquín escribió algunas de sus desesperadas palabras. Por ello me veo en la obligación de compartir esta historia con vosotros.

Javier Yuste González
Pontevedra - Galicia


El Paje del Pañuelo Rojo

Cada concursante presentaba sus versos leyéndolos en el escenario. Subió un joven poeta, peinado a lo paje medieval, vestido de punta en negro; con camisa roja, mocasines, y un pañuelo sangrante en la solapa. Las palabras de su poema se entrelazaban, fusionándose en nuevos fonemas y estructuras que abrieron la imaginación de los miembros del jurado. Frente al resto de las obras, que ahora parecían una ristra de marramizos lastimeros, los versos de ese muchacho se llevaron el galardón.

La señora que quedó segunda se mordió las uñas postizas cuando el ganador abrió la boca para agradecer el premio:

—Much-gazs-podpemio, gazs-podpemio, deveddá.

Víctor Pintado
Alpedrete - Madrid


La Poesía, un sentimiento

Todo sucede sin querer, cuando menos me lo espero. Puede que en ese momento esté hablando por teléfono o escuchando música, incluso puede que me disponga a indagar sobre mis pensamientos mientras me cobijo en el regazo de la ventana de mi habitación con el cielo oscurecido porque la noche quiera ser testigo del momento. No sé lo que me pasa, no entiendo lo que me lleva a hacerlo. Pero es cierto, lo siento como una obligación. Es como si la inspiración llamase a la puerta y no fuese capaz de dejarla fuera. Tengo que dejarla entrar, me exige pasar. Da igual lo que esté haciendo, mi cuerpo se dirige al ordenador y yo no puedo evitarlo. Pero ahí no queda la cosa, va más allá. La inspiración me posee, juega con mi cuerpo como si una marioneta yo fuese. Tiene una parte favorita, mis manos, concretamente mis dedos. Los maneja a sus anchas y los esclaviza a realizar largos viajes por el relieve del teclado. Yo soy ajeno a todo esto, mi cerebro apenas le da tiempo a reaccionar, simplemente se rinde y espera a que todo termine. Los dedos siguen sin parar de vagar por el paraíso de las letras y símbolos de cada tecla. El ritmo comienza a fluir entre las palabras, es puro sentimiento. La inspiración se queda satisfecha, ya se ha ido y yo me dispongo a leer lo que ella ha dejado frente a mis ojos. Siempre me sorprende, a veces, hasta consigue que expulse alguna lágrima de emoción. Es invencible, ella siempre gana y mi cuerpo lo acaba dejando todo cuando ella, la inspiración, vuelve.

Abel Jara Romero
Vallecas - Madrid

Share on Google Plus

Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido Radiolector. Estamos encantados de recibir tu mensaje. Solo te pedimos que no publiques spam raro de ese y que seas respetuoso con todo el mundo. Saludos desde las Almenas.