David J. Skinner nos regala dos geniales relatos de terror


Un paseo por el bosque

Los últimos rayos de sol comienzan a desaparecer, haciendo que aquel paisaje, antes idílico, pase a convertirse en el preludio de una pesadilla. Puedo escuchar —al menos, eso me parece— su respiración cada vez más cerca, mezclándose con los sonidos del bosque.

«Ya he pasado por aquí», pienso, mirando el grueso tronco de un árbol, cubierto con manchas que se me antojan de sangre. Éramos seis personas cuando llegamos por la mañana. Ahora, no quedamos más que dos.

Me detengo, intentando discernir el origen de la, cada vez más fuerte, respiración. Cuando creo haberlo logrado, echo de nuevo a correr.

Una rama cruje a mi derecha. Está ahí, lo sé; casi puedo sentir los latidos de su corazón a mi lado, como unos tambores que anunciaran el final de aquella… cacería, por llamarla de alguna forma.

Sus ojos, que parecen brillar en la oscuridad, me observan entre el follaje. Tiene algo en la mano —en aquella larga y ensangrentada mano—, que dirige hacia mí. Todo está a punto de acabar.

Desenvaino el machete con el que he matado a los otros, y me relamo involuntariamente la boca mientras contemplo su tembloroso cuerpo. Esta vez no lo haré rápido; voy a disfrutar cortando y cercenando partes de aquel infeliz.




Diez Minutos


La muerte solía llegar de forma imprevista; ya no. No para los que observábamos el cielo, viendo cómo aquella gigantesca roca se abalanzaba contra el planeta.

¿Qué harías si el mundo fuese a acabar? Piénsalo rápido. En diez minutos habrá sucedido.

Seguro que imaginar a miles de personas corriendo sin rumbo por las calles. Asaltando comercios, tal vez, o robando coches de lujo. Creo que eso sería mejor que la terrible realidad.

Miro a mi izquierda: junto a mí, mirando hacia arriba, se encuentra una pareja con sus dos hijos. Uno de ellos tan pequeño que no se percata de lo que está a punto de suceder. «Eso es suerte», pienso por un momento, aunque desecho ese pensamiento casi al instante.

A mi derecha, por otra parte, se ve a un nutrido grupo de personas, que no parecen tener ninguna relación entre ellos. Todos absortos ante el espectáculo. Todos incapaces de dar consuelo, o de recibirlo.

Cinco minutos.

Una ráfaga de calor nos envuelve durante unos segundos. Pienso que es el fin, pero aún no; como viene, se va. Escucho, a mi izquierda, el llanto de uno de los pequeños. No quiero saber cuál.

Cojo de nuevo el móvil e intento realizar una llamada, la última llamada. Por supuesto, resulta imposible; las líneas siguen colapsadas. Sin guardarlo, me giro en dirección a una voz, a mi derecha. Entre el grupo de desconocidos hay una chica, de no más de veinte años, que parece estar rezando en un idioma que desconozco. Siento la tentación de acercarme, de intentar que se sienta mejor.

No lo hago.

Dos minutos. O puede que uno.

Dejo caer el móvil al suelo, mientras noto cómo mis extremidades pierden fuerza. Regresa el calor, más fuerte y para quedarse. El niño ha dejado de llorar, la chica ha dejado de rezar. Sólo se escucha… el silencio.

No quiero mirar. ¡No quiero! Pero lo hago.

Es horrendo. La piel se desprende de ellos (de mí), como papel húmedo. Aun así, no parece que sufran.

Hasta que comienzan los gritos.

¿Estoy gritando también yo? No lo sé; tan solo quiero que todo acabe. Ya no siento calor, ni dolor, y los gritos se alejan cada vez más.

¿Qué harías si el mundo fuese a acabar?

Esperar, llorar, rezar, gritar…

Y, finalmente, descansar.

Share on Google Plus

Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido Radiolector. Estamos encantados de recibir tu mensaje. Solo te pedimos que no publiques spam raro de ese y que seas respetuoso con todo el mundo. Saludos desde las Almenas.