Supervicencia Post-apocalíptica en nuestro concurso de Microrrelatos Repentinos


Estos son los microrrelatos participantes de esta semana. Nosotros hemos elegido ya un ganador, como podréis descubrir si escucháis La Biblioteca Encantada 103, pero nos gustaría saber cuál es vuestro microrrelato favorito y si hemos acertado en nuestra decisión. Gracias de antemano por vuestra opinión y vuestros comentarios.

El texto ganador se lleva para casa un ejemplar de "El yermo", gentileza del propio autor, Sergi Llauguer. Enhorabuena.

En los acantilados…

Ella se encontraba sentada en una gran roca junto a la playa, el agua golpeaba fuertemente de lado a lado el pequeño acantilado, el color naranja pigmentaba en cada vaivén un trozo de roca, le recordaba cómo antes bañaba sus pies en ese mismo mar de playas blancas y cristalinas. Su cuerpo, o lo que quedaba de él, se estremecía cada  vez que la inmensa nube gris y pesada permitía que se filtrara un rayo de sol. Con sus manos desintegrándose, limpiaba delicadamente  las lágrimas que caían sobre su rostro e intentaba al mismo tiempo que el ojo que aún conservaba se mantuviera en su lugar y no se deslizara por la inmensa concavidad que se había formado sobre su pómulo. Sólo pensaba en él, la causa de su melancolía. Su llanto se hizo más fuerte, su postura se descompuso. En este momento, el ojo ya colgaba sobre su rostro, con su mano derecha llena de llagas causadas por la radiación agarró su ojo y con un fuerte impulso lo arrancó, el resto de su cuerpo cayó en el agua oxidada duplicando sus movimientos, golpeando las rocas, con cada golpe se desintegraba una mano, un pie, hasta que finalmente, convertida en partículas desapareció, sólo quedó su ojo sobre la roca, observando el cuerpo sin vida de su gato y el cielo de su último día.

María Bernate
Bogotá - Colombia


La Presa

El polvo se elevó del suelo con estrépito cuando las balas impactaron cerca de él, su respiración acelerada y el sudor que corría por su espalda, aún cuando la temperatura era baja, no hacían más que recordarle que no debería haber salido de su pequeña morada. La codicia le había podido, su conciencia no paraba de gritarle un "Te lo dije chaval", iba a morir ahí y lo sabía.

Echó un vistazo rápido por encima de la chatarra en la que se había refugiado y distinguió a cinco tipos armados que avanzaban hacia él. Las chispas de la bala rebotando en el metal le hicieron cubrirse de nuevo. Forajidos, asaltantes y asesinos, maldijo para sí el día en que se le ocurrió la locura de trastear en las ruinas de lo que antaño fue un deposito de coches. Su última esperanza, un cuchillo casero de no más de quince centímetros. Los gritos de los hombres que querían matarlo y seguramente devorarlo después le sacaron de la pequeña charla mental, respirando hondo se lo pensó una vez más, no le quedaba nada... lo único que podía hacer era luchar por su vida ...iba a morir ahí y lo sabía.

Adrià Molero Gonzàlez
Casteldefels - Barcelona


Este es el mundo en el que vives

Aunque notas cómo tus piernas apenas son capaces de sostenerte, no te planteas ni por un instante dejar de caminar. A los lados, el inhóspito paisaje se pierde en el horizonte; frente a ti, se extiende una carretera que parece no tener final.

Y, a tu espalda, la ciudad. Aun sin quererlo, echas la vista atrás y contemplas el esperpéntico esqueleto de una ciudad fantasma, con unos rascacielos que, incluso inclinados, parecen resistir la fuerza de la gravedad. Infinidad de estructuras que se burlan de ti, de toda la raza humana, perdurando más que sus creadores.
Pues este mundo en el que vives, el mundo que te ha tocado vivir, no está exento de habitantes, mas a duras penas pueden ser considerados seres humanos. No se trata solamente de las deformaciones genéticas que se han ido trasmitiendo generación tras generación, y que otorgan a ciertos individuos el aspecto de terribles gárgolas vivientes. No. Lo peor está en el interior.

Tus pensamientos son interrumpidos por un grito lejano. Una mujer, al menos a cinco o seis millas de distancia, debe de estar sufriendo un ataque. Un robo, probablemente, o una violación. Te preguntas si llegarás a tiempo.

No para salvarla, claro, sino para obtener parte del botín.

David J. Skinner
Madrid


El último no héroe

No hay un paciente cero. Tampoco una causa lógica y justificada. Simplemente, todo lo que era, ya no es. Y lo que es, ya no será. Muchos pensaban que fue culpa de una mala gestión del gobierno frente a una crisis mundial, de la que todos sabíamos, que no habría salida. Otros echaban las culpas a los malditos virus provenientes de los animales, que empezó a causar millones de muertos. Cuerpos sin vida, que se sumaban a los de la Cuarta Guerra Mundial, donde el gobierno sí tenía presupuesto para invertir en tanques que han destrozado mis últimos ocho hogares, pero no había dinero para poder tratar la nueva mutación de la gripe.

En cuanto a mi opinión, paso de echarles la mierda a los demás, cuando la mayor mierda del mundo la tengo en mis narices. Parece ser que soy el único superviviente. ¿Estoy seguro de ello? No, para nada. Pero no se ha demostrado lo contrario. No me he cruzado con nadie en mucho tiempo. Quizás ahí fuera, hay otros desgraciados como yo. Podría coger cualquier coche de estos abandonados, los que no reventaron los soldados a bazucas, e irme a buscar vida en otro lugar. Como las misiones a Marte, pero la mía sería más útil. Pero esto no es como las películas. No tengo ni puñetera idea de hacer un maldito puente al circuito de esas máquinas a cuatro ruedas. Tampoco hay combustible suficiente para llegar a un sitio lejos de aquí y poder hacer unas cañas con nuevas caras. Podría quedarme aquí y esperar. ¿Pero quién vendría a por mí, si ya nadie me conoce?

Así que me he cansado de aguardar en estas calles abandonadas, malolientes y decoradas con cadáveres de gatos y gaviotas, que sólo las hojas consiguen esconderlo como si se avergonzaran de la estética del lugar. He tenido que pasar comiendo frutas con gusanos, lechugas en mal estado y vitaminas en pastillas ya que todos los alimentos provenientes de carne animal quedaron intoxicados por los virus que os he comentado.

Hoy me he encontrado una lata de sardinillas en aceite. Mi debilidad. Suena a broma. Lo sé. Todavía no están caducadas, pero como si lo estuvieran. Hace mucho que no las pruebo, aunque ahora me voy a dar el festín. Y no, no me rindo. Quizás podría haber sido un héroe, pero no tengo madera de ello. Uno de mis sueños era morir feliz, y estas sardinillas, me han devuelto la sonrisa que todo este jolgorio asesinó. Así, que voy a asir la ocasión, y me despido de este infierno, pero con un buen sabor de boca.

Irónicamente, para finalizar los últimos segundos de esta cámara medio rota y arañada de historias, quiero añadir que sobreviví a una apendicitis, a un disparo de bala de cuando empezó “La Cuarta”, a todo este maldito apocalipsis y ahora me van a matar unas sardinillas. Pero que me quiten lo “bailao”, elijo mi destino.

“Bip bip”.

Carles Xavier Vilás Berdié
Badalona - Barcelona


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7 comentarios:

  1. Yo me decanto por "En los acantilados...".

    Con todos mis respetos, también me gustaría dar un pequeño consejo acerca del relato "El último no héroe"; aunque a mí me encantan (muchísimo) las oraciones adversativas, este relato cuenta con una ingente cantidad de "peros". Creo que quedaría mejor si se usaran sinónimos, o se alterasen las frases para evitar la repetición de la misma palabra.


    Saludos.

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    1. Gracias por tu opinión y consejo David. Lo tendré en cuenta para futuras ocasiones. ¡Enhorabuena por la victoria!.

      La verdad, es que no hay ni uno que me desagrade. Muy buenos microrrelatos a mi gusto.

      Un saludo a todos.

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    2. Muchas gracias, Carles. Y sí, yo opino igual: merece la pena leer todos estos relatos.

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  2. Mi más sincera enhorabuena a todos los concursantes. Ha resultado un auténtico problema decidirnos por uno... aunque, bendito problema.

    Os espero a la próxima.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Felicidades David!!, excelente relato, me transporté con tu historia. Un saludo a todos.

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    1. Muchas gracias, María. Por cierto, ¿qué te ha parecido el uso del narrador en segunda persona? Creo que solamente lo he usado un par de veces, y siempre en relatos cortos.

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