Apasionada representación de Cyrano de Bergerac


El Auditorio Municipal de Chapinería acogió al fanfarrón más valiente de la historia del teatro

Pasión. Esa es la palabra que mejor describe la representación teatral que se pudo disfrutar en el Auditorio Municipal de Chapinería el pasado sábado 7 de diciembre, una valerosa adaptación – casi literal – del Cyrano de Bergerac de Rostand, puesta sobre el escenario por la Compañía Teatral Kalidoscópio, con David Merlo Goyanes a la cabeza, un David Merlo en el que cae gran parte del peso de la obra en lo que parece un monólogo acompañado. Pasión por el teatro, pasión por los clásicos y pasión por un personaje que es grande por sí mismo y cuyas palabras y bravuconerías nos dejan más de una vez boquiabierto. 

Cinco actos con un ritmo vertiginoso y que no permiten al espectador aburrirse lo más mínimo, ni bajar la guardia en ningún momento, porque en cualquier momento puede ocurrir cualquier cosa, una obra de casi tres horas de duración, escrita y representada en versos alejandrinos, pero con una agilidad y una velocidad que consiguen abstraerte de los versos y meterte de lleno en la historia que estos nos cuentan, una trágica historia de amor regada con duelos de espadas, una batalla e incluso momentos repletos de humor. Una tragicomedia puesta en marcha por más de veinte de actores que encarnan a más de cuarenta personajes, una compañía muy joven, con una media de edad que no superaría la veintena de no ser por los tres actores que apoyan tanta juventud con su veteranía y su talento sobre los escenarios: Cristina Franco, Carlos Múgica y el propio David Merlo.

Lo cierto es que, puede que a causa del puente o de la hora inusual de la representación, el auditorio no llegó a llenarse, lo que es una lástima, porque estoy seguro de que con un público entregado la obra habría crecido aún más y habría resultado una espectacular tarde de teatro, aun así, con esos cincuenta o sesenta valientes que acudieron a presenciar este Cyrano, Kalidoscópio nos regaló una velada de teatro del bueno. Todo un clásico que emocionó, divirtió y entristeció a partes iguales. La segunda parte de la obra, con los dos últimos actos, es tan emocionante que apenas parece pasar el tiempo y el final del personaje… en fin, tendréis que verla para estremeceros como quienes estábamos ayer en Chapinería. Porque es una representación realmente recomendable.

Aunque en general la felicitación es para toda la compañía, incluidas las personas encargadas de los aspectos técnicos, por supuesto, me gustaría destacar la actuación de Alberto Romero en el papel de Ragueneau, el pastelero poeta, porque me encantó y me pareció una de las mejores actuaciones de toda la obra y también la de Bárbara Colodro en el de Roxana, porque esta chica tan joven venía de hacer a Doña Inés en el Tenorio y el paso de Inés a Roxana ha tenido que ser más que complicado y meritorio. De todas formas, como no podía ser de otro modo, el verdaderamente destacable es el papel de Cyrano, al que David Merlo se entrega desde el principio con todas sus fuerzas y que tiene que dejar a cualquier actor terriblemente agotado.

Gran teatro con una compañía muy joven, una obra realmente repleta de pasión y tres horas aprovechadas al cien por cien, eso es lo que me dejó el sábado Cyrano de Bergerac, la sensación de presenciar una obra realizada por amantes del buen teatro y la esperanza en el futuro, con maestros como David, la pasión por el teatro tiene el futuro asegurado.

Espero que Kalidoscópio vuelva pronto a Chapinería con nuevas obras que ofrecernos, estaremos muy atentos a sus actores en Castillos en el Aire.








Opinión de nuestro compañero Rafael Rodríguez

Ayer asistí en el Auditorio de Chapinería a una representación del "Cyrano", de Rostand, por el Grupo de Teatro Kalidoscopio. Una estupenda versión dirigida por David Merlo Goyanes. Fue una gran tarde de teatro, para un público entusiasta, pero escaso. El propio director lo puso de relieve al final de la obra. Son un grupo de personas que sacan lo mejor de sí mismas para ofrecer al público una historia que tiene muchos elementos de la vida actual. El asistir a una función de teatro es una fiesta colectiva, en la cual nos emocionamos, reímos o sonreímos y quizá lloremos, pero es un ejercicio de solidaridad, porque cuando miramos a nuestro derredor y vemos que las personas que ocupan las butacas sienten y vibran como nosotros mismos con las emociones que nos trasladan los actores, estamos ejerciendo esa necesaria solidaridad para que entre todos aprendamos lo que se puede hacer, que para eso se hace teatro: para enseñar y difundir cómo se pueden hacer cosas buenas cuando un puñado de personas se reúnen en un equipo. Quizá no baste decir que tal obra se va a hacer tal día en tal teatro. Quizá sea necesario que se divulgue de qué se trata, porque no todos conocemos muchas de las obras que se nos ofrecen. Mi agradecimiento a quienes integran ese Grupo de Teatro y mi deseo de que no decaigan, porque son necesarios.
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