Nos hemos leído el volumen 3 del integral de "Jeremiah"

Hermann Huppen

En una sociedad arrasada y reducida a despojos por una violenta guerra racial, el ingenuo Jeremiah y su cínico amigo Kurdy desandan el camino del crecimiento y la madurez atravesando las más duras situaciones.

Pero el verdadero crecimiento también se va dando en el autor de la obra: episodio tras episodio vamos descubriendo otros matices y un ritmo cada vez más cadencioso y personal en las historias.




Porque el Apocalipsis 
no es un invento de ahora

Encontrarse con un cómic como “Jeremiah”, que Planeta deAgostini Cómics está publicando en volúmenes integrales es una agradable sorpresa para un lector que sigue aprendiendo a fuerza de lecturas que el mundo que ya sospechaba gigantesco y exuberante, lo es mucho más de lo que presuponía. Imaginaos el momento, un lector (yo) que no conoce al personaje, que del autor conoce solo algunos retazos y que se encuentra, de repente, con el volumen 3 de una historia de la que no ha leído nada en absoluto… lo normal sería que no entendiese nada o que se espantase ante un personaje que no es un héroe, que no realiza proezas sobrehumanas y que viaja en un mundo extravagante junto a un tipo que parece cualquier cosa menos agradable… ¿no? Pues no, porque los diálogos, las sorpresas, las situaciones y todo lo que rodea esta historia te atrapan desde el primer momento que osas acercarte a ella.


Ahora que estamos de vuelta de todo y que parece que hemos descubierto la Coca Cola, estamos muy acostumbrados a las historias post-apocalípticas de todo tipo. Las hemos mamado en cine, en literatura, en música, en imaginario… pero imaginaos cuando a principios de los años 80, los lectores de “Jeremiah” se encontraron con un cómic en el que los protagonistas se limitaban a viajar y a sobrevivir, con suerte a encontrar refugios donde superar el fin del mundo. Un cómic en el que había villanos sedientos de sangre  y en el que se trataban temas como el racismo, el odio, el miedo… la verdad es que me lo imagino y me parece que los lectores tuvieron que alucinar con lo que leían.

Un protagonista que no es un héroe, sino un mero superviviente, con un compañero irreverente y, aparentemente, desquiciado, hacen de esta lectura un in-habitual encuentro con la condición humana

Han pasado más de tres décadas de la publicación de estos cómics europeos, pero no han perdido vigencia alguna, al menos en lo referido a las tres historias o episodios que componen este tercer volumen: Afromérica, Las aguas de la ira y Un invierno infernal. Además, la manera de contar la historia de Jeremiah, muy a lo pulp, con historias cortas y separadas en el tiempo con diversas aventuras de los mismos personajes, hacen que la lectura sea aún más amena y que apetezca mucho más seguir sabiendo qué les ocurre a los personajes. Las tramas son muy serias y directas, logran que los lectores nos pongamos en la piel de los protagonistas y que comprobemos por nosotros mismos que el mundo nunca es justo, cuanto menos tras un holocausto apocalíptico (sea del tipo que sea, en esta caso, por una serie de guerras raciales, casi nada).

La verdad es que cada uno de los tres episodios encierra algo por lo que destaca por encima del resto. El primero de ellos, Afromérica, por ese personaje tan icónico con unos guepardos como mascotas y guardianes; el segundo, Las aguas de la ira, por ese trayecto cuasi-fantástico a través de un pantano en el que algunos (supongo que los comiqueros más indeseables) creemos percibir incluso un ligero toque de El Verde de La Cosa del Pantano, aunque en realidad sea una historia de fugitivos y cazadores muy intensa y agobiante; y  la última del volumen, Un invierno infernal nos lleva hasta un encuentro en el hielo y en la nieve con, de nuevo, elementos que podrían resultar fantásticos y con la premisa principal de toda esta obra, de todo este western… la condición humana, con sus bondades y, especialmente, con sus crueldades.

Ahora muchos creen haber inventado la Pepsi (como antes he mencionado la Coca-Cola), pero “Jeremiah” nos demuestra que los lodos en los que nos embarramos proceden siempre de los polvos de quienes nos precedieron

La viñeta de corte europeo, recta, con dibujo realista y colores vivos y apagados a un tiempo (sí, sé que no es una descripción que cuadre con casi nada, pero si habéis leído a Tintín, lo entenderéis) hace que la lectura sea apaciguada y tranquila, aunque las historias y sus tramas apenas nos dejen respiración.

La verdad es que he disfrutado mucho con Jeremiah, a pesar de que no es un cómic en el que el "héroe" sea activo, sino más bien una víctima de sus circunstancias, de sus alrededores y de sus compañías. Persecuciones, villanos, odio racial... la verdad es que es un cómic duro, adulto y que te lleva a plantearte más de una docena de preguntas... creo que es uno de esos cómics que se acercan a la literatura más intensa. Si no te da miedo no tener héroes o que el tuyo sea un hombre común agitado por las circunstancias y su mundo, tienes que leer “Jeremiah”



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