Reseñamos "El naranjo que se murió de tristeza"

Mónica Rodríguez

Dos historias paralelas desarrollan la acción en un pequeño pueblo del levante que vive del cultivo de la naranja: el presente, en el que Ali, la sobrina de la tata Josefa, tiene que adaptarse a la separación de sus padres; y el pasado, del que Josefa cuenta a Ali su amistad y complicidad con Lucrecia, así como sus escapadas a ver a dos presos que barren las calles del pueblo y que identifica con su padre y su tío pero sin conocer con certeza quién es quién. El mismo naranjo, en el que se refugió de niña para vigilar el trabajo de los presos, es el que ahora (en el presente de la narración) se está muriendo.


Porque nuestra propia historia
es atrayente, intensa, apasionante
y está repleta de grandes odiseas

Hasta estos días no había tenido la oportunidad de leer esta novela y me alegro, porque la he podido leer con la calma que se merece y dedicándole el tiempo justo para saborear su sabor amargo y dulce al mismo tiempo.

Leer un libro de Mónica Rodríguez siempre deja en el lector un poso de nostalgia y de melancolía (o casi siempre), aunque también te permite descubrir que la vida siempre sigue adelante y que, sonriendo y en la compañía de aquellos que te quieren, el futuro es de colores mucho más vivos y luminosos. En los libros que he leído hasta el momento de esta autora ovetense afincada en Madrid me he encontrado siempre con ese fastidioso nudo en la garganta que tanto nos fascina a muchos devoradores de historias, pero también de la importancia de la familia, de los recuerdos, de la infancia… tiene algo de poética la prosa desarrollada por Mónica que me fascina y me atrapa siempre que me pongo a leerla (y ya van varios títulos). Me gusta mucho cómo escribe, quizá por eso sea que vuelvo siempre que puedo a sus novelas (o porque siempre encuentro títulos nuevos que añadir a mi lista de pendientes).

Quizá sea lo peor que podemos vivir los humanos, pero las guerras –y sus consecuencias- siempre nos dejan historias apasionantes, recuerdos increíbles… “El naranjo que se murió de tristeza” es uno de esos momentos especiales “regalados” por una contienda.

“El naranjo que se murió de tristeza” es una de esas novelas que te van contando su historia a medida que la lees, sí, que se va descubriendo poco a poco, que no te da todos los detalles de primeras y luego te los argumenta, sino que te va llevando a través de sensaciones y pequeñas historias de la vida cotidiana, de personajes apenas dibujados en ocasiones, al centro de lo que te quiere contar. En esta ocasión, un recuerdo de la terrible Guerra Civil española.

Es una novela corta, de poco más que cien páginas, pero su historia conmueve casi desde la primera línea, nos adentra en la vida de una niña que no tiene recuerdos de su padre, preso desde el final de la guerra, una niña que descubrirá que los sueños a veces no se cumplen… aunque otras veces sí que lo hacen.

Y es que, como os decía antes, las historias de Mónica son melancólicas, es cierto, pero no dejan de jugar con la fantasía y la imaginación de los más pequeños, muchas veces nos recuerdan a ensoñaciones y a la manera que recordamos algunos episodios de nuestra vida, con esa mezcla existente entre la fantasía y la realidad con la que juega nuestra mente habitualmente.

“El naranjo que se murió de tristeza” habla de ilusiones, de imaginación, también de dolor y de pérdida, incluso del sentimiento de culpa. Es una novela que huele a azahar y a naranjas, a nuestra memoria colectiva y a nuestros empeños

Teóricamente estamos ante una novela juvenil, pero he querido traerla a Castillos en el Aire porque me ha parecido una lectura (como casi siempre me ocurre con lo juvenil) capaz de transportarnos a cualquiera a otros tiempos, a otros sensaciones, a otra España que hemos querido ocultar bajo la alfombra, esconder, quizá por vergüenza, pero que está ahí, es nuestra, somos nosotros los que la protagonizamos, aunque ahora nos creamos muy avanzados para esas gentes sencillas y grises de entonces, que veían la podredumbre y la pérdida por todos los rincones, que sabían de la dureza de su vida y la afrontaban con paños negros a diario y sonrisas los días de fiesta, que tenían que callar lo que pensaban y agachar la cabeza al trabajar.

Me ha gustado mucho esta historia, me ha conmovido y emocionado, pero además me ha enseñado algo, que, incluso ante un pelotón de fusilamiento, hay que marcharse con una canción, un buen recuerdo y una sonrisa.


Share on Google Plus

Castillos en el Aire

Castillos en el Aire es el programa de libros y escritores de Radio 21. Cada temporada hemos procurado crecer y mejorar. Ahora tenemos literatura, pero también música, fotografía, pintura... ¿ya nos has visitado?
    Blogger Comment
    Facebook Comment

1 comentarios:

Bienvenido Radiolector. Estamos encantados de recibir tu mensaje. Solo te pedimos que no publiques spam raro de ese y que seas respetuoso con todo el mundo. Saludos desde las Almenas.