"Ivanhoe", una lectura para lectores valientes y avezados

Sir Walter Scott

Las aventuras de un aguerrido caballero que regresa de las Cruzadas para reclamar su herencia y termina por salvar el reino de Inglaterra.

Inglaterra, siglo XII. El joven y valiente Wilfred de Ivanhoe, hijo de Cedric, es desterrado por deshonrar a su padre. Wilfred parte como cruzado junto a las tropas de Ricardo Corazón de León para reconquistar Tierra Santa. A su regreso, la situación en Inglaterra ha llegado a una situación extrema: el rey ha sido apresado por el duque de Austria y el reino, más debilitado que nunca, queda en manos de su hermano, Juan Sin Tierra, un traidor despreciable y sin escrúpulos. Solo Ivanhoe, con la ayuda de Robin de Locksley (el legendario Robin Hood), tiene la clave para defender su buen nombre y el de la Corona.



Para empezar os diré que el hecho de leer esta novela, además de ese gusto que tengo de tanto en tanto de leer clásicos literarios de todos los tiempos, procede de una promesa (incumplida, por cierto) y de una espinita que venía arrastrando desde que tenía once o doce años… me explico, el tema de la promesa es que, en el último programa de la VI temporada de Castillos en el Aire prometí leer “Ivanhoe” antes de que acabase el verano y al final lo acabé de leer ayer, primer día del otoño… pero es que, leer a Walter Scott ha sido duro, amigos. Y el tema de la espinita… tuve un profesor que me apreciaba mucho, que sabía que me gustaban los caballeros, los torneos medievales, los castillos y todo lo que sonase a Medievo romántico, pues bien, ni corto ni perezoso, el bueno de don Julián me recomendó de niño la lectura de este gran libro de luchas normandas y sajonas, de princesas fuertes pero defendibles y de personajes variopintos y míticos como pocos. El libro en cuestión era grande, vistoso y estaba lleno de ilustraciones estupendas con caballeros armados hasta la cabeza, con estandartes y pendones coloridos e incluso con cruces templarias tiñendo de color rojo vestimentas blancas y puras (como el alma de su portador… ejem). Empecé a leerlo… creo que no llegué ni al segundo párrafo antes de decidir que era un libro demasiado espeso y duro para mi yo de entonces… acerté, de haberlo intentado hasta las últimas consecuencias puede que hoy no fuese el lector que soy, quizá aborrecería la lectura.

Y es que “Ivanhoe” es un libro con una historia mágica, repleta de personajes tan atractivos como legendarios (Ricardo Corazón de León, Robin Hood, el propio Ivanhoe…), con momentos realmente intensos y emocionantes, pero con una prosa lenta a más no poder, algunos parones incomprensibles en su trama y, por encima de todo, un héroe que apenas aparece y que se pasa el ochenta por ciento del libro perdido en un limbo de fiebres y debilidades. La verdad es que ha sido difícil alcanzar el final sin desfallecer en el intento. No me escucharéis decir jamás que “Ivanhoe” es un mal libro, todo lo contrario, creo que es un gran libro y que cuenta con algunos instantes maravillosos (como ese torneo medieval del principo o la toma del castillo por parte de los monteros y campesinos comandados por el Caballero del Candado), pero su lectura, en muchos momentos, me ha parecido alargada en extremo y detenida en detalles que no aportaban nada y que ralentizaban la narración de un modo innecesario.

Eran otros tiempos y la narración era diferente, es cierto, no le negaré tampoco a esta obra la existencia de varios aspectos de lo más novedosos, como esa Rebecca (judía y mujer para más señas) capaz de robarle el protagonismo a una gran parte de los héroes y caballeros masculinos y de enfrentarse a todo y a todos por un amor que sabe no correspondido. Tampoco me callaré aquí esa velada crítica tanto al egoísmo de los judíos (representado de manera casi cómica en la figura de Isaac de York, el padre de Rebecca) y a la ligereza con la que los cristianos más auténticos se toman su propia religión (en especial el bueno del malo, el Templario disoluto). Aunque claro, tampoco puedo dejar de mencionar aquí la aparición repentina de personajes que le vienen al narrador de perlas para cerrar o abrir un camino que tiene complicado o la “resucitación” de uno de los personajes más inservibles y desaprovechados de la historia de la literatura (para mi gusto).

A ver, la historia en sí es divertida y tiene su punto de mágica, de leyenda de aventuras caballerescas, con el honor y el enfrentamiento entre normandos y sajones como puntos básicos de partida, pero contiene (siempre hablando en términos de mi gusto) demasiados lastres como para ser leída por un amplio abanico de lectores. Solo los más avezados o valientes se atreverán a recorrer la Inglaterra de estos torneos medievales, de estas consecuencias de las Cruzadas, de estos honorables personajes capaces de enamorar con su sola presencia, pero que son incapaces de correr una aventura sin que su autor nos cuente en ocasiones hasta la brizna de hierba pisoteada por su caballo…

Aun así, en este libro (y en otros) está la base de la fantasía medieval. En él me he topado con detalles que he visto más tarde en otros libros, códigos y situaciones que ya había leído y vislumbrado. He visto incluso la base real de la película “Robin Hood, Príncipe de los Ladrones” (la de Kevin Costner), que tiene más de “Ivanhoe” de lo que parecía antes de leerlo.

En fin, que no me ha disgustado, pero no ha sido la maravilla que creía que iba a encontrarme. Supongo que, más de veinte años después, pensaba que leería la historia que me habría perdido de pequeño, la que me habría regalado una base que no he tenido ante otras lecturas, pero, ¿sabéis qué?, me alegro de no haberle hecho caso al bueno de don Julián, de no haber leído “Ivanhoe” hasta hoy, cuando, a pesar de los pesares, puedo decir que he disfrutado de su lectura, sobre todo en algunos momentos concretos, porque decir eso de toda la narración sería imposible (para mi desgracia).

El bueno de Tuck compartiendo mesa y caldos con el futuro Rey de Inglaterra (por cierto, una invención, no sé si lo sabéis, Ricardo Corazón de León jamás regresó de las Cruzadas para echar de Inglaterra al pérfido Juan), Ivanhoe medio muerto enfrentándose a un Templario temible y morífero de necesidad, un joven desconocido derrotando a todo el mundo en un torneo con las mejores lanzas de Inglaterra, los arqueros de Robin Hood comandados por un caballero capaz de derribar él solo el portón de una muralla… en fin, que hay suficientes elementos para que esta historia sea una de las grandes de la literatura de todos los tiempos, es cierto, pero a veces su lectura se hace tan pesada, que desmerece un poco la calidad literaria, de estilo y argumental que encierra.

Aun así, me alegro de (un poco tarde) haber cumplido la promesa y haberme sacado la espinita que tenía clavada en el corazón lector desde hace ya más de veinte años. 


PD. La sinopsis que acompaña la edición de DEBOLSILLO es un poco tramposa, la verdad, porque el bueno de Ivanhoe...

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1 comentarios:

  1. Oh! Me encantó este libro.
    Lo leí hace no demasiado porque me imponía un poco el título y menuda sorpresa. Es fantástico.
    Besos
    Pd Me gustó descubrir tu blog, me quedo por aquí y te invito al mío en el que además sorteo una galerada de un libro estupendo

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