Juventud y Cultura, ¿qué falta para reunirlos en nuestra Comarca?

Algunos representantes de El Club del Micro Rojo en la Plaza de Colón durante el pasado mes de mayo de 2016

Una asignatura pendiente: escuchar a los jóvenes y proponer a su gusto

Llevo unos días dándole vueltas a una pregunta que me ronda por la cabeza, ¿por qué los jóvenes de nuestra Comarca no acuden a los actos culturales que se realizan? ¿Por qué la media de edad en Asociaciones Culturales, grupos, aficionados y asistentes suele ser siempre tan elevada? Creo que existen varios motivos para que esto ocurra pero, esencialmente, creo que es porque no les interesan los que se proponen y, quizá, no haya nadie que les pida opinión cuando se programan los diversos actos organizados por nuestros colectivos e instituciones. Hace unos días acudía al Teatro Fernán Gómez, en Madrid, para hablar de juventud y teatro y me encontraba con algo que ya suponía, la falta de interés hacia la mayoría de los eventos culturales por la juventud es algo más generalizado de lo que sería recomendable. Y sin embargo, los jóvenes se enteran de lo que quieren enterarse. Llenan estadios cuando hace falta, compran libros, discos, ven películas, abarrotan librerías y bibliotecas cuando van las personas que les gustan… ¿qué ocurre entonces?, ¿qué está fallando en nuestra Sierra Oeste y en el resto de España para que la juventud parezca ocultarse ante eventos variados?, ¿por qué es tan complicado ver a jóvenes en eventos culturales de todo tipo?

En ese encuentro con el teatro como protagonista que tuve la suerte de disfrutar con algunos chicos y chicas de la comarca de entre los 13 y los 15 años, pertenecientes al proyecto educativo El Club del Micro Rojo, se habló de promoción, de calidad, de entrega, de educación, de familia, de un intento por cambiar la idea de que el teatro y la cultura son obligatorios y sirven para aprender… pero se hizo algo que, creo, fue mucho más importante y afortunado. Se escuchó la opinión de los jóvenes que se reunieron allí, se les dio la oportunidad de manifestarse sin la necesidad de ser corregidos, evaluados o incluso censurados. Se les escuchó, sin más. Se convirtieron en personas que debatían al mismo nivel que los adultos con los que conversaban.

Y ese es uno de los trucos, quizá el único necesario en realidad. Escuchar. Dar valor a lo que dicen las personas a las que queremos llegar, no tener siempre la necesidad de juzgar o menospreciar lo que no es de nuestro gusto. Dar valor a todo lo que se nos comenta, por poco valorado que nos parezca. Si queremos que la salud cultural de nuestros municipios siga creciendo y sea cada día más importante tenemos que incorporar a los más jóvenes, es un deber, una obligación moral. Y, por supuesto, una dosis de frescura que ayudará a que nuestros actos sean aún más interesantes y ricos. Para ello debemos informarles de cuanto hay, de todo. Quizá haciendo llegar las convocatorias a los institutos de educación secundaria o creando un punto de encuentro del que se sientan partícipes y dueños. Debemos escucharles a la hora de programar algunas actividades, pedirles opinión, organizar eventos que les puedan interesar. Quizá deberíamos acompañarles en algunos de esos actos que ellos nos proponen, en algunas de las aventuras que a ellos les atrapan. Quizá, después, ellos quieran acudir (o al menos se vean obligados) a otros eventos pensados para otros públicos menos jóvenes. Quizá la gracia sea que nosotros probemos lo que les encandila y ellos observen el porqué a nosotros nos entusiasman otras cosas.

Creo en los actos inter-generacionales, los que agrupan a públicos de diversas edades. Estoy seguro de que en ellos se encuentra la fórmula del éxito y de la riqueza de nuestra Cultura venidera. 

Hay muchos clubes de lectura, asociaciones culturales, grupos de teatro, colectivos… nuestros pueblos son un caldo de cultivo perfecto para ellos. Aquí, en la Sierra Oeste de Madrid (y supongo que es algo común en el resto de España) funcionan muy, muy bien. Cada día sabemos mejor cómo mantenerlos en marcha y dotarles de riquezas e infraestructuras. Tenemos pintores, escultores, escritores, fotógrafos… artistas en general. Y tenemos una gran cantidad de jóvenes que escriben, ilustran, fotografían… en definitiva, crean… ¿por qué no están en los actos y eventos que organizamos? Esta es una pregunta que hay que hacerse. Y, desde luego, darle respuesta y solución.

No valen excusas de la gran y variada oferta, no me vale la respuesta de que no les interesa la Cultura, porque les interesa; tampoco me sirve que nadie me diga que los jóvenes son pasotas por naturaleza… porque no es cierto, solo hay que escuchar a los chicos y chicas cuando tienen la oportunidad. Solo hay que leerles, por ejemplo. Tenemos la oportunidad de que nuestra Cultura sea cada día más grande y tenemos una cantera realmente estupenda y preparada. 

Vamos a escuchar a nuestra juventud y vamos a darles voz. Que ellos también nos escuchen a nosotros. Vamos a debatir, a dialogar y a discutir si hace falta. Seguro que, tarde o temprano, tendremos eventos repletos de personas de diferentes edades disfrutando y compartiendo los mismos asuntos. Puede parecer una quimera pero, ¿no suena a sueño realmente estupendo?
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