España, un ¿país? Cada día más anclado al esperpento


Cosas rarunas del IVA Cultural

España es un país extraño. Muchos, esto no es ningún secreto, dicen que no es ni siquiera un país, sino un aglomerado de un montón de países. El caso es que, a partir de ahora tomaremos España como una unidad para no liarnos, no porque creamos en esa idea del “una grande y libre”, que luego hay quien se mosquea, sino porque si tengo que andar diferenciando en cada párrafo eso de España y lo que la rodea… pues eso. El caso, decía, es que este país es muy extravagante, a veces irreal, un poco grotesco y bastante hilarante. Hay cosas que nos harían reír muchísimo de no ser tan serias e hirientes. Un tal Valle-Inclán, creador del teatro del esperpento, puso en evidencia cómo somos los españoles, gentes un poco locas y bastante extrañas.

La última entrega de ese juguetón coqueteo con el humor que mantienen nuestros políticos es la propuesta de Íñigo Méndez de Vigo de rebajar el IVA de los espectáculos culturales en directo. Está muy bien, ¿no? Porque es una de los compromisos que adquirieron al firmar ese gobierno con Ciudadanos y porque eso quiere decir que nos saldrá más barato el ir a ver teatro, danza, conciertos… y toros, porque ahí está la gracia. Ir a ver una corrida de toros nos costará un 10% de IVA por entrada, pero comprar un libro, ver una película en el cine, adquirir un disco o hacernos con un DVD nos seguirá costando un 21%

No es curioso que se rebaje el IVA Cultural, ¡ya era hora, de hecho!, pero me parece extravagante y muy español eso de incidir precisamente en el precio de las entradas a los espectáculos taurinos y en la defensa de la tauromaquia, antes que defender y trabajar por la literatura, el cine, la escultura o la pintura. No me voy a meter yo con los toros, Dios me libre, no voy a hablar de un espectáculo que se defiende desde la tradición y el dinero que aporta a las arcas nacionales o el trabajo que ofrece a miles de personas en toda España, no, no voy a hablar en contra de los toros. Pero lo que sí que me gustaría es que la tauromaquia no estuviese al nivel de la poesía, por ejemplo, al menos eso, porque, culturalmente hablando, no aportan lo mismo, no ofrecen lo mismo, no son lo mismo.

Me gustaría que se pusiese la misma fuerza en la defensa del teatro, de la música o de la narración oral que la que se pone en la defensa de los toros. Ningún ministro ha salido ante los medios públicos a decirle a los ayuntamientos, más o menos pequeños, que no dejen de realizar jornadas de cuentacuentos, o que mantengan a toda costa los pequeños grupos de teatro de sus municipios o que no dejen de fomentar jornadas culturales en las que se hable de pintura, de escultura, de fotografía o de literatura. No he visto nunca a un ministro de Cultura salir a los medios para defender que los municipios no les corten el grifo a las bibliotecas locales, que mantengan sus diminutos clubes de lectura, que fomenten grupos juveniles de arte, de cualquier disciplina… pero sí que he visto a ministros de Cultura, de diversos colores políticos, salir a la palestra pública a “tutelar, fomentar y proteger la Fiesta de los toros”, a prohibir a ayuntamientos la celebración de consultas públicas para dejar de ofrecer espectáculos taurinos, eso sí que lo he visto.

Como os decía hace unas líneas, por supuesto, no me voy a meter con los toros. Creo que a su alrededor hay mucho arte y mucho respeto, creo que parte de nuestra Cultura está impregnada del sabor de una plaza de toros, creo que es algo que está ahí y que no hay que atacar, porque va a dejar de rodar por sí mismo y que el descenso que está sufriendo en seguidores y profesionales es más que evidente. No, no me voy a meter con la Tauromaquia, tengo grandes amigos e incluso familia a quienes les entusiasman los toros y no estoy seguro de tener toda la verdad al respecto, de ser capaz de atacar a algo que es seguido y amado por tantas miles de personas. Pero sí que les pido a todos los ministros de Educación y Cultura que se tomen en serio su trabajo, que trabajen por la Cultura y que dejen de ser tan proteccionistas con esas disciplinas artísticas que ellos consideran que son mejores que otras, que se fijen en los libros de historia, de filosofía, de literatura o de arte y se pregunten qué artes perduran en el tiempo y sirven para hacernos mejores como sociedad y como civilización. Por qué no ponen toda la carne en el asador para defender toda la Cultura, por igual y sin distinciones a la carta.

Oye, y que bajen el IVA Cultural de una vez. En todo.
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